S02.03 4,23d

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
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Mt.4,23d

LIBRO IX (I) EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,23d Y curando toda enfermedad y dolencia E   
 

d.      Y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo.

Palabras clave

  • Curar:                     Dt.30,15-16; Mc.6,5. Lc.4,40; 6,19. 1 Pe.2,24

  • Enfermedad:         Ez.34,16; Lc.4,40; 7,21

  • Dolor:                     Job.7,1-3; Is.53,3-4.10. Lc.4,40. Rom.9,2

  • Pueblo:                  Lc.6,19

AT.

Deuteronomio

  • Dt.30,15-16  Hoy pongo ante la vida y el bien, o la muerte y el mal. 16 Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que yo te ordeno hoy, amando al Señor, tu Dios, marchando por sus caminos y guardando sus mandamientos, leyes y normas, entonces vivirás y te multiplicarás: el Señor tu Dios, te bendecirá en la tierra que vas a tomar en posesión.

Job

  • Job.7,1-3    ¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra y sus días como los del jornalero? 2 Como esclavo que busca la sombra,  como jornalero que espera el salario. 3 así he tenido yo que afrontar meses inútiles, me ha tocado pasar  noches de dolor.

Isaías

  • Is.53,3-4     Despreciado y rechazado de los hombres, varón de dolores y experimentado en el sufrimiento, como de quien se oculta el rostro, despreciado, ni le tuvimos en cuenta. 4 Pero él tomó sobre sí nuestras enfermedades, cargó con nuestros dolores, y nosotros lo tuvimos por castigado, herido de Dios y humillado.

  • Is.53,10       Dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias. Puesto que dio su vida en expiación, verá descendencia, alargará los días y, por su mano, el designio del Señor prosperará.

Ezequiel

  • Ez.34,15-16  Yo mismo pastorearé mis ovejas, y las haré descansar, dice el Señor Dios. Buscaré a la  perdida, haré volver a la descarriada, a la que está herida la vendaré, y curaré a la enferma. Tendré cuidado de la bien nutrida y de la fuerte. Las pastorearé con rectitud.

   

Explicación

         

[1] Jesús no solo enseña en las sinagogas la palabra de la salvación, la enseñanza de la Buena Nueva, sino que trae también la obra de la salvación. Su palabra manifestará un poder creador. San Mateo deja constancia de que le llevan los que están  enfermos, y que curaba toda enfermedad. Las curaciones de Jesús significan que está investido de poder para proclamar e inaugurar el Reino de los Cielos, al socorrer nuestras enfermedades, Jesús nos salva también “de nuestros pecados”; las dos actividades: salvación y curación, van unidas. Aunque la misión de Jesús es principalmente el salvarnos del pecado, esto lleva consigo la curación de enfermedades. San Pablo dirá que siente una gran tristeza en su corazón porque el pueblo elegido no acogerá el Evangelio [1]. En la época de la Palestina de Jesús, la miseria y el dolor eran bastantes frecuentes. Jerusalén y las grandes ciudades de aquel tiempo debían de ofrecer el mugriento panorama que  ofrecen hoy las calles de una ciudad del tercer mundo. Jesús realizará las curaciones por pura misericordia. Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por el enfermo, sino que hace suyas sus miserias: “El tomó sobre sí nuestras enfermedades, cargó con nuestros dolores...[2]. Jesús se ha hecho hombre para salvarnos, sus milagros y curaciones, testimonian la presencia del Reino de Dios y una prueba de su Redención. Pero ha habido mucho sufrimiento en el mundo antes de su aparición y seguirá habiéndolo después; es evidente que Jesús no cura a todos los enfermos, ni resucita todos los muertos que hubo en su Galilea natal, ni en toda la historia, la enfermedad aún no desaparece del mundo, pero la fuerza divina que finalmente la vencerá está desde ahora en acción. Jesús  morirá en la cruz por nuestros pecados y como dice San Pedro por sus llagas fuimos sanados [3], sus sufrimientos injustos serán un ejemplo para todos los cristianos del valor salvífico del dolor, pero, Cristo viene a traer una liberación mayor y definitiva, escatológica. Librarnos del poder del demonio y de la muerte....(sigue)


[1] Cf. Rom.9,2

[2] Cf. Is.53,4

[3] Cf. 1 Pe.2,24

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,23d Y curando toda enfermedad y dolencia A      4,23d Y curando toda enfermedad y dolencia A   
 

Análisis Doctrinal

         

