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  4,23d Y curando toda enfermedad y dolencia A      4,23d Y curando toda enfermedad y dolencia A   
 

Análisis Doctrinal

[1] Jesús con sus curaciones anticipa el reinado de Dios en un mundo en que el sufrimiento y el dolor eran bastantes frecuentes. Las curaciones de Jesús son un signo escatológico, en el que la salud que devuelve al enfermo es provisional, un anticipo de la vida eterna. En toda su vida pública el Señor “pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo [1]. San Mateo dice que Jesús pasó, es decir, el evangelista quiere recalcar la íntima relación entre enfermedad y pecado; su vida fue un continuo pasar haciendo el bien por la historia humana, combatiendo y venciendo al demonio y curando a todos aquellos que se encontraban bajo su poder. En aquellos tiempos Palestina estaba lleno de pobres, marginados, posesos y enfermos de toda clase: ciegos, tullidos, leprosos y paralíticos, como señalan los Evangelios. Los altos impuestos a que estaban sometidos los judíos por Roma, habían dejado al pueblo en la más estricta miseria. «A este mundo llegaba Jesús. A este mudo de miseria y de lucha. A estos excluidos anunciaba el Reino de Dios, a estos divididos por el dinero y el odio iba a predicar el amor. Esta mezcla de religiosidad e injusticia iban a recibirle. Esta expectación de un Mesías temporal es la que iba a encontrase. Este pueblo arisco y cerrado iba a ser su pueblo. Ese hambre iba a compartir. Por este templo lujoso y esas calles miserables iba a caminar. Desde ese pequeño y convulso país iba a emprender la tarea de cambiar el mundo entero. En ese olvidado rincón del mundo ―sin arte, sin cultura, sin belleza, sin poder― iba a girar la más ala página de la historia de la humanidad» [2]. Es cierto que el dolor, presente en todas las épocas, es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad y al que no ha sido todavía capaz de dar solución. «En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su infinitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte. La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue entre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y la rebelión contra Dios. Puede hacer también a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse a lo que es. Con mucha

[1] Cf. Act.10,38

[2] Cf. José Luis Martín Descalzo. Vida y misterio de Jesús de Nazaret. Pág.57 Ed. Sígueme

    frecuencia, la enfermedad empuja a un retorno hacia Dios, un retorno a Él» [3]. Una respuesta al sentido del dolor, nos la da Juan Pablo II, cuando dice: «Vosotros que vivís bajo la prueba, que os enfrentáis con el problema de la limitación, del dolor y de la soledad interior frente a Él, no dejéis de dar un sentido a esa situación. En la Cruz de Cristo, en la unión redentora con Él, en el aparente fracaso del Hombre justo que sufre y que con su sacrificio salva a la humanidad, en el valor de eternidad  de ese sufrimiento está la respuesta. Tiene un gran valor sobrenatural vuestro sufrimiento. Y sois además para nosotros una constante lección que nos invita a relativizar tantos valores y formas de vida para vivir mejor los valores del Evangelio y desarrollar la solidaridad, la bondad, la ayuda, el amor» [4]. Y la Carta Apostólica Salvifici Dolores añade: «Se puede sin embargo decir que casi siempre cada uno entra en el sufrimiento con una protesta típicamente humana y con la pregunta del “por qué”. Se pregunta sobre el sentido del sufrimiento y busca una respuesta a esta pregunta a nivel humano. Ciertamente pone muchas veces esta pregunta también a Dios, al igual que a Cristo. Además, no puede dejar de notar que Aquel, a quien pone su pregunta, sufre Él mismo, y por consiguiente quiere responderle desde la cruz, desde el centro de su propio sufrimiento. Sin embargo a veces se requiere tiempo, hasta mucho tiempo, para que esta respuesta comience a ser interiormente perceptible. En efecto, Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo. La respuesta que llega mediante esta participación, a lo largo del camino del encuentro interior con el Maestro, es a su vez algo más que una mera respuesta abstracta a la pregunta acerca del significado del sufrimiento» [5]. A Jesús le interesaba fundamentalmente la enfermedad moral causada por el pecado, pero también se preocupaba mucho de las enfermedades y la salud corporal. En las revelaciones de Dios a Santa Brígida Jesús se compara a un buen....(sigue)

[3] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica n.1500.1501 VAA

[4] Cf. Juan Pablo II. Discurso a los enfermos en Zaragoza 1982 VAHF

[5] Cf. Juan Pablo II. Carta Apos. Salvifici Doloris 26 VAHF