En uno de los altares laterales de la iglesia del convento de Santo Domingo el Antiguo de Toledo pintó El Greco esta Resurrección, conservada in situ. La acompañaría una Adoración de los pastores, hoy propiedad de un coleccionista particular. Y es que el conjunto fue vendido en su mayoría por las monjas hacia el año 1827, manteniéndose en el lugar de origen sólo tres obras: ésta que contemplamos y los Santos Juanes. La Trinidad fue vendida a Fernando VII y está hoy en el Museo del Prado, mientras que la Asunción fue adquirida por el infante Don Sebastián Gabriel y se conserva en el Art Institute de Chicago. Todo el conjunto fue encargado a Doménikos por el deán de la catedral de Toledo, Don Diego de Castilla, primer mecenas y cliente del cretense. La Resurrección de Cristo representa la idea de que el sacrificio de Cristo será compartido por toda la Humanidad. Forma parte del complejo programa iconográfico diseñado por Don Diego, según reza en el contrato: "Y lo que dixere se ha de cumplir, sin que ello pueda aver replica mas de la voluntad del dicho Dean" (sic). La figura de Cristo preside la escena. Se eleva envuelto en una capa roja y porta una banderola blanca agitada al viento. La ausencia de paño de pureza se salva con la capa. Bajo sus pies están los soldados, unos dormidos y otros asustados ante la visión, intentando protegerse de la luz cegadora. En la zona izquierda se sitúa una figura vestida con hábitos blancos, el donante. Doménikos emplea todos los recursos aprendidos en Venecia y Roma para realizar esta imagen. La zona inferior parece estar inspirada en un dibujo de Miguel Ángel propiedad de su amigo Giulio Clovio. La figura de Cristo procede de alguna obra de Tiziano. A pesar de ser un pintor innovador, Doménikos no tiene reparo en echar mano de posturas, gestos o composiciones enteras de otros artistas. Poseía una colección de 200 grabados y 150 estampas que utilizaba cuando era necesario. Los escorzos que emplea El Greco para las figuras de los soldados demuestran su interés por el movimiento, igual que los manieristas, con quienes también se relacionó en Roma. La fuerte luz empleada procede de la parte superior e indica el aspecto sobrenatural de la escena, iluminando la figura de Cristo y dejando en penumbra a los atléticos soldados, claramente miguelangelescos. Estas figuras preludian de alguna manera las que pintará Doménikos años después en el Martirio de San Mauricio para El Escorial de Felipe II. Los tonos son relativamente apagados, destacando el rojo y el blanco, junto con el amarillo de la coraza de uno de los soldados. El efecto dramático del conjunto parece inspirarse en la obra de Tintoretto, su principal maestro en la estancia veneciana.