[1] Jesús con sus curaciones anticipa el reinado de Dios en un mundo en que el sufrimiento y el dolor eran bastantes frecuentes. Las curaciones de Jesús son un signo escatológico, en el que la salud que devuelve al enfermo es provisional, un anticipo de la vida eterna. En toda su vida pública el Señor “pasó haciendo el bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo [1]. San Mateo dice que Jesús pasó, es decir, el evangelista quiere recalcar la íntima relación entre enfermedad y pecado; su vida fue un continuo pasar haciendo el bien por la historia humana, combatiendo y venciendo al demonio y curando a todos aquellos que se encontraban bajo su poder. En aquellos tiempos Palestina estaba lleno de pobres, marginados, posesos y enfermos de toda clase: ciegos, tullidos, leprosos y paralíticos, como señalan los Evangelios. Los altos impuestos a que estaban sometidos los judíos por Roma, habían dejado al pueblo en la más estricta miseria. «A este mundo llegaba Jesús. A este mudo de miseria y de lucha. A estos excluidos anunciaba el Reino de Dios, a estos divididos por el dinero y el odio iba a predicar el amor. Esta mezcla de religiosidad e injusticia iban a recibirle. Esta expectación de un Mesías temporal es la que iba a encontrase. Este pueblo arisco y cerrado iba a ser su pueblo. Ese hambre iba a compartir. Por este templo lujoso y esas calles miserables iba a caminar. Desde ese pequeño y convulso país iba a emprender la tarea de cambiar el mundo entero. En ese olvidado rincón del mundo ―sin arte, sin cultura, sin belleza, sin poder― iba a girar la más ala página de la historia de la humanidad» [2]. Es cierto que el dolor, presente en todas las épocas, es uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad y al que no ha sido todavía capaz de dar solución. «En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su infinitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte. La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue entre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y la rebelión contra Dios. Puede hacer también a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse a lo que es. Con mucha

[1] Cf. Act.10,38

[2] Cf. José Luis Martín Descalzo. Vida y misterio de Jesús de Nazaret. Pág.57 Ed. Sígueme

    frecuencia, la enfermedad empuja a un retorno hacia Dios, un retorno a Él» [3]. Una respuesta al sentido del dolor, nos la da Juan Pablo II, cuando dice: «Vosotros que vivís bajo la prueba, que os enfrentáis con el problema de la limitación, del dolor y de la soledad interior frente a Él, no dejéis de dar un sentido a esa situación. En la Cruz de Cristo, en la unión redentora con Él, en el aparente fracaso del Hombre justo que sufre y que con su sacrificio salva a la humanidad, en el valor de eternidad  de ese sufrimiento está la respuesta. Tiene un gran valor sobrenatural vuestro sufrimiento. Y sois además para nosotros una constante lección que nos invita a relativizar tantos valores y formas de vida para vivir mejor los valores del Evangelio y desarrollar la solidaridad, la bondad, la ayuda, el amor» [4]. Y la Carta Apostólica Salvifici Dolores añade: «Se puede sin embargo decir que casi siempre cada uno entra en el sufrimiento con una protesta típicamente humana y con la pregunta del “por qué”. Se pregunta sobre el sentido del sufrimiento y busca una respuesta a esta pregunta a nivel humano. Ciertamente pone muchas veces esta pregunta también a Dios, al igual que a Cristo. Además, no puede dejar de notar que Aquel, a quien pone su pregunta, sufre Él mismo, y por consiguiente quiere responderle desde la cruz, desde el centro de su propio sufrimiento. Sin embargo a veces se requiere tiempo, hasta mucho tiempo, para que esta respuesta comience a ser interiormente perceptible. En efecto, Cristo no responde directamente ni en abstracto a esta pregunta humana sobre el sentido del sufrimiento. El hombre percibe su respuesta salvífica a medida que él mismo se convierte en partícipe de los sufrimientos de Cristo. La respuesta que llega mediante esta participación, a lo largo del camino del encuentro interior con el Maestro, es a su vez algo más que una mera respuesta abstracta a la pregunta acerca del significado del sufrimiento» [5]. A Jesús le interesaba fundamentalmente la enfermedad moral causada por el pecado, pero también se preocupaba mucho de las enfermedades y la salud corporal. En las revelaciones de Dios a Santa Brígida Jesús se compara a un buen....(sigue)

[3] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica n.1500.1501 VAA

[4] Cf. Juan Pablo II. Discurso a los enfermos en Zaragoza 1982 VAHF

[5] Cf. Juan Pablo II. Carta Apos. Salvifici Doloris 26 VAHF

 
           

EXCURSUS

           
  4,23d Y curando toda enfermedad y dolencia X      4,23d Y curando toda enfermedad y dolencia X   
 

