S02.03 3,13

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Mt.3,13

LIBRO VI EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  3,13 Entonces vino Jesús al Jordán desde... A      3,13 Entonces vino Jesús al Jordán desde...... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Con el Bautismo de Jesús en el Jordán, el Señor da comienzo a su misión profética. Cristo inicia su vida pública y da cumplimiento a las promesas hechas a Israel en el Antiguo Testamento de que se derramaría el Espíritu de Dios entre todos los creyentes. «Juan no presentaba directamente al Señor, pero lo tenía, sin duda, en el corazón. Al declarar que él no era el Cristo empleaba la misma discreción, y por los mismos motivos, que mostrará Jesús para decir que Él sí es el Cristo. El evangelio no nos dice si hubo algún encuentro anterior entre Jesús y Juan. Los años de juventud  de ambos muy diversos, y no parece por los textos ─“habitaba en el desierto”; “yo no le conocía”─ que se hubieran visto antes de estos sucesos. Toda la vida del Precursor culmina con el Bautismo del Señor. Un día se presentó Jesús ante la multitud. Venía de Galilea “para ser bautizado por Juan”, aunque Él no lo necesitaba, pues tenía la plenitud de la gracia»[1]. El diálogo que se entablará entre ambos es propio de San Mateo, y no aparece en los otros evangelistas, quiere dejar constancia de que ya se conocían. Cristo es Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, y por tanto, es absolutamente imposible que tuviera pecado. ¿Por consiguiente, cómo es posible que el Mesías, que no tenía pecado, se sometiera a un rito de perdón?. «En la historia de Nuestro Señor vemos otros ejemplos, además de los de su circuncisión y su bautismo, demostrativos de la veneración que se concedía a la religión que vino a cumplir. San Pablo habla de él como: “nacido de mujer, nacido bajo la ley[2] y tenía por costumbre observar esta ley como cualquier otro judío. Por ejemplo, subía a Jerusalén durante las fiestas, enviaba a los sacerdotes a las gentes que había curado, para que ofrecieran el sacrificio prescrito por Moisés; pagaba el impuesto del Templo; además, asistía de manera habitual al culto de la Sinagoga[3], aunque esto se hubiera introducido en una época posterior a Moisés. Incluso ordenaba al pueblo obedecer en todo lo concerniente a la Ley, a los escribas y fariseos que enseñaban

[1] Cf. Francisco Fernández Carvajal. Vida de Jesús Ed. Palabra Pág.139  
[2] Cf. Gál.4,4
[3]
Cf. Lc.4,16

    en nombre de Moisés[4]. De esta manera nuestro Salvador prestaba atención sumisa al sistema religioso, bajo el cual había nacido, y esto, no solamente por ser de origen divino, sino incluso cuando se trataba de instituciones establecidas por hombres piadosos aunque no inspirados, y fundados únicamente en la autoridad de los sacerdotes»[5]. El Bautismo del Señor ha planteado numerosos problemas a los exegetas que se han ocupado de explicar esta perícopa. Pero, Jesús, a pesar de no tener pecado y estar lleno de gracia, quiere adoptar una posición igual a otro hombre cualquiera y someterse al rito del perdón que el Bautista administraba: «Muchos tratan de averiguar cuál era la naturaleza de ese Bautismo con el que Jesús fue bautizado. ¿Cómo fue? Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, hecho hombre para la salvación de todos, se dispone a revelarse a sí mismo como principio de una vida excepcional ─por eso es también llamado Adán: igual que por causa de Adán y por la del resto de la humanidad desterrada Él llego a ser principio de la vida eterna, de la misma manera Adán fue el origen de esta vida nuestra pasajera y mortal─. Todo lo que hizo Él por nosotros es simbolizado en su Bautismo. Porque igual que murió y resucitó, así también nosotros vamos a hacerlo, y de esta manera de forma alegórica, pasamos por medio del Bautismo de la vida presente a la futura, donde necesariamente nos estableceremos. Él cuidó, pues, de que esto se cumpliera primero en su propia persona. Al recibir Él primero este Bautismo de adopción filial, Bautismo de agua y de Espíritu de acuerdo a la economía salvífica, evidenció que es un Bautismo excelso y honorable que Él acogió en sí mismo verdaderamente y el primero de todos. Se identificó además con el régimen de vida de aquellos que estaban fuera de la ley de la gracia, régimen del que también nosotros habíamos de participar. Convenía, por tanto, que el Señor se humillara como un hombre cualquiera de entre el pueblo y se sometiera al Bautismo con el profeta Bautista para consagrar las aguas y así el parentesco que este baño lustral establece con nosotros la adopción como hijos de Dios, la liberación de los pecados y, en fin, todos los bienes cuantos nos regala por el..... (sigue)

