S02.03 3,15

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
Omnia  in  gloriam Dei  Facite
vera et una Trínitas, una et summa Deítas, sancta et una Unitas

02
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Mt.3,15

LIBRO VI EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  3,15 Respondiendo Jesús le dijo:... A      3,15 Respondiendo Jesús le dijo... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Jesús siendo Dios se hizo un hombre como los demás y quería cumplir los mandatos y disposiciones de la ley judía. «El Bautismo de Juan era al mismo tiempo perfecto e imperfecto. Perfecto en lo que se refiere al precepto de la Ley, pero imperfecto por que no otorgaba la absolución de los pecados, sino que solamente hacia al hombre bien dispuesto para lo perfecto. Por eso también Cristo, que era perfecto en lo que se refiere a la Ley, pasó por este Bautismo del que hablo, el Bautismo de Juan. Y para dejar esto claro, dice Jesús: “Pues así conviene que cumplamos toda justicia”»[1]. Dice el Catecismo de la Iglesia: «Nuestro Señor se sometió voluntariamente al Bautismo de San Juan, destinado a los pecadores, para “cumplir toda justicia”. Este gesto de Jesús es una manifestación de su “anonadamiento”. El Espíritu que se cernía sobre las aguas de la primera creación desciende entonces sobre Cristo, como preludio de la nueva creación, y el Padre manifiesta a Jesús como su “Hijo amado”»[2]. Mateo en este versículo expresa la voluntad del Señor de ser bautizado por Juan. «Lo solicita con modestia, pero el Bautista se negó, diciendo: Soy yo quien necesita ser bautizado por ti, ¿cómo vienes tú a mi? Y Jesús le replicó Déjame ahora, así es como debemos nosotros cumplir toda justicia, es decir, todo lo establecido por Dios Padre. Éstas son las primeras palabras que conocemos de Jesús en su vida pública; están en la misma línea de aquellas que dijo a sus padres cuando le encontraron en el Templo. A lo largo de los tres años de predicación repetirá de modos diversos que Él ha venido a cumplir la voluntad del Padre. Y el Señor recibió el Bautismo de manos de Juan»[3]. Dios quiere para el hombre solamente lo que es bueno y santo, y toda la vida de Cristo en la tierra es cumplir la voluntad del Padre. «Jesús no necesita ceremonia alguna de renovación o penitencia como el “Bautismo de Juan”, pues no tiene pecados. Pero el Señor quiere mostrar mediante su ejemplo sin par la existencia de un orden dentro del culto divino que es preciso obedecer. Por eso se somete también

[1] Cf. Teodoro de Mopsuestia. Fragmentos sobre el Evangelio de Mateo 13 MKGK 100 BPI NT T 1ª Pág.99  
[2]
Cf. Catecismo de la Iglesia católica. CIC n. 1224. Pág.286
[3]
Cf. Francisco Fernández Carvajal. Vida de Jesús Ed. Palabra Pág.140

   
a la circuncisión y a la presentación en el templo. El plan divino de salvación exige que Jesús acate la voluntad de los hombres para la redención del género humano, cuyo supuesto es la plena e íntegra naturaleza humana. Las palabras de Jesús “debemos nosotros cumplir toda justicia” significan la necesidad de obedecer la voluntad de Dios ─la salvación del hombre─, que ha dispuesto en su bondad y sabiduría cómo, en qué etapas y con que medios se debe realizar la obra redentora. Jesucristo acepta el Bautismo de Juan como una fase dentro de la historia de la salvación prevista por Dios. Quiere que se perciba como las última e inmediata preparación de la era mesiánica. La consumación de todos los estadios y acciones preparatorias, que se extienden a lo largo de muchos siglos antes de la encarnación de la palabra de Dios, significa en resumidas cuentas “el cumplimiento de toda justicia” de que habla Jesús»[4]. Y la Epístola a los Hebreos se expresa en el mismo sentido: «Refiriéndose en cierto modo a la misma preexistencia de Jesús-Hijo de Dios: Entrando en este mundo dice... Los holocaustos y los sacrificios por el pecado no los recibiste. Entonces yo dije: “Heme aquí que vengo —en el volumen del libro está escrito de mí— para hacer, oh Dios, tu voluntad”[5]. Hacer la voluntad del Padre, en las palabras y en las obras de Jesús, quiere decir: “vivir totalmente para” el Padre... Que cumplir la voluntad del Padre sea para Cristo su misma vida, lo manifiesta Él personalmente con las palabras dirigidas a los discípulos después del encuentro con la samaritana: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar su obra[6]. Jesús vive desde la voluntad del Padre. Este es su “alimento”. Él vive de este modo —o sea, totalmente orientado hacia el Padre— porque ha “salido” del Padre y “va” al Padre, sabiendo que el Padreha puesto en su mano todas las cosas[7]. Dejándose guiar en todo por esa conciencia, Jesús proclama ante los hijos de Israel: “Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan ─es decir, mayor que el que les ha dado Juan el Bautista─: porque las obras que mi Padre me dio hacer, esas obras que yo ..... (sigue)

[4] Cf. Peter Berglar. Pedro: De pescador a cabeza de la Iglesia Ed. Rialp Pág.49  
[5] Cf. Hb.10,5-7  
[6]
Cf. Ioh.4,34  
[7]
Cf. Ioh. 3,35

