La Anunciación fue un tema que El Greco repitió en varios momentos de su carrera. Este episodio de la vida de la Virgen, junto con otros como la Adoración de los pastores, las representaciones de san Pablo o las de san Francisco místico, constituyen en su trayectoria atractivas series que permiten reconstruir su estilo y evolución a través de un mismo asunto. Del tema de la Anunciación, tenemos ocho cuadros, aunque sólo la mitad están considerados como obras autógrafas del Greco: se trata de los existentes en la Galleria Estense de Módena, el Museo Nacional del Prado, Museo Thyssen-Bornemisza y colección particular madrileña. Todos considerados autógrafos, se fechan entre 1567 y 1576. A este grupo se añadirían otros cuatro cuadros de la misma temática y de autoría discutida; el más tardío (Madrid, Fundación Central Hispano) fue realizado en su mayor parte por su hijo Jorge Manuel. En el caso de la Anunciación, su comparación con lienzos o tablas de su periodo italiano y español ejemplifican la transformación que experimentó su estilo. En los inventarios realizados a la muerte del pintor, en 1614, y con motivo del matrimonio de su hijo Jorge Manuel, en 1621, se encontraban registradas varias obras con la Anunciación.  Esta tela fue una adquisición de Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza realizada en 1975. La pintura perteneció al príncipe Corsini, en Florencia, pasando después a la colección de Luigi Grassi, con sede también en Florencia. En 1927 se localiza en Londres, y posteriormente en dos galerías: Trotti et Cie en París y Knoedler en Nueva York. De Estados Unidos pasó otra vez a Florencia, a la colección de Alessandro Contini-Bonacossi, último propietario antes de entrar en Villa Favorita. Mientras estuvo en esta colección, la obra participó por primera vez en una exposición celebrada en Roma, en 1930.  Esta Anunciación, fechada hacia 1576, se inscribe dentro de su periodo italiano y ha sido considerada una de las últimas versiones del tema realizadas por El Greco en Italia. En las Anunciaciones, el ángel erguido se muestra como el enviado celestial, señalando al cielo con su mano derecha extendida, mientras transmite el mensaje divino: María ha sido la elegida para ser la madre del Hijo de Dios. Su pose y actitud refuerzan su autoridad, al mostrarnos cómo ofrece “instrucciones” a María sobre lo que va a pasar y trata de confortarla en su temor. María, por su parte, aparece de espaldas al ángel. Éste la ha sorprendido leyendo de rodillas en un reclinatorio; ante su llegada, se dispone a levantarse –de hecho, ya ha iniciado la acción – y se muestra asustada y sorprendida. Se lleva la mano al pecho, en actitud interrogante. Posiblemente El Greco haya querido representar en estas escenas su pregunta: “¿Cómo podrá ser eso, pues no conozco varón?” (Lc. 1 34-35). En un segundo momento, es la sumisión de María, y no la palabra del ángel, la que marca la pauta de los acontecimientos (“He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”, responde la Virgen). Este momento marca el instante de la milagrosa concepción: el Verbo se hace carne en las entrañas de María. No hay ya nada que comunicar, la voluntad divina se ha cumplido en el mismo momento en que María ha pronunciado el “sea”. En la parte superior, destaca la presencia del Espíritu, que acaba de impregnar a María y, todavía más arriba, los coros celestiales, que celebran la gravidez de la Virgen. La escena se enmarca dentro de un fondo arquitectónico sencillo y bien trazado, acentuado por un cortinaje rojo y un piso embaldosado. Al fondo se distingue un grupo de querubines. El historiador británico Michael Baxandall (Pintura y vida cotidiana en el Renacimiento) ya estableció, basándose en sermones de fra Roberto di Lecce, contemporáneos a pinturas florentinas del siglo XV, cinco fases en las escenas de la Anunciación. La primera sería la Conturbatio (conturbación o asombro de María ante la llegada del ángel). Seguirían la Cogitatio o reflexión y la Interrogatio o interrogación “¿Cómo podrá ser eso, si no conozco varón?”