S02.03 3,16

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
Omnia  in  gloriam Dei  Facite
vera et una Trínitas, una et summa Deítas, sancta et una Unitas

02
Please, link this html page
http://www.iebsm.com/ 

Evangelio S. Mateo 03 Cronológico 03 Vaticano 05 Padres y Doctores 07 Lecturas Liturgia Horas 09 Plan de Vida 09

Mt.3,16

LIBRO VI EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  3,16 Inmediatamente, después de ser... A      3,16 Inmediatamente, después de ser.... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Para San Mateo el Bautismo de Cristo es uno de los momentos cumbres en que el Mesías se manifiesta como Hijo de Dios.  Jesús al salir del agua y aceptar su Bautismo está aceptando su muerte futura en la Cruz, a diferencia del Bautismo de los otros, que era una muerte a su vida pasada y una renuncia de sus pecados. En efecto, existía bastante diferencia entre los dos bautismos. Dice Ruperto de Deutz, un autor espiritual del siglo XII: «El Bautismo de Juan es el Bautismo del siervo; el Bautismo de Cristo es el Bautismo del Señor. El Bautismo de Juan es un Bautismo de conversión; el Bautismo de Cristo es un Bautismo para el perdón de los pecados. Mediante el Bautismo de Juan, Cristo fue manifestado; mediante su propio Bautismo, es decir, mediante su pasión, Cristo fue glorificado. Juan habla así de su Bautismo: Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. Por lo que a Cristo se refiere, una vez recibido el Bautismo de Juan, habla así de su Bautismo: Tengo que pasar por un Bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! Finalmente, mediante el Bautismo de Juan el pueblo se preparaba para el Bautismo de Cristo; mediante el Bautismo de Cristo el pueblo se capacita para el reino de Dios»[1]. Y San Cirilo comenta: «Los antiguos, antes de Cristo, retenían en el agua a los que bautizaban hasta que confesaran sus propios pecados, pero Cristo, siendo impecable, enseguida salió del agua, porque ni siquiera fue bautizado como uno que hace penitencia, sino como el que purifica de los pecados y el que santifica de las aguas»[2]. Por esta razón se abren los cielos para que veamos con los ojos del espíritu las cosas celestiales, según comenta San Juan Crisóstomo: «¿Por que razón, pues, se abren los cielos? Para que os deis cuenta de que también en vuestro bautizo se abre el cielo, os llama Dios a la patria de arriba y quiere que no tengáis ya nada de común con la tierra. Aun cuando no lo veáis, no por eso habéis de dejar de creerlo. A los comienzos se dan siempre esos prodigios, y las cosas espirituales  vienen a hacerse sensibles y visibles; se dan prodigios como el del

[1] Cf. Ruperto de Deutz. Sobre las obras del Espíritu Santo 3,3  
[2]
Cf. San Cirilo de Alejandría. Fragmentos sobre el Evangelio de Mateo 29 MKGK 162 BPI NT 1ª Pág.99

    Jordán en atención a los más rudos y que necesitan de visión sensible, pues son incapaces de toda idea de la naturaleza espiritual. Sólo a lo invisible levantan la cabeza. De este modo, aun cuando después no se hacen ya aquellos prodigios, se puede aceptar por la fe lo que una vez al principio nos pusieron ellos de manifiesto. También en el tiempo de los apóstoles se produjo aquel bramido de viento impetuoso y aparecieron sobre sus cabezas las lenguas de fuego»[3]. Y Santo Tomás explica que se abrieron los cielos para poder entrar en la casa del Padre. «Cristo quiso ser bautizado para consagrar con su Bautismo aquel con que nosotros seríamos bautizados. Y, por este motivo, en el Bautismo de Cristo debieron mostrarse los elementos que pertenecen a la eficacia de nuestro Bautismo. Sobre tal eficacia hay que considerar tres cosas: Primero, la virtud principal de la que el Bautismo obtiene su eficacia, que es la virtud del cielo. Y por eso, cuando Cristo se bautizó, se abrió el cielo, para demostrar que en adelante la virtud celestial santificaría el Bautismo. Segundo, la fe de la Iglesia y la del que se bautiza intervienen en la eficacia del Bautismo; por eso los bautizados hacen profesión de fe, y el Bautismo se llama sacramento de la fe. Mediante la fe contemplamos las cosas del cielo, que superan los sentidos y la razón humanos. Y para dar a entender esto se abrieron los cielos cuando Cristo se bautizó. Tercero, que por el Bautismo de Cristo se nos abre especialmente la entrada del reino celestial, que se había cerrado para el primer hombre por causa del pecado. De donde, una vez que Cristo se bautizó, se abrieron los cielos, para manifestar que el camino del cielo queda abierto para los bautizados. Después del Bautismo le es necesaria al hombre la oración continua para entrar en el cielo; pues, aunque por el Bautismo se perdonan los pecados, permanecen sin embargo la concupiscencia (Fomes peccati), que nos combate interiormente, y el mundo y el demonio, que nos atacan desde fuera. Y por este motivo se dice señaladamente en Lucas que, “bautizado Jesús y estando en oración, se abrió el cielo[4], porque es claro que los fieles necesitan la oración después del Bautismo. O para dar a entender que si, por medio del Bautismo, el cielo se abre para los creyentes, es por virtud de la oración de Cristo. Por eso se..... (sigue)

[3] Cf. San Juan Crisóstomo. Homilías sobre San Mateo 12,2 BAC 141 Pág.225  
[4]
Cf. Lc.3,21