 
           

EXCURSUS

           
  3,15 Respondiendo Jesús le dijo... X     3,15 Respondiendo Jesús le dijo... X  
 

Excursus

Los designios de Dios y su Divina Providencia: [1] La Providencia es un acto amoroso de Dios. Ya en los filósofos griegos se encuentra la idea de un ser superior que gobierna el mundo con amor. Describiendo las cualidades del Demiurgo, dice Platón: «Digamos ahora por qué causa el hacedor hizo el devenir y este universo. Es bueno y el bueno nunca anida ninguna mezquindad acerca de nada. Al carecer de esta, quería que todo llegara a ser lo más semejante posible a él mismo»[1]. Desde la eternidad, Dios nos ha amado, y ha puesto todas las cosas a nuestro cuidado. Su amor por nosotros se manifiesta en la creación del universo, la «Providencia de la que el Dios de bondad da prueba con el género humano es ilimitada e inigualable: no sólo toda la Creación es obra suya, ha desplegado el cielo, extendido el mar, encendido el sol y hecho brillar las estrellas, sino que nos ha dado la tierra para habitarla y nos ha ofrecido sus frutos para el mantenimiento y subsistencia de nuestro cuerpo»[2].  Todo el Universo es un diseño inteligente de la divina Providencia: «La Sabiduría eterna comenzó a brillar fuera del seno de Dios, cuando, después de toda la eternidad, creó la luz, el cielo y la tierra. Dice San Juan que «todo fue hecho por el Verbo», es decir, por la Sabiduría eterna: Omnia per ipsum facta sunt. Salomón, por su parte, la llama “madre y artífice de todas las cosas”: Horum omnium mater est. Omnium artificex Sapientia Es de notar que no la llama solamente artífice del universo, sino madre del mismo, porque el artífice no ama ni cuida su obra como lo hace una madre con su hijo. Una vez creado todo, la Sabiduría eterna permanece en “todas las cosas para contenerlas, sostenerlas y renovarlas”. Continet omnia; omnia innovat. Es esta hermosura, soberanamente recta, la que, después de crear el mundo, estableció el orden que en él reina. Ella escogió, compuso, pesó, añadió y contó todo cuanto hay en él. Ella extendió los cielos; ella colocó ordenadamente en sus lugares el sol, la luna, las estrellas y los planetas; estableció los fundamentos de la tierra; fijó limites y leyes al mar y a los abismos; formó las montañas, todo lo pesó y lo midió, hasta las

[1] Cf. Platón. Timeo  
[2]
Cf. San Juan Crisóstomo. Catequesis bautismales VII,1 EUNSA El misterio de la creación Pág.298

   
mismas fuentes. En fin, prosigue ella misma, yo estaba con Dios disponiéndolo todo con una precisión tan perfecta y con variedad tan agradable, que era como un juego con el cual me divertía y divertía también a mi Padre. Cum eo eram euncta componens: et delectabar per singulos dies, Iudens coram eo omni tempore, ludens in orbe terrarum. Y, efectivamente, este inefable juego de la divina Sabiduría puede verse en las diferentes criaturas con que pobló el universo. Pues sin hablar de las distintas especies de ángeles, que son, por decirlo así, infinitas en número; sin hablar del diverso tamaño de las estrellas ni de la desigualdad de temperamentos de los hombres, ¡qué admirables cambios vemos en las estaciones y en los tiempos, qué variedad de instintos en los animales, qué diversidad de especies en las plantas, de hermosura en las flores y de sabor en los frutos! Quis sapiens et intelliget haec? ¿A quién se ha manifestado la Sabiduría? Solamente él comprenderá estos misterios de la naturaleza»[3]. Todo poder y todo lo que existe, dice San Pablo, procede de Dios. El Señor nos enseña a poner nuestra confianza en el cuidado amoroso de Dios que “no permitirá que tropiece tu pie, no duerme el que te guarda. No, no dormita, no se duerme el que guarda Israel[4]. «Por el especial cuidado y providencia que Dios nuestro Señor tiene de la Iglesia militante, en todos los tiempos ha enviado y envía hombres según su corazón, llenos de gracia y de doctrina, para hacer frente a los errores que el demonio ha inventado y sugerido a los impíos, sus secuaces, que siguen los vicios en los que les ha precipitado. Citaré aquí algunos ejemplos para que se vea y resulte más evidente esta verdad tan cierta como consoladora. En la misma época en que nació Pelagio, nació también San Agustín, gran doctor de la Iglesia, para que con su doctrina refutase y confundiese la falsedad que el demonio sugería al heresiarca Pelagio. Al principio del siglo XIII la Iglesia se veía combatida por tres males gravísimos; pero el Señor, que según el profeta no duerme no duerme ni reposa sino que guarda a Israel, envió tres médicos sabios y oportunos para cuidarla, los cuales eran, al mismo tiempo, también valientes capitanes para hacer la guerra a los enemigos de Jesús, María y de la humanidad. Estos ..... (sigue)

[3] Cf. San Luis María Grignion de Montfort. El amor de la Sabiduría Eterna 31-33  
[4]
Cf. Ps.120,3-4

 
           

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