S02.03 4,23c

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
Omnia  in  gloriam Dei  Facite
vera et una Trínitas, una et summa Deítas, sancta et una Unitas

02
Please, link this html page
http://www.iebsm.com/ 

02 Evangelio S. Mateo 03 Cronológico 03 Vaticano 05 Padres y Doctores 07 Lecturas Liturgia Horas 09 Plan de Vida 09

Mt.4,23c

LIBRO IX (I) EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,23c Predicando el Evangelio del Reino E  
 

c.      Predicando el Evangelio del Reino:

Palabras clave

  • Predicar:    Mc.1,38. Lc.4,43; 8,1. Act.13,46-47. Rom.10,14-19. 1Cor.9,16

  • Evangelio:  Is.61,1. Mc.13,10. Lc.4,18; 4,43; 16,16b. Act.10,36. 2Tim.3,14-17

  • Reino:         Ps.97,1. Is.52,7. Mc.1,15; Lc.16,16b

AT.

Salmos

  • Ps.97,1  El Señor reina; exulte la tierra, alégrense las islas incontables.

Isaías

  • Is.52, 7   Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, del mensajero de la buena nueva, que anuncia la salvación, del que anuncia a Sión: «¡Reina tu Dios»

  • !s.61, 1   El espíritu del Señor Dios, está sobre mí, por que el Señor me ha ungido. Me ha enviado para  anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones rotos, a anunciar la redención a los cautivos y a los prisioneros la libertad;

 NT.

San Marcos

  • Mc.1,15   Y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio.

  • Mc.1,38   Y les dijo: Vayamos a otra parte, a las aldeas próximas, para que predique también allí, pues para esto he venido.

  • Mc.13,10 Pero es necesario que antes sea predicado el Evangelio a todos los pueblos.

San Lucas

  •  Lc.4,18   El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos y devolver la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos.

  • Lc.4,43  Pero el les dijo: Es necesario que yo anuncie también a otras ciudades el Evangelio del Reino de Dios, porque para esto he sido enviado

   

Explicación

[1] La palabra “Evangelio“, deriva de la palabra griega eύaggεliou que significa premio y que se daba al portador de una buena noticia. En Isaías aparecen ya como salud mesiánica [1]. Este sumario de su predicación coincide con lo afirmado por el Bautista. La diferencia consiste en la proximidad del Reino que se convierte ya en presencia, en la persona de Jesús. La predicación de San Juan Bautista será sobre todo una evidencia sobre la persona del Mesías y su misión. Es importante señalar que Jesús apenas habla de Dios como de un rey, en oposición a los judíos, no habla del futuro político de Israel, su reino, será un reino basado en el amor hacia los mas pobres y necesitados, hacia los pecadores y marginados de Israel. El primer evangelio, es sobre todo, el Evangelio del Reino, además de ser del Cumplimiento de las profecías del AT. Un tema que se repetirá en su predicación es el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Está dirigido en especial a los judíos y su finalidad es demostrar la mesianidad de Jesús que se hace visible en su vida y en el Pueblo de Dios por él fundado, es pues, el más eclesiástico de los cuatro evangelios. Con la proclamación de la llegada del Reino comienza la era de la salud. Jesús predicaba el Evangelio del Reino y tiene por objeto el reinado de Dios revelado e inaugurado por Cristo. El objeto de su predicación es la Buena Nueva definitiva, largo tiempo esperada, pero, tan diferente, no  sólo porque enseña algo nuevo, sino también porque transformará la antigua Ley en una Ley nueva. Nueva, porque sus destinatarios no sólo serán los judíos, sino todos los hombres. Nadie como Jesucristo ha predicado la palabra de Dios, y proclamado el Evangelio del Reino. Proclamar es palabra de heraldo, en quien y por quien habla el rey. Jesús es un heraldo divino, es un heraldo del Evangelio y además predica públicamente afirmando que él es el Mesías prometido en la ley y anunciado por los profetas, enseñando y recorriendo en sus sinagogas, de ciudad en ciudad, a necesitados y pecadores, exhortando a la penitencia, para que se reconciliaran con Dios. El enemigo a combatir será el pecado que la Ley antigua no había podido eliminar. Su predicación no se basa sólo en palabras; su....(sigue)


[1] Cf. Is.52,7; 61,1

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,23c Predicando el Evangelio del Reino A      4,23c Predicando el Evangelio del Reino A  
 

Análisis Doctrinal

          

