S02.03 4,25c

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Mt.4,25c

LIBRO IX (III) EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,25c Y del otro lado del Jordán E  
 

c.       Y del otro lado del Jordán:

Palabras clave

Jordán:                          Dt.4,21. Jos.3,17; 2 Re.5,14; Mt.3,5;19,1. Mc.1,9; 3,8; 10,1. Lc.3,3. Jn.1,28; 3,26, 10,40

A.T.

Deuteronomio

Dt.4,21           Por vuestra culpa el Señor se irritó conmigo, y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la buena tierra que el Señor, tu Dios, te da en herencia.

Josué

Jos.3,17        En tanto que todo Israel pasaba por tierra seca, los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor permanecían quietos en un lugar seco, en medio del cauce del río  hasta que toda la gente  terminó de pasar el Jordán.

Reyes

2 Re.5,14      Bajó y se metió siete veces en el Jordán,  conforme a la palabra del hombre de Dios, y entonces su carne se volvió como la carne de un niño y quedó limpio.

N.T.

San Marcos

Mc.1,9            Y sucedió que en aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Mc.3,8            También de Jerusalén, de Idumea, de más allá del Jordán, y de los alrededores de Tiro y Sidón, vino hacia él una  gran multitud al oír las cosas que hacía.

Mc.10,1          Saliendo de allí llegó a la región de Judea, al otro lado del Jordán; y otra vez se congregó  ante él la multitud y, como era su costumbre, de nuevo les enseñaba.

San Lucas

Lc.3,3             Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados.

San Juan

Ioh.1,28         Esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

   

Explicación

[1] El río Jordán, aunque modesto, es escenario de grandes acontecimientos bíblicos. Moisés mostrará al Jordán como la linde entre la tierra prometida y el desierto. Prepara a su pueblo para cruzar el Jordán y entrar en la Tierra Prometida, símbolo de la Patria Celestial. En sus orillas Elías será arrebatado al cielo en entre un torbellino de nubes[1], en el Jordán tendrá lugar la curación de Naamán que tenía la lepra[2], y se sumergirá en sus aguas como símbolo de la acción salvífica de Dios. Allí bautizará San Juan Bautista e impondrá un bautismo de conversión para preparar el camino del Señor. “Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines del mundo[3]. Se cumplen así las palabras anunciadas por el profeta Isaías “Sucederá en días futuros que el monte de la casa de Yahvé será asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán en él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Y dirán: venid, subamos al monte de Yahvé, a la casa del Dios de Jacob, para que El nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Sión saldrá la Ley y de  Jerusalén la palabra de Yahvé[4]. La Iglesia a través de innumerables misioneros llevará a todos los rincones del orbe las palabras de Cristo. Cruzará los mares y dará su sangre, la sangre de los mártires que fructificará en la semilla de la evangelización. Semilla que se encuentra presente en la Iglesia desde los primeros tiempos.



[1] Cf. 2 Rey.2,11

[2] Cf. 2 Rey.5,1

[3] Cf. Act.1,8

[4] Cf. Is.2,2-3

 

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,25c Y del otro lado del Jordán A      4,25c Y del otro lado del Jordán A  
 

Análisis Doctrinal

[1] «El símbolo del agua aparece con frecuencia ya en el Antiguo Testamento. Considerada de modo muy genérico, el agua simboliza la vida concedida por Dios a la naturaleza y a los hombres. Leemos en Isaías: “Abriré sobre los calveros arroyos y en medio de las barrancas manantiales. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra árida en hontanar de aguas[1]: es una alusión a la influencia vivificante del agua. El profeta aplica este símbolo al espíritu, uniendo agua y Espíritu de Dios, cuando proclama este oráculo: “Derramaré agua sobre el sediento suelo, raudales sobre la tierra seca. Derramaré mi Espíritu sobre tu linaje... Crecerán como en medio de hierbas, como álamos junto a corrientes de aguas[2]. Así se señala el poder vivificante del Espíritu, simbolizado por el poder vivificante del agua. Además, el agua libra la tierra de la aridez. El agua sirve también para satisfacer la sed del hombre y de los animales [3]. La sed de agua se presenta como semejante a la sed de Dios, tal como se lee en el libro de los Salmos: “Como jadea la cierva, tras las corrientes de agua, así jadea mi alma, en pos de ti, mi Dios. Tiene mi alma sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo podré ir a ver la faz de Dios?[4]El agua es, finalmente, el símbolo de la purificación, como se lee en Ezequiel: “Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré[5]. El mismo profeta anuncia el poder vivificante del agua en una sugestiva visión: “Me llevó a la entrada de la casa, y he aquí que debajo del umbral de la casa salía agua, en dirección a oriente... Me dijo: ─Esta agua sale hacia la región oriental, baja a la Arabá, desemboca en el mar, en el agua hedionda, y el agua queda saneada. Por dondequiera que pase el torrente, todo ser viviente que en él se mueva vivirá─”[6]»[7]. Refiriéndose al poder purificador del río Jordán, en que los Padres de la Iglesia han visto