. La Humiliatio sería la sumisión mientras la Meritario marcaría la postración del ángel ante la nueva condición de María. La libre voluntad del ser humano se fusiona con el plan divino a través de la mujer, que proporciona el cumplimiento, pero sólo por la vía de la obediencia y la sumisión. La humildad, una de las más importantes virtudes cristianas, se ensalza en ambas y se asocia al género femenino, entendiéndose como la virtud imprescindible para la consecución del “premio”. Ello no puede sorprendernos si tenemos en cuenta que era considerada no sólo como una virtud recomendable para las mujeres, sino como una cualidad innata en las mismas. En las obras del Greco, la idea espiritual converge con el comportamiento social apropiado. El modelo, como ha señalado Álvarez Lopera, deriva de la pequeña Anunciación pintada en una de las alas del Tríptico de Módena, más que de las versiones conservadas en el Museo del Prado y en la colección Muñoz. Analizando el Tríptico de Módena y la tela del Museo Thyssen Bornemisza, hallamos similitudes en multitud de detalles, como son la posición y fisonomía de la Virgen, la forma del reclinatorio, las ropas del arcángel e inclusive la colocación de los brazos y de la pierna izquierda de María. En las obras del Museo del Prado y de la colección Muñoz, la Virgen mantiene el tronco casi recto, girando la cabeza hacia el ángel, y su pierna izquierda más pegada al pupitre. La postura que El Greco elige para su figura, tanto en el Tríptico de Módena como en la tela del Museo Thyssen-Bornemisza, se define con una diagonal organizada con el eje del cuerpo y la pierna, cuya rodilla se marca entre las telas. La pintura fue objeto de estudio por parte de Venturi, que la dio a conocer a un importante sector de la crítica de arte; Wethey la consideró como uno de los trabajos «más gratos» de la primera época del pintor. El Greco recurre para componer este lienzo a una serie de pormenores y elementos concretos extraídos de pintores italianos a los que el cretense estudió. Sin embargo, estos préstamos se transmutan en sus telas fundiéndose con maestría y creando una obra cuyo resultado final es personal. Esta Anunciación se inspira en composiciones del mismo tema de Tiziano y Tintoretto, aunque El Greco invierte en sus composiciones el lugar destinado a los protagonistas. Referencias más concretas se encuentran en la Anunciación de Tintoretto de la Scuola de San Rocco, de donde Theotokópoulos toma como punto de referencia las figuras. Aquí se refleja la impronta de Tiziano y Tintoretto, sobre todo en la luz y el color. La pincelada del cretense es rápida, logrando un excelente cromatismo. Además, enmarca a los personajes con soltura, a fin de dotar de veracidad a la escena. Del Tintoretto también copia, aunque sin ejemplos precisos, el tratamiento que da a los paños. De la obra del Veronés deriva la figura del arcángel de esta composición, de refinada y elegante pose. La luz y el colorido están tomados de las obras de Tiziano, maestro al que admiró en el uso del color y al que consideró inigualable en ese arte. La Anunciación del Museo Thyssen-Bornemisza supone un paso más en la formación del Greco como pintor occidental. Aquí ya no utiliza complicadas arquitecturas para crear el espacio: el ajedrezado del suelo, el cortinaje rosa, la balaustrada que corta el fondo y la consistencia con que coloca a los personajes son los medios de los que se vale para dar veracidad a la escena. El pintor ha evolucionado respecto a las composiciones del Tríptico de Módena y de la tabla del Museo del Prado, elaborando de nuevo el tema en el que se ha esforzado en diferenciar las distintas naturalezas de los personajes: la humana de la Virgen y la celeste del arcángel. Incluso el rompimiento de gloria que ocupa la zona superior tiene un desarrollo mayor que en las anunciaciones realizadas con anterioridad. La valentía de los escorzos de algunos de los ángeles que asoman entre las nubes son un presagio de lo que El Greco pintará en España.