[1] La palabra evangelio aparece ya en el Antiguo Testamento para anunciar una buena noticia, y en Isaías se usa para el anuncio de que Dios es rey [1]. Evangelio y Reino de Dios se enlazan en la expresión “Evangelio de Dios”. «Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura. Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo. El Señor se complacerá en describir de muy diversas maneras la dicha de pertenecer a ese reino, una dicha paradójica hecha de cosas que el mundo rechaza, las exigencias del reino y su carta magna, los heraldos del reino, los misterios del mismo, sus hijos, la vigilancia y fidelidad requeridas a quien espera su llegada definitiva. Como núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El. Todo esto tiene su arranque durante la vida de Cristo, y se logra de manea definitiva por su muerte y resurrección; pero debe ser continuado pacientemente a través de la historia hasta ser plenamente realizado el día de la venida final del mismo Cristo, cosa que nadie sabe cuándo tendrá lugar, a excepción del Padre» [2]. Creer en el Evangelio, es creer en Jesús que se hace presente entre nosotros. Esta presencia del Reino de Dios entre nosotros, debe ser el contenido de toda predicación. Pero no se puede predicar lo que uno no ha vivido, sólo puede hacerse desde una "experiencia de fe". «El origen de la Sagrada Escritura no hay que buscarlo en la investigación humana, sino en la revelación divina, que procede del Creador de los astros, de quien procede toda familia en los cielos y en la tierra, de quien por su Hijo Jesucristo se derrama sobre nosotros el Espíritu Santo, y por el Espíritu Santo, que reparte y distribuye a cada uno sus dones como quiere, se nos da fe, y por la fe habita Cristo en nuestros corazones. En esto consiste el conocimiento de Jesucristo, conocimiento que es la fuente de la que

[1] Cf. Is.52,7  
[2]
Cf. Pablo VI. Exh. Apostólica Evangelii Nuntiandi. 8-9 VAHF

     

dimana la firmeza y la compresión de toda la Sagrada Escritura. Por esto es imposible penetrar en el conocimiento de las Escrituras, si no se tiene previamente infundida en sí la fe en Cristo, la cual es como la luz, la puerta y el fundamento de toda la Escritura. En efecto, mientras vivimos en el destierro lejos del Señor, la fe es el fundamento estable, la luz directora y la puerta de entrada de toda iluminación sobrenatural; ella ha de ser la medida de la sabiduría que se nos da de lo alto, para que nadie quiera saber más de lo que es justo, sino que abriguemos sentimientos de justa moderación, cada uno en la medida de la fe que Dios le ha dado» [3]. Y San Ambrosio comenta: «En todo momento tu corazón y tu boca deben meditar la sabiduría, y tu lengua proclamar la justicia, siempre debes llevar en el corazón la ley de tu Dios. Por esto te dice la Escritura: hablarás de ella estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado. Hablemos, pues, del Señor Jesús, porque él es sabiduría, él es la palabra, y palabra de Dios... Por esto, medita y habla siempre las cosas de Dios, estando en casa: Habla con prudencia, para evitar el pecado, no sea que caigas por tu mucho hablar. Habla en tu interior contigo mismo como quien juzga. Habla cuando vayas de camino, para que nunca dejes de hacerlo. Hablas por el camino si hablas en Cristo, porque Cristo es el camino. Por el camino, Háblate a ti mismo, habla a Cristo. Atiende cómo tienes que hablarle; Quiero: dice, que los hombres oren en todo lugar levantando al Cielo las manos purificadas, limpias de ira y de altercados. Habla, oh hombre, cuando te acuestes, no sea que te sorprenda el sueño de la muerte» [4]. El sacerdote debe ser para el resto de la comunidad un reflejo de Cristo, enseñando, anunciando, predicando la Palabra de Dios. «El sacerdote debe ante todo predicar la Palabra de Dios, raíz de toda la vida cristiana... su misión es siempre no enseñar su propia sabiduría, sino la Palabra de Dios, e invitar a todos a la conversión y santidad. Ahora bien, la presencia sacerdotal, que en las circunstancias actuales del mundo resulta no rara veces dificilísima, para que mejor mueva a las almas de los oyentes no debe exponer la palabra de Dios sólo de modo general y abstracto, sino aplicar a las circunstancias....(sigue)


[3] Cf. San Buenaventura. SPa I Pág. 225. Breviloquio Opera Omnia 5,201-202
[4]
Cf. San Ambrosio. Salmo 36

 
           

EXCURSUS

           
  4,23c Predicando el Evangelio del Reino X     4,23c Predicando el Evangelio del Reino X  
 

