S02.03 4,24b

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Mt.4,24b

LIBRO X (II) EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,24b Y le traían a todos los que se sentían mal E  
 

a.      Y le traían a todos los que se sentían mal:

Palabras clave

  • Traer:                             Mc.6,55; 7,32; 8,22

  • Sentir:                            Rom.9,2

  • Mal:                                 Ps.18,7; 2 Tim.3,13

A.T.

Salmos  

  • Ps.18,7          Pero en mi angustia invoqué al Señor, clamé a mi Dios,  y Él escuchó mi voz desde su Templo, y llegó mi grito a sus oídos.

N.T.

San Marcos

  • Mc.6,55         Y recorrieron toda aquella región, a donde oían que estaba él le traían sobre las camillas a todos los que se encontraban mal.  

  • Mc.7,32         Le traen un sordomudo, y le ruegan que le imponga su mano.  

  • Mc.8,22        Llegan a Betsaida y le traen un ciego suplicándole que lo toque.

San Pablo
  • Rom.9,2       Tengo una gran tristeza y un continuo dolor en mi corazón.  

  • 2Tim.3,13     Mientras que los hombres malos y embaucadores irán de mal en peor, engañando a otros y engañándose a sí mismos.

   

Explicación

La angustia y el sufrimiento que experimenta el ser humano, es una experiencia individual que no se puede transmitir a los demás, el otro no lo puede experimentar igual que la persona que lo sufre. Sólo Jesús entiende lo que significa sufrir, es “varón de dolores”. Jamás experimentaremos una forma de sufrimiento que El no haya experimentado. Jesús conocería en su propia carne el abandono, y la traición. En el momento de máxima agonía exclamará: “Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz[1]. Todos nuestros males y agobios los debemos descargar en Dios. Escribe San Pedro: «Descargad sobre El todas vuestras preocupaciones, porque El cuida de vosotros[2]. De esta forma encontraremos sentido a nuestras angustias. Jesús nos enseña a sonreír desde nuestro sufrimiento, a saber llevarlo con resignación y afrontarlo como él. “Y le traían a todos los que se sentían mal...”. El gozo de participar en las tribulaciones de Nuestro Señor, nos llena de paz y alegría. Pero su obra continua en la Iglesia y a través de la Iglesia en todos los cristianos,  llamados por el Señor a colaborar con Él, en la propagación de su mensaje Salvador. Hemos de pensar no sólo en nosotros y ayudar a los demás, de dar un sentido más sobrenatural el mandamiento de Jesús de amor al prójimo. Imitando el estilo de actuación de Cristo es como mejor lo cumplimos. Ojalá que se pueda decir que pasamos “haciendo el bien”, ayudando al necesitado, curando sus heridas, liberándole de angustias y miedos, llevándole una palabra de consuelo. Se trata de ver a Dios en los demás, sobre todo en los pobres y en los débiles, en los marginados próximos a nosotros. Los miedos y las angustias que padecemos adquieren un sentido nuevo y encontramos una explicación al sufrimiento humano en la cruz de Cristo. Jesús es nuestro Salvador, él nos libera de todos los males, y mediante su doctrina y sus milagros levanta a la humanidad que sufre.


[1] Cf. Lc.22,42
[2] Cf. 1 Pe.5,7

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,23b Y le traían a todos los que se sentían mal  A      4,23b Y le traían a todos los que se sentían mal  A  
 