Excursus 

El sentido cristiano del sufrimiento y el dolor y su valor en la economía de la salvación:  [1] Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?...” [1]. Este versículo que el Señor invoca en la Cruz, refleja la incomprensión del hombre ante el designio de Dios. Pero en la Cruz encontramos los cristianos la fuerza necesaria para combatir los dolores y sufrimientos de esta vida. Dice Santa Teresa Benedicta de la Cruz: «Siempre se nos ha presentado a San Juan de la Cruz como aquel que no deseaba para sí más que el sufrimiento y el desprecio. Nosotros nos preguntamos por el motivo de este amor por el sufrimiento. ¿Se trata solamente del recuerdo amoroso de la vía dolorosa de Nuestro Señor en la tierra, del ímpetu de un afectuoso corazón para estar humanamente más cercano a él a través de una vida que se asemeja a la suya? No parece que esto concuerde con la alta y severa espiritualidad del Doctos místico. Además sería como olvidar, en virtud del hombre de dolores, al Rey triunfante, al divino Vencedor del pecado, de la muerte y del infierno. ¿Acaso no nos ha liberado Cristo de la esclavitud? ¿No nos ha conducido y llamado a un Reino para que seamos hijos dichosos del Padre celeste? La visión del mundo en que vivimos, la necesidad, la miseria y el abismo de la maldad humana sirven para atenuar siempre de nuevo el gozo de la victoria de la luz. La humanidad lucha todavía en el barro y aún es más pequeño el rebaño que ha logrado ponerse a salvo en las más altas cimas del monte. La batalla entre Cristo y el Anticristo todavía no se ha dirimido. En esta batalla los seguidores de Cristo tienen su puesto. Y su arma principal es la Cruz» [2]. El dolor y el sufrimiento es un enigma que desconcierta al ser humano, desde siempre el hombre ha tratado de liberarse del dolor que comporta la enfermedad. Comprender el sentido del dolor y del sufrimiento es uno de los temas más complejos y profundos del pensamiento humano. El hombre sufre más profundamente cuando no encuentra una respuesta adecuada al sentido del dolor. El dolor es ininteligible y no ofrece base científica alguna, es un misterio que debe ser contemplado con respeto. «Pocas cosas hay más

[1] Cf. Ps.21,2

[2] Cf. Santa Edith Stein. Amor por la Cruz. Ed. M.E.C 12 Pág.257

    impresionantes que el desconsuelo y las lágrimas de un hombre hecho y derecho. Y sin embargo hay hombres que lloran y Cristo, que era perfecto Hombre, lloró también ante la ceguera de Jerusalén y la muerte de Lázaro, el amigo. El hombre adulto no llora por causas banales, sus lágrimas están siempre justificadas y tras ellas se oculta legítimo dolor o desventura. Pero, si eso es así, ¿cómo será posible tener por felices y afortunados a los que lloran? “¡Bienaventurados los que lloran!”, dice el Señor. Otra vez las palabras de Jesús encierran una desconcertante paradoja. El dolor que hace llorar repugna a nuestra naturaleza y para muchos constituye un misterio incomprensible. Tan gran misterio que no ha faltado quien llegara a confundir el dolor con el mal, ese mal cuya presencia en el mundo ha sido, desde hace muchos siglos, uno de los enigmas que más ha conturbado el corazón del hombre. Nada habría con todo más ajeno a la verdad que considerar el dolor como una hijuela del mal. Dios no permitió que ni aun siquiera la sombra del pecado, que es la quintaesencia del mal, mancillase a su Madre y por eso la hizo concebir Inmaculada. Pero María no fue  de ningún modo dispensada de la experiencia del dolor; junto a la Cruz de su Hijo, la Inmaculada fue la Virgen Dolorosa y pudo decir de sí las palabras de la Escritura: “mirad vosotros que pasáis por el camino y ved si hay dolor como mi dolor[3]. Los dolores de María, sus sufrimientos, fueron la contribución reservada por Dios a su Madre en la obra de la Redención de la familia humana» [4]. Si, “bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados[4], el dolor y el sufrimiento si se ofrecen como expiación, puede ser útil para gloria de Dios. Ante el enigma del dolor y de la muerte el hombre suele ver la realidad de la vida con otra visión, y a veces ocurre lo contrario, el sufrimiento es la causa principal del alejamiento de Dios. Dice San Juan de Ávila: «¡Oh palabra tan nueva a las orejas del mundo y dificultosa de creer! Si Cristo no lo dijera, ¿quién nunca vido por llorar ser bienaventurados, pues que el mismo llorar se tiene por grande miseria? Pues, en fin, conviene creer lo que la Verdad dice, que los que lloran son bienaventurados. Empero, no pensemos que habla....(sigue)

[3] Cf. Lm.1,12

[4] Cf. José Orlandis. Ocho bienaventuranzas Eunsa Pág.51

[5] Cf. Mt.5,5

 
           

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