Entre las figuras más interesantes de los primeros años toledanos destaca esta pintura de la Verónica con la Santa Faz que se encuentra en el Museo de Santa Cruz de Toledo. Verónica fue la mujer que supuestamente asistió a Jesús camino del calvario, ofreciéndole un paño para que se secara el sudor y la sangre, de resultas de lo cual quedó impreso sobre la tela el rostro de Cristo. Del milagro derivó la devoción y la santidad de Verónica, cuyo nombre algunos relacionan precisamente con la reliquia, pues derivaría del concepto vera icon o verdadera imagen. Sus dimensiones son de 71 x 54 cm. Procede de la toledana parroquia de Santa Leocadia, donde estuvo situado en la capilla absidal del lado del Evangelio, llamada de Santa Inés. Constituía el ático de un retablo cuyo lienzo central era un Expolio, que también se encuentra en el Museo de Santa Cruz. De estilo manierista fue pintado entre 1577 y 1580. El Greco repitió en varias ocasiones sin apenas aportar elementos diferenciadores. Reproduce con gran carga emocional uno de los temas de devoción más demandados por la piedad de la Contrarreforma. Gran parte de esta fuerza expresiva proviene de su tratamiento cromático. La mujer se recorta sobre un fondo oscuro y lleva en sus manos el paño con el rostro de Cristo. Viste túnica de tonalidades oscuras que contrastan con el velo de su cabeza y el paño de la Santa Faz, donde los blancos se convierten en los tonos dominantes; con este juego de contrastes se crea una sensación irreal en el lienzo que aporta más volumetría a la cabeza de Cristo, elemento bidimensional, que a la figura de la Verónica, elemento tridimensional, como si deseara acentuar la espiritualidad del tema. Incluso los contrastes se refuerzan con la rígida cabeza de Jesús y su mirada frontal frente a la torsión de la Verónica que mira hacia afuera, recurso típicamente manierista. El paño queda dominado por los tonos blancos que crean la sensación de mayor volumen a la cabeza de Cristo, como si saliera del cuadro. La cabeza del Señor se caracteriza por su marcada frontalidad, a la manera de un icono bizantino. Los pliegues del paño y la transparencia del velo atestiguan el preciosismo con que el cretense trabaja en estos primeros años de producción toledana donde el estilo renacentista está aún muy presente. El fondo neutro y oscuro destaca las manos, el rostro, la cabeza de la mujer cubierta con velo y, especialmente, el paño con la impronta del rostro de Cristo. Más tardía es una Santa Faz conservada en el Museo del Prado, pintada entre 1586 y 1595, muy similar a esta. La iconografía de la  Verónica ha dado lugar a importantes y numerosas obras de arte: entre otras muchas destacaríamos una Santa Verónica de Bernardo Strozzi, en el Museo del Prado de 1625-1630; una preciosa Verónica de Hans Memling de 1480, en el National Gallery de Washington; Santa Maria con el velo, del pintor barroco italiano Mattia Preti; hay también otra versión del paño de la Verónica en una tabla de un pintor anónimo alemán del S. XV en la Alte Pinakothek de Munich; también hay una Santa Verónica de Guido Reni en el Museo Pushkin de Moscú. Zurbarán cuenta con algunas versiones sobre el mismo tema: una Santa Faz en la Parroquia de San Pedro de Sevilla, de 1631; otra de 1658, en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid; y una Verónica, en el Museo Nacional de Estocolmo.