Existen varias versiones de esta obra. En esta del Hermitage, vemos a los apóstoles en un interior en el que se distingue, un elemento arquitectónico de carácter rectangular, que separa a los dos personajes y otorga profundidad a la composición. Es posible que El Greco se inspirara en su encuentro en Antioquía, cuando San Pablo invitó a San Pedro a considerar el Cristianismo como una religión universal. Las figuras están concebidas de forma autónoma aislada, no estableciéndose ningún vínculo entre ellas. Los dos apóstoles representados, Pedro, a quien le identifica el rasgo propio en su iconografía, la llave en su mano izquierda, y Pablo que sujeta un libro abierto, como señal de sus cartas escritas a las comunidades cristianas, se encuentran separados por un elemento arquitectónico rectangular, tal vez una columna. Ambos manifiestan un estado anímico diferente, más pasivo en Pedro, más dinámico en Pablo, mostrando un estudio psicológico por parte del pintor hacia los protagonistas del lienzo. San Pedro aparece representado con la cabeza ligeramente ladeada, presentándolo como sentimental, soñador y pasivo, mientras que San Pablo, con una postura firme, aparece como un hombre de acción, decidido en sus opiniones y creencias. San Pablo aparece desprovisto de la espada, atributo imprescindible cando se le suele representar y símbolo de la iglesia militante, en este sentido el pintor sigue la iconografía bizantina. Es posible que en los rasgos de San Pablo el pintor representara los suyos propios. El mismo rostro se repite en el entierro del Conde de Orgaz, el octavo por la derecha junto a su amigo Covarrubias y el realizado hacia 1580 de la colección de la marquesa de Narros. Este rostro también se asemeja al retrato de un hombre del MET de Nueva York, considerado tradicionalmente como su autorretrato.  Aquí El Greco tendría unos 50 años, lo que concuerda con el aspecto representado de San Pablo. El Greco realiza un estudio psicológico de los santos, siendo el estado anímico de cada uno de ellos, el elemento que les diferencia. El Greco los representa en un aura de carácter místico. los toque de luz de su manto constata esta idea de divinidad. El colorismo empleado por el artista en los mantos remite claramente a Tiziano. En 1911 el cuadro fue donado al Hermitage por P. Durnovó.