S02.03 4,01

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Mt.4,01

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,01 Entonces fue conducido Jesús... E  
 

a.      Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo.

Palabras clave

Desierto:                       Dt.8,2; Dt.8,15; Is.41,18b-19; Mc.1,12; Lc.4,1   

Espíritu:                         Rom.8,14

Tentado:                        Gén.3,1-4; Ps.44,19-27; Eco.2,1-6; II Cor.12,9-10; Heb.4,14-16; San.1,2-4

Diablo:                            Gén.3,1-4; Job.1,6-12; Sb.2,21-24

A.T.

Génesis

Gén.3,1-4        La serpiente era el más astuto de los animales que había hecho el Señor Dios, y dijo a la mujer: ¿De modo que os ha mandado Dios que no comáis de ningún árbol del jardín? 2 La mujer respondió a la serpiente: Podemos comer el fruto de los árboles del jardín; 3 pero Dios nos ha mandado: «No comáis ni toquéis el fruto del árbol que está en medio del jardín, pues moriríais». 4 La serpiente dijo a la mujer: No moriréis en modo alguno.

Deuteronomio

Dt.8,2               Debes recordar todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer por el desierto durante estos cuarenta años, para hacerte humilde, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón, si guardas o no sus mandamientos.

Job

Job.1,6-12       Sucedió un día que vinieron los ángeles de Dios para presentarse ante el Señor, y vino también Satán entre ellos. 7 El Señor dijo a Satán: ¿De dónde vienes? Él respondió: De dar vueltas por la tierra, recorriéndola entera. 8 Y le preguntó el Señor: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Nadie hay como él en toda la tierra; es íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal. 9 Satán le contestó: ¿Acaso Job teme a Dios de balde? 10 ¿No será porque Tu le rodeas con protección a él, a su casa y a todo lo que posee? Tu bendices las obras de sus manos y sus rebaños se multiplican por toda la tierra. 11 Bastará con extender tu mano y tocar un poco lo que posee para que te maldiga en tu cara. 12 Entonces el Señor dijo a Satán: Mira, en tus manos dejo cuanto posee. Pero a él no le toques. Y Satán salió de la presencia del Señor.

   

Explicación

[1] Después de recibir el bautismo en el Jordán y antes de iniciar su vida pública Jesús es conducido, por el Espíritu, al desierto donde será tentado, enfrentándose con el diablo en un duelo a muerte del que saldrá victorioso. Ambos sucesos, bautismo y tentación están íntimamente ligados; pero, mientras que en el primero se dice que se trata del desierto del Jordán, en el segundo no se especifica nada. Una antigua tradición que se remonta al siglo IV sitúa las tentaciones del Señor en el Yebel Qarantal o Monte de la Cuarentena, en recuerdo de los cuarenta días que pasó el Señor en el desierto, situado a pocos kilómetros al noroeste de la ciudad de Jericó, la actual Er Riha o Erica. Se trata de un macizo rocoso, con precipicios y cavernas, de escasa vegetación, a unos 500 metros de altura sobre el Jordán. En el AT el desierto era un lugar de intimidad, de encuentro con Dios, pero era además una zona de tentación, donde Dios probaba a su pueblo. En el desierto el hombre descubre su propia debilidad, su impotencia necesita la ayuda de Dios. El desierto recuerda una época de la historia sagrada: El nacimiento del pueblo de Dios. El pueblo hebreo experimentó numerosas pruebas, en el transcurso de sus cuarenta años de peregrinación por el desierto, igualmente el Señor será tentado para enseñarnos a luchar contra las tentaciones, pero a diferencia de los israelitas, Jesús será fiel al Padre en el cumplimiento de su misión. Dice el profeta Isaías “Convertiré el desierto en estanques de agua y la estepa en manantiales de agua[1]. Dios no abandona a su pueblo y transforma el desierto en un verdadero Paraíso. La esperanza cristiana pone frente a frente el poder creador de Dios y la incapacidad del hombre. Esta esperanza alcanza su apogeo cuando ponemos en Dios nuestra confianza. Como escribe el profeta Jeremías: “Bendito el varón que confía en el Señor, y el Señor es su confianza[2]. A lo largo de su permanencia en el desierto la naturaleza humana del Señor se fortaleció a través del ayuno y la oración. Para Cristo el desierto será también el encuentro con Satanás, donde tendrá lugar la batalla definitiva. Jesús quiere enseñarnos, al permitir que seamos tentados, a vencer las pruebas. ..... (sigue)