Análisis Doctrinal

[1] El sufrimiento se manifiesta en el hombre de múltiples maneras, no solamente en la enfermedad. Podemos distinguir dos clases de sufrimiento, el físico, que afecta al cuerpo y el espiritual o moral, que afecta al alma. Decía Juan Pablo II: «Se puede decir que el hombre sufre, cuando experimenta cualquier mal. El Antiguo Testamento, no poseía una palabra específica para indicar el «sufrimiento»; por ello definía como «mal» todo aquello que era sufrimiento. Solamente la lengua griega se sirve del verbo “patior” y gracias a él, el sufrimiento no es directamente identificable con el mal, sino que expresa una situación en la que el hombre prueba el mal, y probándolo, se hace sujeto de sufrimiento... Puede ser que la medicina, descubra el vasto terreno del sufrimiento del hombre. Sin embargo, éste es sólo un sector. El terreno del sufrimiento humano es mucho más vasto. El hombre sufre de modos diversos, no siempre considerados por la medicina, ni siquiera en sus más avanzadas ramificaciones. El sufrimiento es algo todavía más amplio que la enfermedad, más complejo y a la vez, aún más, profundamente enraizado en la humanidad misma. Una cierta idea de este problema nos viene de la distinción entre sufrimiento físico y sufrimiento moral. Aunque se puedan usar como sinónimos, hasta un cierto punto, las palabras “sufrimiento” y “dolor”, el sufrimiento físico se da cuando de cualquier manera «duele el cuerpo », mientras que el sufrimiento moral es “dolor del alma”. Se trata, en efecto, del dolor de tipo espiritual, y no sólo de la dimensión “psíquica” del dolor que acompaña tanto el sufrimiento moral como el físico. La extensión y la multiformidad del sufrimiento moral no son ciertamente menores que las del físico; pero a la vez aquél aparece como menos identificado y menos alcanzable por la terapéutica»[1]. «Si alguno pregunta cuál es la diferencia entre enfermedad y debilidad, respondemos que la debilidad  es una anomalía temporal del cuerpo , mientras que la enfermedad es un desequilibrio en los elementos del cuerpo» [2]. Los cristianos debemos ver el dolor y el sufrimiento en los padecimientos que Cristo pasó por nosotros, el concilio Vaticano II nos lo recuerda: 

[1] Cf. Juan Pablo II. Carta Apostólica. Salvifici Dolores 7.5 VAHF
[2] Cf. San Cirilo de Alejandría. BPI 1 a,115.Fragmentos sobre el Ev. De Mateo, 37

   

«Solamente con la luz de la fe y la meditación de su palabra divina puede uno conocer siempre y en todo lugar a Dios, “en quien vivimos, nos movemos y existimos”, buscar su voluntad en todos los acontecimientos, contemplar a Cristo en todos los hombres y juzgar rectamente sobre el sentido y valor de las cosas materiales. Los que poseen esta fe viven en la esperanza de la revelación de los hijos de Dios, acordándose de la cruz y de la resurrección del Señor. Escondidos con Cristo en Dios, durante la peregrinación de esta vida, y libres de la servidumbre de las riquezas, mientras se dirigen a los bienes imperecederos, se entregan gustosamente y por entero a la expansión del Reino de Dios y a informar y perfeccionar el orden de las cosas temporales con el espíritu cristiano... Siguiendo a Cristo pobre, ni se abaten por la escasez ni se ensoberbece por la abundancia de los bienes temporales; imitando a Cristo humilde, no ambicionan la gloria vana, sino que procuran agradar a Dios antes que a los hombres, preparados siempre a dejarlo todo por Cristo, a padecer persecución por la justicia, recordando las palabras del Señor: “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”» [3].

[2] Es desde la fe, donde podemos comprender en toda su amplitud, el sentido de la angustia y el desconsuelo. Dice San Juan Crisóstomo que Jesús no exige la fe a todos los que le traían a causa de que se sentían mal, y explica: «La razón es porque todavía no había dado pruebas de su poder. Por otra parte, el hecho mismo de acudir a Él y presentarle los enfermos no era pequeña muestra de fe. Le traían a muchos de lejos, lo que no hubieran hecho de no estar persuadidos de la grandeza del poder del Señor» [4]. El escándalo del dolor no se puede entender si no es en relación con la cruz de Cristo: «Por tanto, no hemos de avergonzarnos de la cruz del Salvador, sino más bien gloriarnos de ella. Porque el mensaje de la cruz es escándalo para los judíos, necedad para los griegos, mas para nosotros es salvación. Para los que están en vías de perdición es necedad, mas para nosotros, que estamos en vías de salvación, es fuerza de Dios, Porque el que moría por nosotros no era un hombre

[3] Cf. Concilio. Vaticano II. Decreto Apotolicam Actuositatem nº 4 VAA
[4] Cf. San Juan Crisóstomo. BPI 1 a,115.Homilías sobre el Ev. De Mateo.14,3

 
           

EXCURSUS

           
  4,24b Y le traían a todos los que se sentían mal  X     4,23b Y le traían a todos los que se sentían mal  X  
 

