El Greco en Roma conoció a una persona que va a ser fundamental en su vida, fue Don Diego de Castilla, que era hijo del Dean de la Catedral de Toledo y quien le anima para que venga a España y más concretamente a Toledo, por que estaba construyendo con su padre la Iglesia de Santo Domingo de Silos, Santo Domingo el Antiguo, como se la conoce en Toledo, allí va a pintar nueve cuadros muy importantes, dos de los cuales están en El Prado: La Trinidad y San Benito. Según Cossío, este cuadro de El Greco es el más poético y de expresión más elevada del artista, suponiendo un momento cumbre de su producción. Para Gudiol es una de las mejores obras del pintor y obra capital en la historia de la pintura europea. La obra está firmada sobre una hoja de papel que aparece abajo a la izquierda, en caracteres griegos minúsculos. La firma se ha frotado mucho en el tiempo y está bastante gastada. Es original el tema, que cuenta con pocos precedentes en la pintura occidental, y éstos hay que buscarlos en la Baja Edad Media. Pero, sobre todo, la obra nos plantea numerosas cuestiones en su iconografía y en su significación. El momento del expolio no era un tema frecuente en aquella época. ¿Porqué encargan a El Greco este cuadro? ¿Porqué este tema tan raro que es excepcional en la historia de la pintura europea? En el arte occidental no se suele pintar el momento en que Cristo  es expoliado de sus vestiduras para ser crucificado. La razón fundamental es que en el relicario de la Catedral existía una reliquia muy importante. Es una reliquia que San Luis, rey de Francia, regaló a la Catedral de Toledo en 1248: un trozo de la túnica carmín que llevó Cristo hasta el momento en que fue crucificado. Por relación a esa túnica y al color carmín es por lo que encargan al Greco este cuadro con unas indicaciones precisas. El Expolio es un cuadro pintado para Sacristía de la Catedral de Toledo. Fue Azcárate el que por primera vez pone en relación el tema del lienzo con el lugar para el que fue pintado: la Sacristía de la Catedral. La sacristía, antiguo secretarium de las basílicas cristianas primitivas, es una sala normalmente adyacente al presbiterio, destinada a guardar los vasos sagrados y las vestiduras litúrgicas pero, sobre todo, como vestuario del celebrante de los oficios litúrgicos, fundamentalmente, de aquellos que van a celebrar la Santa Misa. Quedaba así establecida la relación del tema con la Misa y su celebrante. Así, pues, el tema dado al pintor es el más apropiado, pues el Despojo de las vestiduras de Cristo es como el primer paso de la consumación de su Sacrificio, el mismo que el sacerdote va a revivir en el Altar. El Greco debía representar a Cristo, no como Dios, sino como hombre y víctima inocente de las pasiones humanas. El cuadro de El Expolio está pintado sobre un lienzo de mantel, es decir, una tela adamascada, que se usaba para hacer manteles de lino. La razón por la que El Greco usa estas telas tan caras, y las suele usar en todos los cuadros grandes de retablos, es porque la trama es muy uniforme, es una tela de mucha calidad y sobre todo que son más anchas las telas y sin costuras, que se fabrican en telares. En la composición del cuadro El Greco representa a Cristo en el centro, mirando al cielo con una expresión de serenidad, vestido con una túnica de color rojo intenso que domina el resto de la composición. El Greco tenía muy estudiada la composición, porque lo pinta directamente sobre el lienzo, sin un dibujo previo en la tela. Es curioso que aquí tenemos la referencia de todo su aprendizaje. Por un lado tenemos la herencia bizantina, en cuanto que todas las pinturas están superpuestas unas a otras; alrededor de Cristo el artista dibuja una masa de figuras dispuestas a desnudarlo para comenzar la Pasión. Señaló Justi que encontraba en este cuadro reminiscencias bizantinas: en la posición frontal de la escena, en la simetría con que están dispuestos los personajes y en la concentración de la multitud. La falta de espacio en el grupo de María y de la figura de Cristo refleja la influencia bizantina del cuadro. Hay un espacio, pero no es un espacio descrito y que se ve claramente. Todo lo que ésta de Cristo es como un torbellino, es toda la muchedumbre que va acosar a Cristo, pero están superpuestas unas figuras a otras, esa forma de representar a los personajes es muy bizantina. Lo rodea un grupo apretado de cabezas duras y sombrías, cada una con personalidad propia, que sirven de fondo al claro e inocente rostro de Cristo. Aunque muchas figuras del cuadro tienen un gran atractivo, la unidad de composición es tan perfecta que todo el interés lo absorbe la figura de Cristo. La idealizada figura de Jesucristo destaca vigorosamente del resto y parece ajena al gentío violento que lo rodea. El maestro supo crear este efecto con grandísima destreza, estableciendo una composición en círculo alrededor de Jesús. Una figura en la parte trasera con un sombrero rojo apunta acusadoramente a Cristo, mientras otros dos discuten sobre sus vestiduras. El rostro melancólico del Salvador con su barba