[1] Cf. Is.41,18b  
[2]
Cf. Jr.17,7

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,01 Entonces fue conducido Jesús.. A      4,01 Entonces fue conducido Jesús... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Nuestro Señor es llevado al desierto, una zona desértica y árida entre Jerusalén y Jericó, para enseñarnos como debemos combatir las tentaciones; el Señor interpretará su papel de Mesías con toda la plenitud humana. Jesús guiado por el Espíritu de Dios se opone al espíritu impuro de Satanás y librará con él, en sus propios dominios, un terrible combate. «Jesús se va al desierto para ser tentado; quiere participar en las tentaciones de su pueblo y del mundo, sobrellevar nuestra miseria, vencer al enemigo y abrirnos así el camino que lleva a la Tierra Prometida. Pienso que todo esto pertenece particularmente al oficio del sacerdote: mantenerse en primera línea, expuesto a las tentaciones y a las necesidades de una época concreta, soportar el sufrimiento de la fe en un determinado tiempo, con los demás y para los demás. Cuando la filosofía, la ciencia o el poder político levantan obstáculos contra la fe, es normal que los sacerdotes y los religiosos sientan su impacto antes incluso que los laicos; arraigados en la firmeza y en el sufrimiento de su fe y de su oración, deben ellos construir el camino del Señor en los nuevos desiertos de la historia. El camino de Moisés y de Elías se repite siempre, y así la vida humana entra en todo tiempo en la única senda y en la única historia del Señor Jesús»[1]. Por otro lado, el desierto es el lugar en que el alma del hombre se acerca más a Dios, se retira en soledad y se aparta de todo lo material, “Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu[2] y allí llevó una vida monástica ayunando y orando, y siendo tentado por el demonio. La única manera de soportar las tentaciones y evitar todas las trampas que nos tiende Satanás es estar unido a Dios. Escribe San Juan Crisóstomo: «Nada hay como el desierto y la soledad cuando tenemos que suplicar a Dios. De ahí la frecuencia con que se retira a lugares solitarios y allí se pasa las noches en oración para enseñarnos que, para la oración hemos de buscar la tranquilidad del tiempo y el lugar. El desierto es, en efecto, padre de la tranquilidad, un puerto de calma que nos libra de todos los alborotos»[3]. Y San Juan Bautista de

[1] Cf. Joseph Ratzinger. El Camino Pascual BAC Popular. 
[2] Cf. Mt.4,1
[3]
Cf. San Juan Crisóstomo. Homilías sobre San Mateo 50,1 BAC.146 Pág.71

    La Salle comenta: «Al indicarnos que Jesucristo se retiró al desierto, no dice que fuera para huir la compañía de los hombres ni para orar; sino a fin de ser tentado. Y eso, para darnos a entender que el primer paso de quien pretende consagrarse a Dios ha de ser dejar el mundo, con el fin de disponerse a luchar contra el mundo mismo y contra los demás enemigos de nuestra salvación. En el retiro, dice san Ambrosio, es donde precisamente ha de contar uno con ser tentado y expuesto a muchas pruebas. Lo mismo os advierte el Sabio al afirmar que cuantos se alistan en el servicio de Dios deben prepararse para la tentación. Ésta les resulta, efectivamente, muy provechosa; pues se convierte en uno de los mejores medios que puedan emplear para verse enteramente libres, tanto del pecado como de la inclinación a pecar. ¿Habéis creído siempre que, para daros de todo punto a Dios, debéis disponeros a ser tentados? ¿No os causa sorpresa el que a veces os acose la tentación? En lo sucesivo, vivid siempre preparados para ella; de modo que podáis sacar todo el fruto que con la tentación intenta Dios producir en vosotros. Lo que debe alentar al alma puesta sinceramente en las manos de Dios, a estar siempre apercibida para las tentaciones, es que la vida del hombre, según Job, es tentación o, como dice la Vulgata, combate perpetuo. De donde puede el alma colegir que, si es voluntad de Dios que se vea tentada mientras permanece en la tierra, es porque ha de luchar de continuo contra el demonio y contra las propias pasiones e inclinaciones, los cuales no cesarán de hacerle guerra en tanto viva en el mundo. Por eso afirma san Jerónimo que le es imposible a nuestra alma dejar de ser tentada mientras viva y que, si el mismo Jesucristo nuestro Salvador fue tentado, nadie puede ilusionarse con atravesar el mar tormentoso de la vida sin verse combatido por la tentación... Convenceos de que sería desgracia no pequeña carecer de tentaciones, por ser ello indicio de no vencerse en cosa alguna, y de sucumbir fácilmente en la lucha con las propias pasiones»[4]. Y San Juan Crisóstomo escribe: «Y es que, como el Señor todo lo hacía y sufría para nuestra enseñanza, quiso también ser conducido al desierto y trabar allí combate contra el diablo, a fin de que los bautizados, si después del bautismo sufren mayores tentaciones, no se turben por ello, como si fuera cosa que no era de esperar.. ..... (sigue)

[4] Cf. San Juan Bautista de La Salle. Meditaciones 1-2 VAS

 
           

EXCURSUS

           
  4,01 Entonces fue conducido Jesús... X     4,01 Entonces fue conducido Jesús... X  
 