[4] Cf. Mt.23,2  
[5]
Cf. Card. Newman. Parochial and Plain Sermons II,7. La Iglesia Ed. Monte Carmelo  Pág.282

 
           

EXCURSUS

           
  3,13 Entonces vino Jesús al Jordán desde..... X     3,13 Entonces vino Jesús al Jordán desde...... X  
 

Excursus

El Pecado Original: Creación y caída del hombre: [1] La doctrina del pecado original es lo que da sentido a toda la fe cristiana, sin el pecado original no tiene sentido la Redención de Cristo. «Toda la fe consiste en Jesucristo y en Adán y toda la moral, en la concupiscencia y en la gracia»[1]. En efecto, el argumento fundamental de la fe cristiana consiste en la Resurrección de Cristo, y ésta se basa en la doctrina del pecado original. El Mesías viene a salvar a la humanidad del desastre en que la desobediencia del primer hombre le había arrojado. Un autor anónimo en una homilía sobre el Sábado Santo, narrando un diálogo impresionante entre Cristo y Adán, escribe: «Me dormí en la Cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el Paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti. Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del Paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el Paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; más he aquí que yo, soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios. Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos a los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos»[2]. Escribe el cardenal Newman: «Si hay un Dios, y en efecto lo hay, el género humano está envuelto, desde su origen, en una terrible calamidad. Está en desacuerdo con los orígenes del Creador. Esto es un hecho, y un hecho tan cierto como el de su propia existencia. De ahí que la doctrina que se llama teológicamente el pecado original, resulte tan cierta como que el mundo existe o como la misma existencia de Dios»[3]. Por su inmensa bondad Dios lleva a efecto su obra creadora: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra[4]: «Debemos retener 

[1] Cf. Pascal. Pensées sur la religión 523  
[2]
Cf. Anónimo. Homilía sobre el Sábado Santo  PG 43,439-463 SPa T.I Pág.384  
[3]
Cf. Cardenal J.H.Newman. Apología pro vita sua. Edapor Pecado original y redención de Cristo Pág.21  
[4] Cf. Gén.1,1  

   
y creer que todo lo que hay en el cielo, en la tierra y en todos los abismos fue hecho por Dios, porque hizo todo lo que quiso. La causa de todo lo que hizo es su voluntad… Tú hace todas las cosas forzado por la necesidad. Dios obró por bondad; no necesito nada de lo que hizo; por eso hizo todo lo que quiso [5]»[6]. Dice San Juan Crisóstomo: «¿Ves la fuerza que todo lo puede? ¿Ves la fuente de la vida? ¿Ves la fuerza inaccesible? ¿Ves la excelencia incomparable? ¿Ves cómo todas las cosas son fáciles y expeditas para Él? Ciertamente, dice, hizo todo cuanto quiso. Y dime, ¿dónde? En el cielo y la tierra. Es decir, no sólo aquí, sino también en el cielo. Y no sólo en el cielo, sino también en la tierra: No sólo en la tierra, sino también en los mares y en todos los abismos. Se llama abismo a lo que está debajo de la tierra, igual que se dice en el cielo a lo que está por encima de los cielos. Y siendo tales y tantas cosas, su voluntad no las impide, sino que tosas suceden, y lo que es admirable, no lo hizo con trabajo, ni con fatiga, ni con una imposición, sino con su voluntad; hasta que lo quiera y la obra se realiza»[7]. Todo lo que existe, tiene a Dios como principio, y tiene su fundamento en el amor de Dios por sus criaturas. «Por exigencia de la naturaleza divina, cuando obra hacia fuera, lo hace según su misma perfección, que se nos manifiesta en diversidad exuberante de matices a través de la creación y, sobre todo, en su donación de amor hacia nosotros; la cual translimita tan plenamente la mente del hombre, que éste pierde pie por la riqueza y perfección del ser, del obrar y del comunicarse Dios en perfección eterna e infinita»[8]. Escribe San Juan de la Cruz: «Mandando a la tierra que produjese las plantas y los animales, y a la mar y agua los peces, y al aire hizo moradas de las aves. Y por eso, viendo el alma que él así lo mandó y que así se hizo, dice el siguiente verso: plantadas por la mano del Amado. En el cual está la consideración, es a saber que estas diferencias y grandezas sola la mano de el Amado Dios pudo hacerlas y criarlas. Donde es de notar que advertidamente dice: “por..... (sigue)

[5] Cf. Ps.134,6  
[6]
Cf. San Agustín. Comentario a los Salmos 134.10,6 EDA Pág.126
[7]
Cf. San Juan Crisóstomo. Comentarios a los salmos 134,2.2 BPa 69 Pág.259  
[8]
Cf. Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia. Frutos de Oración 482 Pág.149

 
           

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