•Cristo acariciando la Cruz, ha transcendido el dolor físico durante el camino al Calvario, alzando su mirada al Cielo con gesto sereno. Este tema fue muy repetido por El Greco a lo largo de su vida. El pintor cretense transforma la narración del pasaje bíblico tradicional en una imagen de devoción. La convierte en una metáfora de la salvación, de redención, coincidiendo con un momento en que la Contrarreforma ensalza la Cruz como uno de los símbolos más elocuentes.. Esta versión destaca por su desenvuelta ejecución y vibrante factura. En 1786 se cita un cuadro con este tema en el Convento de San Hermenegildo de Madrid. Se considera que deriva del Expolio, formando parte de la Pasión de Cristo, serie que tenía una elevada demanda entre los clientes toledanos. Concretamente, existen ocho imágenes similares del Cristo abrazado a la Cruz de mano de Doménikos, lo que se considera una muestra del éxito obtenido por el candiota. Jesús se presenta en primer plano, avanzando hacia el espectador; sujeta con sus manos la cruz, que parece flotar, cuyos dos travesaños se muestran en escorzo. Eleva la mirada hacia el cielo, con los ojos llenos de lágrimas. El rostro de Cristo inspira serenidad e incluso alegría, asumiendo que su martirio servirá para salvar a la Humanidad. Viste túnica roja, que simboliza el martirio, y manto azul, color de eternidad. Sobre su cabeza contemplamos el nimbo romboidal de clara inspiración bizantina, recuerdo de su formación como pintor de iconos en Creta. El cielo tormentoso sirve de fondo a la imagen, recibiendo la figura un fogonazo de luz desde la izquierda que convierte la zona que ilumina en un espacio dominado por el blanco. Los pliegues de los ropajes de Cristo parecen esculpidos gracias a la luz. La figura se esconde tras esos amplios ropajes, intuyéndose la fuerte anatomía inspirada en Miguel Ángel.