Esta inconmensurable obra de la Adoración de los pastores del Museo de Bellas Artes de Sevilla, fue pintada por Murillo en 1668-9 para el desamortizado Convento de los Capuchinos. La obra representa el nacimiento de Dios rodeado por los pastores que le están adorando. La pintura tiene una gran carga simbólica. El gallo que representa el nacimiento de Dios, lo porta un niño entre sus manos a la izquierda de la imagen. El cordero que aparece en la parte inferior sumisamente sujeto por un pastor, representa el símbolo eucarístico. La gran originalidad de la obra es el rompimiento de dos escenas diferenciadas, la adoración en sí misma y una novedosa parte superior donde aparecen unos juguetones querubines que contemplan la escena inferior y principal, destacando en la obra, la luminosidad de la Virgen y el Niño, frente a la pobreza de luz y penumbra del resto de personajes y el magnífico decorado del portal, en el que se apreciada claramente los ladrillos en ruinas. Destaca también la muchacha, portando entre sus manos un cesto, en el que Murillo lo plasma con  gran naturalidad.