Excursus

Manuscritos y Comunidad de Qumrán: [1] En 1947, en una de las cuevas ubicadas en Khirbet Qumrán, un tell[1], o “Ruinas de la Luna”, en el extremo noroccidental del Mar Muerto, fueron descubiertos por unos beduinos una gran cantidad de manuscritos de gran importancia histórica, que arrojaría luz sobre los escritos bíblicos y la comunidad de los esenios. Ya la Biblia menciona varias veces la existencia de estos restos, así el profeta Jeremías predice que Jerusalén surgirá de nuevo de sus escombros y florecerán como antes: “será reedificada la ciudad sobre sus colinas, y el palacio se asentará en su sitio[2]. Qumrán está ubicado sobre los acantilados que se hallan tras la estrecha franja costera, cerca del oasis de Ayin Feshja, en el lado noroccidental del Mar Muerto, en la desembocadura del Wadi[3] Qumrán, una zona que se encuentra situada algunos kilómetros al sur de la ciudad de Jericó[4], un lugar inhóspito dentro de una región desértica. Un sitio identificado por algunos investigadores como la Ciudad de la Sal[5]. El primer asentamiento posiblemente tuvo lugar a finales del siglo VIII a.C. en la época del primer templo y fue abandonado posteriormente, desarrollándose entre los siglos II y I a.C. en el reinado asmoneo de Juan Hircano I y reformado con Alejandro Janeo, que mantuvo su construcción hasta su destrucción


[1] Tell es una palabra árabe que designa las colinas bajas que se han ido formando a largo del tiempo. Constan de diversos estratos por la acumulación de material de los diversos periodos en que se han ido depositando.

[2] Cf. Jer.30,18

[3] Wadi es una palabra de origen árabe usada para denominar los cauces secos, estacionales, de ríos en regiones cálidas y áridas o desérticas. Estos cauces pueden tener hasta más de 100 m de anchura; sólo transportan agua durante breves temporadas, tanto en la época del año en que ocurren como en la cantidad de lluvia. Muchos ríos en la península Ibérica comienzan por "Guad-", especialmente en el sur y posiblemente recibieron su nombre por conformar wadis en su recorrido.

[4] Era una ciudad que data de tiempos inmemoriales, era conocida como la ciudad de las palmeras (Dt.34.3). Jericó estaba situada a orillas del río Jordán en la ribera occidental, en el extremo norte del Mar Muerto y a unos 27 Km. de Jerusalén. Fue una ciudad fuertemente amurallada y destruida en tiempos de Josué sería más tarde reconstruida en el reinado de Acab en el siglo IX a.C. Posteriormente Herodes el Grande construyó la Jericó Neotestamentaria al suroeste de la antigua. En junio del 68 los soldados romanos conquistaron la ciudad de Jericó.

[5] Cf. Jos.15,61-62

   
por las tropas romanas durante la Guerra Judía en el 68 de nuestra era, y nunca más sería repoblado. Plinio[6] había descrito la zona como sede de una numerosa colonia de esenios[7], de la palabra aramea “essén” = “piadoso”. En el año 66 los judíos se sublevaron contra las autoridades romanas y el emperador Nerón mando sus legiones al mando del general Vespasiano, que desembarcó al norte del país. Al acercarse la décima legión romana, a los esenios les entró el pánico y ocultaron su magnífica biblioteca en las cuevas de los alrededores. Los pergaminos fueron guardados de forma precipitada en las cuevas. Después del año 68, el complejo fue ocupado durante varias decenas por los soldados romanos. Posteriormente se refugiarían en la zona los seguidores de Bar Koqueba durante la segunda insurrección judía contra Roma (132-135). Este acontecimiento está relacionado con los descubrimientos del Wadi Murabba'at y Nahal Hever. Después fueron abandonados los edificios y las ruinas han servido de refugio a los transeúntes. Las excavaciones realizadas en el tell de Khirbet Qumrán muestran unas ruinas de forma aproximadamente cuadrangular y de unos 80 m. de lado, en la que su parte central está formada por un rectángulo de 37 m. de largo por 29 m. de ancho. Llama la atención las numerosas cisternas halladas alrededor del edificio central, una de ellas procede de los siglos VIII-VII a.C. Posiblemente fuera construida por el rey Osías: “Construyó también torres en el desierto y excavó muchas cisternas, pues poseía numerosos ganados en la Tierra Baja...[8]. Una gran grieta atraviesa todo el conjunto de norte a sur y que puede ser debida al terremoto que describe Josefo[9] del año 31 a.C. Se ha hallado diversos edificios. ..... (sigue)


[6] Cayo Plinio segundo, conocido como Plinio el Viejo, un escritor e historiador romano nacido el año 23 d.C. en Novocomum, la actual Italia, autor de la “Historia Natural”, que comprende 37 libros, una enciclopédica obra donde se recogen los conocimientos científicos de la época. Su sobrino, Plinio el Joven, en una de sus Epístolas, la tercera, nos ha dejado un catálogo de su monumental obra, de la que sólo conservamos su “Historia Natural”. Al producirse la erupción del Vesubio en el año 79, viajó a estudiarla y su deseo de conocer todos los fenómenos naturales, fue la causa de su muerte. Murió asfixiado víctima de los humos. Al morir, dejó a su sobrino ciento setenta volúmenes de lecturas selectas.

[7] Cf. Plinio el Viejo. Historia Naturalis V,17
[8] Cf. 2 Cr.26,10
[9]
Josefo. Antigüedades Judías. 15.5,2

 
           

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