S02.03 4,03

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Mt.4,03

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,03 Y acercándose el tentador... E  
 

a.      Y acercándose el tentador le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.

Palabras clave

Tentador:                      1 Tes.3,5

Hijo de Dios:                  Ap.2,18b

Panes:                            Am.8,11; Lc.4,3

A.T.

Amós

Amo.8,11         He aquí que vienen días – oráculo del Señor – que yo mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua , sino de oír la palabra del Señor.

N.T.

San Lucas

Lc.4,3              Entonces le dijo el diablo: Si eres Hijos de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

Tesalonicenses

1 Tes.3,5         Y por eso yo, no resistiendo ya más, envié para informarme de vuestra fe, preocupado por si os hubiera seducido el tentador y nuestro trabajo hubiera resultado infecundo.

Apocalipsis

Ap.2,18b         Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene los ojos como llama de fuego y los pies como metal precioso.

   

Explicación

[1] El evangelista pone en relación las tentaciones con la narración anterior del bautismo. Después de haber ayunado durante cuarenta días Jesús estaba débil y el diablo aprovecha esa oportunidad para tentarle. Satanás aprovecha cualquier debilidad para tentarnos. Ahora quiere tentar a Jesús, en realidad, esta tentación afirma su condición de hombre. Tentó a nuestros primeros padres en el Paraíso, tentó a Israel en el desierto y San Pedro comenta: “pues vuestro adversario el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar[1]. En esta ocasión dice San Mateo que se acercó a Jesús el tentador y le dijo: Si eres Hijo de Dios. El diablo bien sabía que era Hijo de Dios, pues los demonios llaman a Jesús, Hijo de Dios: “¿Qué tenemos que ver contigo Hijo de Dios?[2]. Pero Satanás no quiere que los hombres crean que Jesús es el Hijo de Dios, porque al creer esta verdad reveladora, centro de la revelación, son salvos: “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre[3]. Ser Hijo de Dios representa para el diablo poder y gloria, en cambio, para los hijos de Dios, la filiación divina es cumplir la voluntad de Dios. El diablo propone al Señor que convierta las piedras en panes. Jesús rehúsa usar su poder para satisfacerse a sí mismo y renuncia emplear sus poderes y hacer una demostración de su fuerza al demonio. Ser Hijo es fiarse incondicionalmente del Padre celestial, aceptar cualquier modo de vida que nos mande. Su alimento, dirá más tarde, es cumplir su Voluntad. Jesús nos habla de un alimento espiritual, en basar nuestra vida en la meditación de la Palabra para no caer en tentación. Jesús nos enseña en esta tentación que la verdadera felicidad del hombre no radica en solucionar únicamente el problema del hambre físico, sino que es mucho más importante el alimento espiritual, dirá a sus discípulos: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra[4].


[1] Cf. 1 Pe.5,8  
[2]
Cf. Mt.8.29  
[3]
Cf. Ioh.20,31  
[4]
Cf. Ioh.4,34

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,03 Y acercándose el tentador... A      4,03 Y acercándose el tentador... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] En esta primera tentación el diablo pone a prueba la fidelidad de nuestro Señor a su propia misión, pero la tentación no consigue desviar a Jesús de su cometido. El diablo tienta al Señor empezando con las palabras Si eres Hijo de Dios. En el Antiguo Testamento, en el Libro del Génesis, se usa la expresión “hijos de Dios” para referirse a los hombres justos y piadosos descendientes de Set: “Cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos[1]. Con la llegada de la monarquía, en la profecía que Natán dirige al rey David dice un oráculo de Dios: “Yo seré para el padre y el será para mi hijo[2]. El título de “hijo de David” es equivalente al de “hijo de Dios, pero no es un título mesiánico, no hace referencia a una filiación real. En Jesús se cumplirá las palabras del profeta Natán: “Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme eternamente[3]. Con Jesucristo ─verdadero Dios y Hombre verdadero─ este título pasa a ser un título mesiánico. Jesús es el verdadero “Hijo Unigénito” enviado por el Padre: “Pero sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero; y nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna[4] . En estas palabras del demonio que nos relata San Mateo hay una cierta suspicacia, Satanás quiere sembrar la cizaña de la desconfianza. Si Jesús era Hijo de Dios, entonces, no podía sucumbir, rendirse a las necesidades humanas. Esta tentación de la filiación divina estará presente a lo largo de su vida pública hasta su muerte en la cruz: “Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz[5]. En el Nuevo Testamento Jesucristo aparece innumerables veces con el título de Hijo de Dios: Esto dice el Hijo de Dios, el que tiene los ojos como llamas de fuego y los pies como metal precioso[6]:

[1] Cf. Gén.6,4
[2] Cf. 2 Sam.7,14
[3]
Cf. 2 Sam.7,16
[4]
Cf. 1 Ioh.5,20
[5]
Cf. Mt.27,40
[6]
Cf. Ap.2,18

    «Los ojos como llamas de fuego, y los pies semejantes al metal precioso, son una mirada que juzga toas las cosas, y cuya carne inmaculada, que brilla como metal precioso, resplandecerá con la claridad del fuego»[7]. Pero el Señor defrauda a Satanás en sus esperanzas no revelándole su identidad. Escribe Cromacio de Aquileya «Por tanto, lo reta el diablo para tentarlo y lo sigue el Señor para vencerlo. Pero el enemigo comenzó el combate de semejante tentación diciendo al Señor: “Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” Así pues, desconocedor del misterio de la dispensación divina, pregunta lo que ignora. Pues es propio de alguien que duda esa palabra con la que intenta averiguar y dice: “Si eres Hijo de Dios”. Vemos por qué indaga cuando duda y por qué pregunta cuando ignora. Había oído ya al ángel anunciar a la Virgen que iba a dar a luz al Hijo de Dios. Había visto también que los Magos, una vez abandonado el error de su fatua ciencia, adoran suplicantes al niño recién nacido. Había visto también al Espíritu Santo descender como paloma después del bautismo. Había oído además la voz del Padre desde el cielo diciendo: “Este es mi hijo”. Había oído también a Juan dando público testimonio: “Este es el que quita el pecado del mundo”. Perturbado pues por tan gran número de testimonios, quedó consternado en último lugar por estas palabras, y temió esto más que todo lo que había oído; porque, habiendo llenado él el mundo de pecados, oye que había llegado el pecado del mundo. Se había quedado, sí, aterrado por tantas palabras y de tal magnitud, pero no creía todavía plenamente, porque a quien había oído llamar Hijo de Dios lo veía entretanto hombre, y contemplaba en la carne al que había oído que quitaba el pecado del mundo. Por eso, tembloroso y lleno de pavor, por eso indaga si es verdad lo que ha oído. Vio ciertamente al Señor ayunar “cuarenta días con sus cuarenta noches” pero, desesperado, no quiso creer inmediatamente que fuera Hijo de Dios. Traía en efecto a la memoria que Moisés y Elías habían ayunado igualmente durante cuarenta días; por esto indaga si realmente es Hijo de Dios por medio de algún signo de poder que. ..... (sigue)

[7] Cf. Beato de Liébana. Comentario al Apocalipsis. Libro II, 4. BAC Mayor 76 I. Pág.219

 
           