 
           

EXCURSUS

           
  3,16 Inmediatamente, después de ser.... X     3,16 Inmediatamente, después de ser.... X  
 

Excursus

El Espíritu Santo: Señor y dador de vida: [1] Todas las objeciones que se han formulado contra el dogma de la Santísima Trinidad, han puesto más el acento en la divinidad de la persona del Hijo, aunque asimismo han amenazado la fe en el Espíritu Santo. Pero el Espíritu Santo, la tercera persona de la Santísima Trinidad, es Dios, al igual que el Padre y el Hijo. Dice San Gregorio Nacianceno: «Los saduceos no admitieron en absoluto la existencia del Espíritu Santo, pues ni siquiera creían en los ángeles o en la resurrección;: no se como pudieron refutar tantos testimonios del Antiguo Testamento a favor del mismo. Los mejores teólogos griegos, que son los que, a mi parecer, más se han aproximado a nosotros, imaginaron algo al respecto, pero no se pusieron de acuerdo sobre su nombre. Lo llamaron “Mente del universo”[1], “Inteligencia exterior”[2] y otras expresiones semejantes De nuestros sabios, unos pensaron que el Espíritu Santo era una fuerza[3], otros una criatura; otros Dios; y otros no tomaron partido por ninguna de estas cosas, según dicen ellos, por respecto a la Escritura, en cuanto que la Escritura no declara explícitamente nada al respecto»[4]. Pero aunque la Biblia no lo manifiesta claramente comienza presentando al Espíritu Santo como el poder creador de Dios, que crea el universo poniendo orden en el caos, es el viento de Dios que con su Palabra crea el cosmos de la nada: «Así leemos ya en las primeras páginas del libro del Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra... y el Espíritu de Dios (ruah Elohim) aleteaba por encima de las aguas[5]. Este concepto bíblico de creación comporta no sólo la llamada del ser mismo del cosmos a la existencia, es decir, el dar la existencia, sino también la

[1] Cf. Platón. Fedón 97 c-d  
[2]
Cf. Aristóteles. Generación de los animales II 3,9

[3] Cf. Los modalistas, una secta del siglo II y III defendida fundamentalmente por Sabelio, que se oponía al dogma de la Santísima Trinidad, y consideraban al Espíritu Santo como una fuerza activa, al igual que el amor o la sabiduría. Afirmaban que Dios era una sola persona y que adoptaba diferentes formas según el “modo” en que se comunicaba con los hombres. Actualmente los Testigos de Jehová consideran al Espíritu Santo como la “Fuerza activa de Dios”.

[4] Cf. San Gregorio Nacianceno. Discursos Teológicos 31,5 BPa 30 Pág.224  
[5]
Cf. Gén.1,1-2

   
presencia del Espíritu de Dios en la creación, o sea, el inicio de la comunicación salvífica de Dios a las cosas que crea»[6]. Esta primera creación en que el Espíritu de Dios aleteaba en el universo, se verá confirmada con una nueva creación en Pentecostés, en donde el Espíritu Santo vendrá en ayuda de los hombres: «Muy oportunamente, al decir que “Al principio creó Dios ─que es como decir: el Padre en el Hijo─ el cielo y la tierra”, ha sido mencionado también el Espíritu Santo: “Y el espíritu aleteaba sobre las aguas”. Con eso se indica que las tres personas de la Trinidad con su poder han cooperado juntas en la creación del mundo»[7]. La nueva vida sobrenatural a la que el creyente es llamado como hijo de Dios, representa una nueva creación por el Bautismo. Dice San Ambrosio: «Considera también cuan antiguo sea este misterio, pues fue prefigurado en el mismo origen del mundo. Ya en el principio, cuando Dios hizo el cielo y la tierra, el espíritu ─leemos─ se cernía sobre las aguas. Y si se cernía  es porque obraba. El salmista nos da a conocer esta actuación del espíritu en la creación del mundo, cuando dice: La palabra del Señor hizo el cielo, el espíritu de su boca, sus ejércitos. Ambas cosas, esto es, que se cernía y que actuaba, son atestiguadas por la palabra profética. Que se cernía, lo afirma el autor del Génesis; que actuaba, el salmista»[8]. En estos versículos se pone de manifiesto la corporeidad de lo divino y el espíritu divino se transforma en fuerza natural. En otra de sus catequesis añade Juan Pablo II: «La importancia que se da en el lenguaje bíblico al ruah como “soplo de Dios” parece demostrar que la analogía entre la acción divina invisible, espiritual, penetrante, omnipotente, y el viento, tiene su raíz en la psicología y en la tradición de donde se alimentaban y que al mismo tiempo enriquecían los autores sagrados. Aún dentro de la variedad de significados derivados, el término servía siempre para expresar una “fuerza vital” que actúa desde fuera o desde dentro del hombre y del mundo. Incluso cuando no designaba directamente a la persona divina, el término referido a Dios ―“espíritu (o soplo) de Dios”―..... (sigue)

[6] Cf. Juan Pablo II. Enc. Dominum et vivificantem 12. VAHF  
[7]
Cf. Rábano Mauro. Comentario al Génesis I,1 PL 107,447 Raniero Cantalamessa. Ven, Espíritu Creador Pág.45
[8]
Cf. San Ambrosio. Sobre los misterios 8-11 SC 25-bis 158-160 SPa  T.II Pág.174

 
           

Web en Construcción