[1] Cf. Is.41,18  
[2]
Cf. Is.44,3-4  
[3]
Cf. Is.43,20  
[4]
Cf. Ps.42,2-3  
[5]
Cf. Ez.36,25  
[6]
Cf. Ez.47,1.8-9  
[7] Cf. Juan Pablo II. Audiencia General 24-10-90 VAHF

     

un tipo de bautismo, dice Orígenes: «Para que admitamos la interpretación del Jordán que calma la sed y está lleno de gracia, será de utilidad citar a Naamán, aquel Sirio curado de la lepra. De la misma manera que nadie es bueno, sino uno solo, Dios Padre. así entre los ríos ninguno es bueno, más que el Jordán, capaz de librar de la lepra a aquel que con fe lava su alma en Jesús... Hay que observar que Elías, en el momento de ser arrebatado al cielo por el huracán, habiendo tomado su manto, lo enrolló y golpeó con él el agua que se dividió en dos y pasaron ambos. Elías y Eliseo[1]. Estuvo más preparado para ser arrebatado a lo alto estando bautizado en el Jordán, ya que Pablo, según hemos dicho, ha denominado al paso milagroso del agua, bautismo»[2].

[2] Los pueblos que habitaban más allá del Jordán guardan cierto paralelismo con los primitivos pobladores de la América: Ambos han estado sometidos al colonialismo del imperio dominante. Los pueblos del este de Israel: Amón, Moab y Edom tuvieron continuos enfrentamientos con el país vecino y estaban recelosos del imperialismo judío. Su sistema religioso era similar, adoradores de ídolos, y su estilo de vida era tribal. Ambos residían en la frontera de la “Tierra Prometida”. Ambos fueron conquistados. Ambos fueron evangelizados. La evangelización de América, debida sobre todo a los esfuerzos de la reina Isabel, fue de una gran importancia, y tuvo repercusión no sólo para el continente americano, sino que arrastró consecuencias para el resto del orbe. Dice Juan Pablo II: «El hecho del encuentro entre Europa y éste que fue llamado el Nuevo Mundo, tuvo importancia universal, con vastas repercusiones en la historia de la humanidad. Pero no menor incidencia tuvo, en el aspecto religioso, el nacimiento de lo que hoy es casi la mitad de la Iglesia católica... y el Papa León XIII lo califica como el hecho más grande y maravilloso ocurrido en la humanidad»[3]. Los reyes católicos comunicaron el descubrimiento del Nuevo Mundo al Papa Alejandro VI, quien contestó a Fernando e Isabel: «Os mandamos, en virtud de santa obediencia que así como prometéis, y no dudamos cumpliréis,

[1] Cf. 2 Re.2,8  
[2]
Cf. Orígenes. Comentario sobre San Juan. 6,46-47  
[3] Cf. Juan Pablo II. Discurso al CELAM. Santo Domingo 11.10.84 II.2 VAHF

 
           

