Esta pintura fue hecha para la Capilla de San José en Toledo, originalmente el cuadro fue colocado en el lado derecho del altar mayor . Las pinturas para el retablo mayor, todavía en su lugar, fueron los de San José y el Niño Jesús, y por encima, la Coronación de la Virgen, y, para los altares laterales, el San Martín y el mendigo y la Virgen y el Niño con los Santos eran colocado. Originalmente ubicada en el altar lado opuesto San Martín y el mendigo, esta pintura representa a la Virgen María y el niño Jesús entronizado en el cielo, rodeado de ángeles y serafines. Desgraciadamente, el conjunto no se puede ver hoy día entero, al ser vendidos los lienzos laterales en 1907 por 300.000 francos. La Virgen con el Niño en brazos preside la escena. Aparece sentada sobre un trono de nubes, acompañada por dos ángeles y numerosos querubines sobre su cabeza. Las posturas de la Virgen y el Niño son similares a las de la Sagrada Familia con Santa María Magdalena en Cleveland. El ángel vestido de verde lleva sus manos cruzadas al pecho y mira al Niño, produciéndose un interesante juego de miradas entre ambos. El ángel que viste de rosa une sus manos a la altura del pecho, en una postura que es típica en la Inmaculada. La figura de María viste con sus tradicionales colores - el azul de la eternidad y el rojo del martirio - y también dirige su mirada hacia su hijo, en un gesto maternal. En la zona baja están Santa Inés, vestida con un manto rojo y portando un cordero en las manos, y Santa Martina, con la palma del martirio y el león, vestida de azul y amarillo. Aunque tradicionalmente se ha identificado como Santa  Martina, su inclusión podría ser una referencia al nombre del fundador, Martín Ramírez, hay varias razones para sugerir que en realidad El Greco representa a Santa Tecla que figura en la leyenda de San Martín, que recibió frecuentes visitas en su habitación de la Virgen María acompañada de Santas Inés y  Tecla. El cordero y la palma son los atributos de ambas. La composición recuerda una Sacra Conversazione italiana, habitual en el Renacimiento. Santa Martina está presente por llamarse Martín Ramírez el fundador de la Capilla. La armonía de las tonalidades recuerda a la Escuela veneciana; sin embargo, las figuras son típicamente grequianas con un canon estético diferente al clásico. Sus proporciones son gigantescas en comparación con las cabezas - no exentas de belleza - y en ellas se aprecia cierta influencia de Miguel Ángel. Si el canon habitual considera a la cabeza como la séptima parte del cuerpo, Doménikos sitúa a este miembro como la décima parte del conjunto. Esto se achacó durante largo tiempo a un problema visual del maestro, pero recientes estudios han demostrado que esta hipótesis es incierta y que El Greco pintaba así por gusto y por el éxito que alcanzaba entre su clientela.