Excursus 

El Reino de Dios y la Iglesia: [1] La palabra griega “basileia” la traducimos generalmente por "reino" e involucra dos significados relacionados entre sí: por un lado, la apoteosis del  reinado de Dios en el cielo y, a la vez expresa, el dominio mesiánico de la soberanía de Dios en la tierra al que se someterán todas las cosas. Dice San Pablo: “Y cuando le hayan sido sometidas todas las cosas, entonces también el mismo Hijo se someterá a quien  a él sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas[1]. Esta soberanía se vislumbra en la instauración terrestre del verdadero Israel y en tanto que Israel se opone al Reino de Dios, nace un nuevo Israel. Es Dios quien gobierna el universo y su trono está en el cielo y allí está su reino, según leemos en el Salmo: “Pero el Señor está en su Templo santo, el Señor tiene su trono en los cielos, sus ojos están observando, sus pupilas otean a los hijos de los hombres[2]. San Mateo, normalmente, en lugar de Reino de Dios utiliza la expresión “Reino de los Cielos”, y la emplea más de treinta veces, sólo usa unas pocas veces la de “Reino de Dios”; hay que tener en cuenta que el evangelista se dirige en especial a los judíos, y que estos empleaban otras palabras para no usar el nombre de Dios, por respeto, pero las dos expresiones son en la práctica equivalentes. Este “Reino de Dios” se manifiesta, plenamente, con la presencia de Cristo en la tierra, el Señor a través de sus palabras y de sus obras, pone fin al dominio de Satanás, del pecado y de la muerte. Dice la Congregación para la Doctrina de la Fe: «Jesucristo y el Reino en un cierto sentido se identifican: en la persona de Jesús el Reino ya se ha hecho presente. Esta identidad ha sido puesta de relieve desde la época patrística[3]. El Papa Juan Pablo II afirma en la encíclica Redemptoris Missio: “La predicación de la Iglesia primitiva se ha centrado en el anuncio de Jesucristo, con el que se identifica el Reino de Dios”[4]. “Cristo no solamente ha anunciado el Reino, sino que en él el Reino mismo se ha hecho presente y se ha cumplido… El Reino de Dios no es un concepto,

[1] Cf. 1 Cor.15,28  
[2] Cf. Ps.10,4  
[3]
Cf. Orígenes, In Mt. Hom., 14,7; Tertuliano, Adv. Marcionem, IV 8; Hilario de Poitiers, Com. in Mt. 12,17
[4]
Cf. Juan Pablo II. Carta Enc. Redemptoris Missio, 16: VAHF

    una doctrina, un programa…, sino que es ante todo una persona que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen del Dios invisible. Si se separa el Reino de Jesús ya no se tiene el Reino de Dios revelado por él” [5]. Por otra parte la singularidad y unicidad de la mediación de Cristo ha sido siempre afirmada en la Iglesia. Gracias a su condición de “Hijo unigénito de Dios”, es la “autorevelación definitiva de Dios”. Por ello su mediación es única, singular, universal e insuperable: “…se puede y se debe decir que Jesucristo tiene, para el género humano y su historia, un significado y un valor singular y único, sólo de él propio, exclusivo, universal y absoluto. Jesús es, en efecto, el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos” [6]» [7]. Dice Newman: «La maravillosa disposición que caracteriza el régimen de la Iglesia la denomina San Pablo “un ministerio del Espíritu”[8] y la Iglesia así honrada y exaltada por la presencia del espíritu de Cristo es denominada “el Reino de Dios”, “el Reino de los Cielos”. Por ejemplo, Nuestro Señor mismo dijo: “El Reino de Dios se acerca [9] y “Quien no naciera del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos[10]. La Iglesia recibe el nombre de “Reino de los Cielos” por ser la corte y el dominio de Dios Todopoderoso. Al reconciliar a Cristo y a las Criaturas desposeídas de la gracia, Dios volvió a la tierra según la profecía: “Yo habitaré y andaré en medio de ellos, y seré su Dios y ellos serán mi pueblo[11]. Desde entonces hubo realmente un cielo sobre la tierra en cumplimiento de la visión de Jacob. Por eso la Iglesia ya no fue una institución carnal, fabricada con materiales perecederos como el tabernáculo de los judíos que había sido el símbolo del orden de gracia (mesiánico) al que pertenecía; se convirtió en “un reino que no se puede destruir [12] y fue suavizada, purificada, espiritualizada por la sangre que Cristo derramó sobre....(sigue)

[5] Cf. Juan Pablo II. Carta Enc. Redemptoris Missio, 18: VAHF  
[6] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe. Decl. Dominus Iesus, 15 VARC [7] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe. Sobre las obras del P. Jon Sobrino SJ 7 VARC
[8] Cf. 2 Cor.3,8  
[9]
Cf. Mt.10,7  
[10]
Cf. Ioh.3,5  
[11]
Cf. Ez.37,26-27  
[12] Cf. Dan.7,14

 
           

Web en Construcción