EXCURSUS

           
  4,25c Y del otro lado del Jordán X     4,25c Y del otro lado del Jordán X  
 

Excursus

Pueblos del más allá del Jordán.  [1] El paso del río Jordán prefigura el Bautismo, el paso de la vida terrena a la patria celestial, el cambio de nuestra intransigencia, nuestro egoísmo a ser moldeables como la arcilla en manos del alfarero [1]. Orígenes, en su homilía sobre Josué, nos da las claves para esta conversión: Al ser agregado al número de los catecúmenos y al comenzar a someterte a las prescripciones de la Iglesia, has atravesado el mar Rojo y, como aquellas etapas del desierto, te dedicas cada día a escuchar la ley de Dios y a contemplar la gloria del Señor, reflejada en el rostro de Moisés. Cuando llegues a la mística fuente del bautismo y seas iniciado en los venerables y magníficos sacramentos por obra de los sacerdotes y levitas. Parados como él en el Jordán, los cuales conocen aquellos sacramentos en cuanto es posible conocerlos, entonces también tú, por ministerio de los sacerdotes, atravesarás el Jordán y entrarás en la tierra prometida, en la que te recibirá Jesús, el verdadero Moisés, y será tu guía en el nuevo camino. Entonces tú, consciente de tales maravillas de Dios, viendo como el mar se ha abierto para ti y como el río ha detenido sus aguas, exclamarás:¿Qué te pasa, mar, que huyes, y a ti Jordán, que te echas atrás? ¿Y a vosotros montes, que saltáis como carneros; colinas, que saltáis como corderos? Y te responderá el oráculo divino: En presencia del Señor se estremece la tierra, en presencia del Dios de Jacob; que transforma las peñas en estanques, el pedernal en manantiales de agua»[2] . También San Afrates de Siria ve en el paso del Jordán una figura del Bautismo: Ahora los que son circuncisos de corazón, viven y se circuncidan nuevamente en el río Jordán, que es el bautismo de la remisión de los pecados... Jesús nuestro Salvador circuncidó por segunda vez con la circuncisión del corazón a todas las gentes que creyeron en Él y se purificaron en el bautismo... Josué, hijo de Nun, hizo pasar al pueblo a la tierra prometida; Jesús, nuestro Salvador, prometió la tierra de la vida a todos los que estuvieran dispuestos a pasar el verdadero Jordán, creyeran y se dejaran

[1] Cf. Is.29,16  
[2]
Cf. Orígenes. Homilía 4,1: PG 12,842-843 SPa T.II Pág.104

   
circuncidar el prepucio de su corazón»[1]. Al tiempo que Israel ocupaba su tierra, otras naciones se instalaron al este del río Jordán.  Su historia y evolución nos ha llegado a través de referencias del Antiguo Testamento, de inscripciones asirias y descubrimientos arqueológicos. Los pueblos más importantes eran Amon, Moab y Edom, los tres formaban un grupo perteneciente a la rama aramea de la raza semítica; pero otros pueblos ocuparon también este territorio. Veamos su historia.
Galaaditas
Galaad, en hebreo Gileag, es una región de Transjordania, al este del río Jordán, entre los ríos Arnón y Yarmuk, su nombre en hebreo significa rugoso y era una zona montañosa. El Camino de los Reyes[2], transcurría por la región, de modo que sus habitantes controlaban ese paso[3].  Originariamente era el nombre de un monte. En tiempos de Labán, en cuya casa se practicaba una religión politeísta, Jacob huyó con su mujer Raquel, que robó los ídolos familiares que tenía su padre, cruzó el río Éufrates y se dirigió a la montaña de Galaad[4]. Posteriormente el nombre de Galaad se aplica también a la región, cuando José es arrojado al pozo por sus hermanos, vieron a una caravana que venía de Galad[5]. Galaad es también el nombre de un personaje, el hijo de Makir y nieto de Manases. De Galaad el linaje de los galaaditas[6]. En el reparto de tierras de Tranjordania, Moisés dividió la región de Galaad en dos mitades, la oriental y la occidental. A los descendientes de Machir, les dio, el este del río Jordán, que conquistaron Galaad y expulsaron a los amorreos que

[1] Cf. San Afraates. Demostrationes 11. SBAT  Pentateuco Pág.806  
[2]
Cf. 2 Re.8,18

[3] El camino de las Reyes era la ruta principal comercial, desde Damasco a Egipto, a través del Sinaí. Iba desde Ezion Geber en el golfo de Aqaba, a través de toda la Transjordania, pasaba por las principales ciudades, como: Ramoth Gileag, Amman, Dibon. A través de esta ruta viajaban caravanas cargadas de perfumes, especias y otras mercancías, lo que fue causa de innumerables conflictos entre Israel y los reinos de Transjordania. 

[4] Cf. Gén.31,21  
[5] Cf. Gén.37,25
[6]
Cf. Num.26,29

 
           

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