Excursus

La enfermedad y la medicina en tiempos bíblicos:[1] El desvelo por el dolor y la enfermedad, es tan antiguo como el hombre mismo. Desde los comienzos de la historia, el ser humano ha intentado mitigar el dolor, interponerse en la enfermedad para poder aliviarla o poder luchar contra ella curándola. Las diversas medidas terapéuticas adoptadas, reflejan las ideas sobre su naturaleza. Para poder comprender su comportamiento, es necesario su interacción social y la estructura de la sociedad, el nivel cultural, el pensamiento y el sentir de esos hombres. La Biblia no contrapone la ciencia, si no que lo presenta como un don de Dios. En la medicina y las ciencias con ella relacionada, el progreso responde a una acumulación progresiva de ideas y de hechos que se van adaptando a los nuevos descubrimientos, sin abandonar las ideas y observaciones anteriores. En el mundo antiguo se tenía la creencia, de que el origen de las enfermedades estaba causado por espíritus malignos o por dioses ofendidos por los hombres. Todavía se creía el papel que jugaba los sueños en el desarrollo de la enfermedad. Para lograr la curación del enfermo había que recurrir a oraciones y expulsar a los demonios que poseían a los enfermos. La creencia imperante hoy en día, es que estas son prácticas supersticiosas. Y, sin embargo, su principio no es equivocado. También los cristianos creemos que la raíz de los dolores y de las enfermedades es de origen religioso y moral. En el Antiguo Testamento existe una íntima conexión entre enfermedad y pecado. El sentido de la enfermedad será agudizar en el hombre el sentimiento de pecado. "Si escuchas la voz del Señor, tu Dios, y pones por obra lo que es recto a sus ojos, si prestas oído a sus preceptos y observas sus leyes, no te impondré los sufrimientos que impuse a Egipto. Pues yo soy el Señor, el que te sana" [1] También el Deuteronomio relata una serie de maldiciones que afectarán a los que sean infieles a la Alianza [2]. La Epístola de San Pablo a Timoteo establece claramente que la Biblia está inspirada por Dios y es útil para la educación en la rectitud, no para la erudición en la ciencia: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argumentar, para corregir y para educar 


[1] Cf. Ex.15,26
[2] Cf. Dt.28,15

    en la justicia" [3] Y añade San Gregorio: «¿Qué es la Sagrada Escritura sino una especie de carta de Dios omnipotente a su criatura?... Estudia, pues, por favor, y medita cada día las palabras de tu Creador. Aprende lo que es el corazón de Dios penetrando en las palabras de ese Dios, para que anheles con más ardor las realidades eternas y tu alma se encienda en deseos más vivos de los gozos celestiales» [4] Los primeros indicios que tenemos de la ciencia médica en tierras de la Biblia, se remontan a Mesopotamia en el año 3500 a.C. aproximadamente. Los sumerios construyeron la ciudad de Babilonia. El rey Hamurabi bajo cuyo reinado se escribió el Código de Hamurabi, y en el cual creció Abrahán cuando era joven en Babilonia, fue el primero en levantar un cuerpo de leyes que regularan la administración, en el que se incluye algunas leyes relacionadas con la cirugía, y que son las más antiguas que se conocen, establecen los honorarios que deben cobrarse según el nivel social y económico del paciente, y según el resultado de la cirugía, por ejemplo, si un médico opera a un hombre usando una lanceta de cobre, y este moría, si era noble, al médico se le cortará la mano, y si se trataba de un esclavo, tendrá que reponer el esclavo con otro del mismo valor. En cambio, la mayor parte del conocimiento que se tiene sobre la medicina en Babilonia y en Asiria se deriva de las 20.000 tabletas de arcilla descubiertas por sir Austen H. Layard en las ruinas que las tropas invasoras provocaron en el palacio de Nínive en la Biblioteca de Asurbanipal, y salvadas del incendio. Unas 660 eran tabletas médicas. Debido al sistema teocrático predominante en Asiria y Babilonia la medicina no se pudo sustraer a la influencia de la demonología y de las prácticas mágicas en estas civilizaciones. La enfermedad se concebía como un proceso natural aunque a la medicina asiria se le atribuían motivos mágico-religiosos, en donde se practican exorcismos para curar a los endemoniados y se ofrecían sacrificios a los dioses para implorar su perdón. Era una religión basada en el temor y la lujuria, en la que no se encontraban elementos positivos, en el pasado se ofrecían niños en honor de Moloc, en la que se promovía la inmoralidad y en sus templos había prostitutas sagradas. «Para caldeos, egipcios y judíos,

[3] Cf. 2 Tim.3,16 
[4] Cf. San Gregorio Magno. Epístola a Theodorum medicum 5,31 SB T.9 Pág.216

 
           

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