S02.03 3,14

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Mt.3,14

LIBRO VI EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  3,14 Pero éste se le resistía diciendo:... A      3,14 Pero éste se le resistía diciendo:.. A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Al acudir el Señor al Jordán para bautizarse por Juan, éste plantea una objeción razonable: “Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mí?”. En efecto, es Cristo quién tendría que bautizar a Juan. «Cuando Juan vio venir a Jesús sabía que era Él, el Mesías tanto tiempo esperado. Quizá no conocía la divinidad del Señor y su íntima y eminente relación con Dios Padre. Esto le será revelado de modo parcial. Aparentemente, Jesús iba, como los demás, a escuchar su palabra y recibir su Bautismo»[1]. El Bautismo de Jesús es un misterio. ¿Cómo es posible que el que ha venido a quitar el pecado del mundo, el que no tiene pecado, aparezca como un pecador más? ¿Esta actitud no era para los demás motivo de confusión?. «Por la historia de la vida de Cristo, los mismos incrédulos están forzados a reconocer que nunca apareció un hombre tan perfecto sobre la tierra. Aquellos que, como Renan[2], pasaron su existencia ─algo terrible por sus consecuencias─ negando la divinidad de Jesús, estos mismos deben confesar que Él es incomparablemente superior a todos los sabios del paganismo, que la virtud de un Sócrates en nada se aproxima a su bondad, a su paciencia en las pruebas, a su dulzura para con los verdugos. Muchos racionalistas añaden: nunca habrá aquí en la tierra perfección moral mayor; Jesús quedará siempre como modelo inigualable, el sabio ideal. De hecho, no se ha podido descubrir en Jesús ningún pecado, ninguna imperfección»[3]. Pero para Juan esta actitud es desconcertante, Jesús explica a Juan que ha sido enviado por su Padre para ser el Cordero de Dios, él que jamás cometió pecado quiere cargar con

[1] Cf. Francisco Fernández Carvajal. Vida de Jesús Ed. Palabra Pág.140

[2] Ernest Renan fue un filólogo e historiador francés que nació en 1823 en Tréguier, bretaña francesa. Inició los estudios eclesiásticos, pero los abandonó antes de terminarlos y perder la fe en Dios. Consideraba que la Biblia era un libro escrito por hombres y no como palabra de Dios. Valoraba más la ciencia que la religión, escribió en 1848 “Porvenir de la Ciencia” que será publicada en 1890. En 1862 es nombrado miembro de la Academia Francesa. Su obra más polémica fue la “Vida de Jesús”, primero de los 6 tomos de la historia de los orígenes del cristianismo; obra bastante heterodoxa que escandalizó a la sociedad gala y le costó ser expulsado de la Academia. Pío IX dirá de él, que es el “blasfemo europeo”. En 1871 la III República le volverá a reintegrar a la Academia. Murió en 1892.

[3] Cf. Garrigou-Lagrange, Réginald. El Salvador. I Parte. Cáp.XI Ed. Rialp Pág.194

    los nuestros: “A él, que no cometió pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que llegásemos a ser en él, justicia de Dios[4]. Dice San Agustín: «Cristo no tuvo pecado alguno; cargó con los pecados pero no los cometió»[5]. Igual que aceptó la muerte en la Cruz, el Señor acepta el Bautismo de Juan, para los que creemos en él, seamos bautizados y seamos librados de la muerte eterna. En efecto, Jesús quiere salvar a la humanidad cumpliendo libremente la voluntad del Padre. Garrigou-Lagrange hablando de este misterio de Cristo escribe: «La voluntad humana de Jesús contiene una altísima perfección y un gran misterio: su voluntad era aquí en la tierra, impecable y, sin embargo perfectamente libre al obedecer y al merecer. Jesús no sólo no desobedeció de hecho a su Padre, sino que no podía desobedecerle, era impecable, impecable en razón de su personalidad divina, en razón de la plenitud inamisible de gracia y en razón de la visión beatífica: por estas tres razones era absolutamente impecable; y sin embargo, obedecía libremente, con una libertad perfecta, que no sólo es espontaneidad, sino que es ausencia de necesidad en la elección»[6]. Cristo en el Jordán quiere mostrarnos el sentido de la verdadera libertad, todo bautizado pasa de la esclavitud del pecado a la libertad gloriosa de ser hijo de Dios. «Por el amor de adhesión, el hombre se hace semejante a la realidad a la que se adhiere, porque, al ver su perfección, irresistiblemente tiende a su imitación. Estos actos de amor los puede realizar por la libertad que tiene, sin la cual no sería capaz de adherirse a lo que él entiende por bueno, sino más bien a lo que otro ser, que le tuviera robada la libertad, se inclinara; y entonces podría lo mismo adherirse a una cosa buena o mala, porque no dependía de sí; y resultaría, como consecuencia, que, fuera Dios perfecto o imperfecto, tendríamos que estar adheridos a Él, no por perfección de su ser que ante su excelencia nos robara, sino por impotencia de resistirle»[7]. Y San Gregorio Taumaturgo escribe: «Estando tú presente, me es imposible callar, pues yo soy la voz, y precisamente la voz que grita en el desierto: preparad el camino del Señor. Soy yo el que necesita que tú.... (sigue)