bífida queda violentamente yuxtapuesto a las figuras de sus ejecutores, que se amontonan en torno a él, creando una impresión de desorden con sus movimientos. Sin embargo, tanto el modelado de las figuras como el cromatismo y el dramatismo de la escena provienen de su época veneciana y refleja el manierismo de El Greco. Recuerda a Tiziano a Veronés y a Tintoretto, que es a quien más se aproxima en su forma de trabajar. Un hombre vestido de verde a la izquierda de Cristo lo sujeta con una cuerda y va a proceder a desnudarlo para su crucifixión. Mientras otro vestido de amarillo en la parte inferior derecha se inclina hacia la cruz y perfora un agujero para facilitar la inserción de un clavo que atravesará los pies de Cristo. La mirada anhelante del situado a la derecha de Jesús nos aclara que él es el Buen ladrón, el de la izquierda nos aclara con su mirada desafiante que él es el Mal ladrón. En cuanto al soldado unos piensan que es una alegoría del pueblo romano y otros el soldado que abrió con su lanza el costado de Cristo. En la radiografía realizada para su limpieza, se ve que la figura de Cristo está sola, y no tenía a nadie por delante. Todo lo que no es el protagonista se encuentra oscurecido y rebajado mientras que Cristo se ilumina y destaca. El artista lo consigue mediante el colorido y el claroscuro. Así el rostro iluminado de Cristo y su túnica roja forman un contraste muy fuerte con las oscuros rostros de los acompañantes y con la entonación gris que domina el fondo del cuadro, en la misma línea de grises que la armadura del caballero a la derecha de Jesús. La armadura es un prodigio de técnica, que parece que vamos a tocarla y va a sonar, está dibujada y construida con toda perfección, es difícil pintar algo con mayor corrección, los amarillo y malvas que refleja, parece ser un cuadro expresionista de la Nueva Abstracción americana. Pero, compositivamente tenía mucho peso, y para resolverlo El Greco hace pasar el brazo del sayón que tiene la cuerda por delante de la figura de Cristo y vuelve a reelaborar la mano izquierda de Cristo con más luz para sacar un plano más y cambia el brazo del sayón. El escorzo de la figura en primer plano del que está preparando la Cruz, está tomada de una figura de Durero, de un grabado de "La Pasión". La amplitud escultórica de las figuras El Greco lo toma de Miguel Ángel y los rostros groseros de los personajes provienen de la pintura flamenca. La forma de dibujar con el pincel, por ejemplo la espalda del sayón, es como trabaja Tintoretto. El Greco hace igual, va construyendo continuamente y dibujando a la vez pero con color. La escena representada es únicamente humana. Hombres y mujeres llenan todo el espacio. La naturaleza solo aparece en una porción de cielo nuboso y algo de tierra bajo el pie de Cristo. En el suelo pinta unas piedras y observamos el magnífico pie de Cristo con el dedo gordo levantado al pisar una de las piedras. La cruz vemos que se apoya sobre una roca blanca para que salga más adelante. En la parte inferior izquierda aparecen las tres Marías contemplando la escena con angustia. Las Marías están concebidas así desde el primer momento. María Magdalena, la que va vestida de amarillo. la dibuja más pequeña y con un manto maravilloso de seda, en que visto de cerca se aprecia todo el grosor de la pintura de la pincelada para darle más protagonismo y sacarla al primer plano. Apreciamos la delicadeza de las figuras y consigue la trasparencia de los velos, superponiendo manchas de color individualizadas. En la Virgen se aprecia la sobriedad de su rostro, que es muy Tiziano, con el velo tan finamente retocado con pinceladas pequeñísimas. La Magdalena se recrea de perfil, en la que destaca su peinado recogido y su mano delicadísima. En cuanto a las Marías, es cierto que como el Cabildo adujo en el pleito, no estaban en el momento del despojo.  El Greco, al situar a María y las Mujeres, parece decir al Cabildo que aunque no lo digan los evangelistas es muy verosímil que estuvieran. El pleito entre el Cabildo y el pintor por el pago de El Expolio fue penoso, pues, nombrados los tasadores por ambas partes, no llegaron a un acuerdo: "los nombrados por el Greco, afirman que no tiene precio ni estimación, pero que atendiendo a la miseria de los tiempos y a la calidad que ellos tienen semejantes obras, el pintor debe cobrar 900 ducados; los tasadores del Cabildo sólo ofrecen 228, y quite algunas impropiedades que tiene la obra, que ofuscan la historia y desautorizan al Cristo, como son unas cabezas por encima de la del Cristo, así como las Marías y Nuestra Señora, que están contra el Evangelio. Para zanjar la cuestión, se nombra al platero Alejo de Montoya, que afirma:  vista ser la pintura de las mejores que he visto y que si la tuviese que valorar, considerando sus muchas partes que tiene de bondad, falla que la Catedral pague al pintor 350 ducados, dejando a los teólogos la cuestión de las impropiedades". El litigio continuó, y al cabo de más de dos años, el Greco se conformó con 250 ducados, pero no hizo ninguna corrección.