EXCURSUS

           
  4,03 Y acercándose el tentador... X     4,03 Y acercándose el tentador... X  
 

Excursus

Teología de la Liberación: [1] La justa distribución de la riqueza es una de las condiciones necesarias para la reducción de las bolsas de pobreza en el mundo. No es justo que el diez por ciento de la población concentre el noventa por ciento de la riqueza. La Iglesia siempre ha condenado esta desigualdad social en el mundo. Escribe San Basilio: «¿Acaso es Dios injusto por el hecho de que los medios de vida estén repartidos desigualmente? ¿Por el hecho de que tú seas rico y el otro pobre? ¿No será más bien para que tú seas coronado para saber dar, y el otro para saber ser paciente? Pues entonces, ¿cómo es posible que tú creas no cometer agravio contra nadie, cuando lo encierras todo en los fondos insaciables de tu avaricia, y defraudas a tantos y tantos? Avaro es el que no se contenta con lo necesario, y ladrón el que quita lo suyo a otros. Y tú, ¿no eres avaro ni ladrón, si estás apropiándote de lo que se te dio sólo para que lo administres? Si llamamos ladrón a aquel que desnuda a un vestido, ¿vamos a llamar de otra manera al que no viste a un desnudo pudiéndolo hacer? El pan que tu retienes es del hambriento. Los vestidos que guardas en tus arcas son del desnudo. El calzado que se pudre en tu casa es del que va descalzo. Y en resumen: estás ofendiendo a todos cuantos puedes socorrer... ¿Cómo te pondría yo ante los ojos los sufrimientos del pobre, a ver si caes en la cuenta de que gemidos producen sus tesoros?»[1]. San Basilio en este texto pone el dedo en la llaga, nuestro tremendo egoísmo, la falta de solidaridad ante el prójimo, el mal reparto de los bienes, son la causa de las tremendas desigualdades que se dan en la sociedad. No se cuestiona la generación de riqueza, sino los enormes desequilibrios sociales. En el discurso que pronunció Benedicto XVI al recibir las cartas credenciales de cinco embajadores ante la Santa Sede, dijo: «No es posible utilizar impunemente las riquezas de los países más pobres, sin que estos últimos puedan participar en el crecimiento mundial. Las autoridades de todos los países tienen el deber de trabajar juntas para una mejor repartición de las riquezas y de los bienes del planeta. Dicha colaboración tendrá repercusiones sobre la solidaridad, la paz

[1] Cf. San Basilio. Homilía sobre la parábola del rico insensato. PG.31,261 ss. Vicarios de Cristo Ed. Trotta Pág.19

   
y la vida fraterna, tanto en el seno de cada país como entre los diversos países»[2]. La brecha entre países ricos y los países pobres sigue aumentando: «El escándalo de irritantes desigualdades entre ricos y pobres ya no se tolera, sea que se trate de desigualdades entre países ricos y países pobres o entre estratos sociales en el interior de un mismo territorio nacional. Por una parte, se ha alcanzado una abundancia, jamás conocida hasta ahora, que favorece el despilfarro; por otra, se vive todavía en un estado de indigencia marcado por la privación de los bienes de estricta necesidad, de suerte que no es posible contar el número de las víctimas de la mala alimentación. La ausencia de equidad y de sentido de la solidaridad en los intercambios internacionales se vuelve ventajosa para los países industrializados, de modo que la distancia entre ricos y pobres no deja de crecer. De ahí, el sentimiento de frustración en los pueblos del Tercer Mundo, y la acusación de explotación y de colonialismo dirigida contra los países industrializados»[2]. La nota característica de un alma cristiana es el amor por los pobres y por el prójimo; acercar al hombre el reino de Dios. Sólo en el conocimiento del Evangelio está la verdadera liberación. Es necesario promover proyectos y actividades que eviten la disparidad entre las distintas clases sociales como dice Juan XXIII: «Es cada vez más necesario promover también entre las clases sociales esa armoniosa unidad que se busca entre pueblos y naciones. Si esto no se logra, pueden nacer de ahí ─como ya estamos viendo─ mutuos odios y discordias, de los cuales resultarán tumultos, perniciosas revoluciones, y a veces mortandades, así como un paulatino empobrecimiento de la economía pública y privada, llevada a una situación crítica... Por consiguiente, quienes se atreven a negar la desigualdad de las clases sociales contradicen las leyes de la propia naturaleza, y quienes se oponen a esta amistosa e imprescindible unión y cooperación entre dichas clases pretenden, sin duda, perturbar y dividir la sociedad humana, con grave peligro y daño del bien público y del privado..., ciertamente cada una de las clases y diversas categorías de ciudadanos puede defender sus propios derechos, con la condición de que esto no se haga con violencia sino legítimamente, sin invadir injustamente los derechos. ..... (sigue)

[2] Cf. Benedicto XVI. Discurso 01-06-07 A cinco nuevos embajadores VAHF  
[3]
Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe. Libertatis Nuntius I  6-7 VARC

 
           

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