[4] Cf. 2 Cor.5,21  
[5]
Cf. San Agustín. Enarrationes in Psalmos 68.1,10 HD T.7 Pág.299
[6]
Cf. Garrigou-Lagrange, Réginald. El Salvador. I Parte. Cáp.XIII Ed. Rialp Pág.260
[7] Cf. Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia. Frutos de Oración 531 Pág.160

 
           

EXCURSUS

           
  3,14 Pero éste se le resistía diciendo:... X     3,14 Pero éste se le resistía diciendo:... X  
 

Excursus

El Sacramento del Bautismo: [1] La palabra “bautismo” es de origen griego “baptein”, que significa inmersión, lavar, sumergir, zambullir. Desde el principio el agua se convierte en una manifestación de lo sagrado, los pueblos paganos practicaban el bautismo como rito religioso y los baños sagrados eran habituales en casi todas las religiones, un viejo proverbio hindú reza: “Agua eres la fuente de toda vida y de toda existencia”. El agua enmarca toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, como elemento purificador. Dice Santa Teresa: «Otra propiedad del agua es limpiar cosas no limpias. Si no hubiese agua para lavar, ¿Qué sería del mundo? Sabéis que tanto limpia este agua viva, este agua celestial, este agua clara —cuando no está turbia, cuando no tiene lodo, sino que se coge de la misma fuente— que una vez que se bebe, tengo por cierto deja el alma clara y limpia de todas las culpas»[1]. El simbolismo del agua es a menudo un leit motiv en la Sagrada Escritura, en los primeros versos de San Juan de la Cruz se alude al poder de renovación de esta fuente maravillosa: “Que bien sé yo la fonte que mana y corre/ aunque es de noche”[2]. «Desde el origen del mundo, el agua, criatura humilde y admirable, es la fuente de la vida y de la fecundidad. La Sagrada Escritura dice que el Espíritu de Dios "se cernía" sobre ella. ¡Oh Dios!, cuyo espíritu, en los orígenes del mundo, se cernía sobre las aguas, para que ya desde entonces concibieran el poder de santificar»[3]: “La tierra era caos y vacío, la tiniebla cubría la faz del abismo y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas[4]. Escribe Tertuliano: «¡Debes venerar, oh hombre, esa remota edad de las aguas, la antigüedad de esa sustancia! Reverencia también su dignidad, pues ella es la sede del espíritu divino que la prefiere a los otros elementos... ¿Es necesario recordar el orden del mundo, ese orden que consiste en una suerte de ordenamiento de las aguas hechas por Dios? Para suspender el firmamento celeste, dividió las aguas por el medio; para expandir la tierra firme, separó las aguas y las

[1] Cf. Santa Teresa de Jesús. Camino de perfección 19,6 BAC 212 Pág.254  
[2]
Cf. San Juan de la Cruz. Obras Completas. Primeros escritos BAC 15 Pág.11  
[3]
Cf. Catecismo de la Iglesia católica. CIC n. 1218. Pág.285 [4] Cf. Gén.1,2

   
hizo emerger. Después, una vez que el mundo fue establecido en sus diferentes elementos, para darle habitantes, las aguas fueron las primeras en recibir la orden de engendrar las criaturas vivientes. Fue esta agua primordial la que dio a luz al viviente, para que no hubiera lugar para el asombro si en el Bautismo las aguas también engendran la vida. ¿Y acaso no intervinieron también en la obra de la creación del hombre? En efecto, si la materia fue la tierra, la tierra no hubiera servido sin agua y humedad... ¡Qué poder tiene, que privilegio! ¡Qué cualidades, cuantos servicios presta, qué útil es para el mundo!... Si Dios ha utilizado esta materia en toda su obra, la ha hecho particularmente fecunda cuando se trata de los sacramentos; si ella precede a la vida en la tierra, también procura la vida para el cielo»[4]. El simbolismo del agua como signo de purificación era común en la historia de las religiones. El agua expresa la alianza entre Dios y el mundo: “El Señor, tu Dios, te conduce hacia una tierra excelente, tierra de torrentes de agua, de fuentes y de veneros que brotan en las vegas y en los montes[5]. Pero la generación que precedió al diluvio estaba marcada por una denigrante inmoralidad y como consecuencia del pecado de la humanidad Dios envió el diluvio: “He decidido poner fin a todo mortal, porque a causa de ellos la tierra se ha llenado de violencia; por eso voy a eliminarlos de la tierra[6]. San Pedro comparará el Bautismo a cómo la familia de Noé se salvó a través de las aguas: “en otros tiempos incrédulos, cuando en los días de Noé les esperaba Dios pacientemente, mientras se construía el arca. En ella, unas pocas —ocho personas— fueron salvados a través del agua. Esto era una figura del Bautismo, que ahora os salva, no por quitar la suciedad del cuerpo, sino por pedir firmemente a Dios una conciencia buena, en virtud de la resurrección de Jesucristo[7]. Dice San Ambrosio: «Por esto, queriendo Dios reparar su obra, envió el diluvio y mandó al justo Noé que subiera al arca. Cuando menguaron las aguas del diluvio, soltó primero un cuervo, el cual no volvió, y después una paloma que, según leemos, volvió con una rama de.... (sigue)

[4] Cf. Tertuliano. Sobre el Bautismo III,2-6. Edibesa El Bautismo Pág.43  
[5]
Cf. Dt.8,7
[6] Cf. Gén.6,13  
[7]
Cf. 1 Pe.3,20-21

 
           

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