San Bartolomé es una figura única dentro de este Apostolado, pues no figura en ninguno de los demás ciclos (Catedral de Toledo, Museo Bellas Artes de Oviedo, Almadrones). San Bartolomé es una de las pinturas más interesantes salidas de los pinceles del cretense. Viste túnica y manto blanquecinos, empuña en su mano derecha un cuchillo con la hoja hacia arriba con que fue degollado, mientras que con la izquierda sujeta una cadena que rodea por el cuello la figura del demonio Astaroth, pintado de manera caricaturesca, cuyas tentaciones soportó y venció. La enorme figura del santo está elaborada con una pincelada rápida y empastada, apreciándose los toques de color en el lienzo, en el estilo característico de Doménikos en sus últimos años. Los acentuados pliegues impiden contemplar la anatomía del cuerpo, ofreciéndonos una ingente masa de telas que no parece corresponder con la musculatura del personaje. La estilizada figura se corona con una espectacular cabeza tremendamente expresiva, de mirada y gesto individualizados que parecen confirmar la hipótesis del doctor Marañón, que consideraba a los locos del cercano Hospital del Nuncio como los modelos empleados por El Greco para esta serie. El tema iconográfico recoge la tradición medieval que cuenta cómo el apóstol encadenó al demonio que poseía a la hija del rey de Armenia. Este lienzo es un claro ejemplo de lo que llamaríamos fase inicial en la técnica de las obras del Greco, que comienza la construcción de la figura por medio de una grisalla, modelando la figura a base de luz sobre el fondo rojizo de la imprimación. El conjunto del Apostolado representa a los doce apóstoles acompañados por la imagen frontal de Cristo bendiciendo. Comprende trece lienzos con los apóstoles canónicos, salvo san Matías, e incluye a san Pablo. Se disponen, seis mirando hacia la derecha y seis mirando hacia la izquierda, centrados por la imagen del Salvador. La procedencia original del Apostolado del Museo del Greco no está del todo clara. Hasta hace poco se creyó que procedía del Hospital de Santiago de Toledo, de donde habría pasado en 1848, tras la Desamortización, a la Iglesia de San Pedro Mártir y de ahí al Museo Provincial establecido en el Monasterio de San Juan de los Reyes. En los últimos tiempos se ha descubierto documentación según la cual los lienzos no habrían pertenecido al Hospital de Santiago, sino al Asilo de Pobres de San Sebastián fundado en 1834, donde habrían llegado por donación de Manuel Marceliano Rodríguez, cura párroco de la Iglesia mozárabe de San Lucas. En 1909, los lienzos pasaron al museo creado a iniciativa del marqués de la Vega Inclán y desde entonces forman parte de la colección estable.