Esta obra de El Greco, fue realizada en 1577 durante su primer período toledano, y es la única versión del tema pintada por El Greco. Es una de las obras más grandes de toda la carrera de El Greco. Su estructura y estilo hace inevitable la evocación a Tiziano e incluso a Miguel Ángel. Incluso podría decirse que anticipa el tenebrismo. Esta obra fue encargada por el inquisidor Rodrigo de Castro, quien también era arzobispo de Sevilla y obispo de Cuenca y Zamora. Es uno de los pocos cuadros religiosos para particulares que El Greco realizó en su primera estancia toledana. San Lorenzo se encuentra vestido con una finísima casulla con brocados. En su mano derecha sostiene la parrilla, símbolo de su martirio. Dirige la mirada a la Virgen con el Niño Jesús, situados en una nube y enfocados por un haz de luz. El fondo está formado de nubarrones con distintas tonalidades. La figura es amplia, recordando a Miguel Ángel en su estructura anatómica e inscrita en un triángulo renacentista, aunque demasiado alargada en exceso, quedando pequeña la cabeza del santo. El pintor emplea una pincelada rápida y vigorosa que manifiesta todos los detalles. El resultado es un lienzo bellísimo y muy espiritual, como reflejan los ojos del santo.