S02.03 4,04

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
Omnia  in  gloriam Dei  Facite
vera et una Trínitas, una et summa Deítas, sancta et una Unitas

02
Please, link this html page
http://www.iebsm.com/ 

Evangelio S. Mateo 03 Cronológico 03 Vaticano 05 Padres y Doctores 07 Lecturas Liturgia Horas 09 Plan de Vida 09

Mt.4,04

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,04 El respondiendo dijo... E  
 

a.      Él respondiendo dijo: Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que procede de la boca de Dios.

Palabras clave

Pan:                                Dt.8,3; Lc.4,4

Palabra:                         Dt.8,3: Rom.10,8

Boca de Dios:               Dt.8,3; Act.3,21; Rom.10,10-11

A.T.

Deuteronomio

Dt.8,3               Te humilló y te hizo pasar hambre. Luego te alimentó con el maná, que desconocías tú y tus padres, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor.

N.T.

San Lucas

Lc.4,4              Y Jesús le respondió: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre.

Hecho de los Apóstoles

Act.3,21          A quien es preciso que el cielo lo retenga hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas da las que Dios habló por boca de sus santos profetas desde antiguo.

Epístola a los Romanos

Rom.10,8         ¿Qué dice en cambio? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón: ésta es la palabra de la fe que predicamos.

Rom.10,10-11  Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa la fe para la salvación. 11 Ya que la Escritura dice: Todo el que cree en él no quedará confundido.

   

Explicación

[1] Cristo responde a Satanás con las palabras de la Escritura. Con su palabra Jesús vence al demonio y nos libera de sus garras poderosas. En su respuesta Jesús presenta la Palabra de Dios como pan. El Señor contesta así porque quiere vencer al diablo con la humildad y no mediante el poder. Esta contestación de Cristo es un testimonio tomado de Dt.8,3 que asocia pan y palabra y recuerda el alimento del mana caído del cielo con que Dios alimentó al pueblo judío. Dios cuida de sus hijos y no les deja sucumbir en las necesidades. Debemos depositar nuestra confianza en el Señor, sabiendo que todas nuestras necesidades se realizarán de acuerdo con su voluntad. El profeta Amós anuncia que llegarán tiempos en que Señor mandará a la tierra hambre de oír la Palabra de Dios: “Entonces vagarán de mar a mar, de norte a levante vagarán errantes en busca de la Palabra del Señor, pero no la encontrarán[1]. Esta Palabra de Dios, se encarna en Jesús y en la medida en que la acogemos transforma nuestra vida. Satanás quiere que actuemos independientemente de Dios. A través de la Sagrada Escritura, nos habla el Señor de su amor preferencial por los pobres y marginados. Cristo se complace en la pobreza y desnudez del hombre, su infinita misericordia se derrama especialmente con los pobres, teniendo con ellos los mismos efectos que aconseja San Pablo en la Epístola a los Filipenses: “Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús[2]. Nos recomienda el Apóstol que tengamos los mismos sentimientos de Cristo, el cristiano debe sentir igual que sintió Jesús, nuestra palabra debe ser una revelación de la Palabra de Dios. Pero además de la vida terrenal, en que se da la pobreza material, hay otra vida espiritual, en la que reina la pobreza espiritual, y en la que el cristiano vive siguiendo los preceptos del Señor, y aceptando su palabra vivificadora. El mundo esta cada vez más hambriento de este tipo de pobreza. El hombre tiene necesidad, sobre todo de Dios; experimenta una necesidad innata de conocer a Dios. San Pablo, en el Areópago, al dirigirse a los atenienses los habla de esta presencia misteriosa de Dios en el hombre: “Para que buscasen a Dios, a ver si. ..... (sigue)


[1] Cf. Amo.8,12  
[2]
Cf. Flp.2,5

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,04 El respondiendo dijo.... A      4,04 El respondiendo dijo.... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] El Señor vence al diablo con la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios[1]. Con esta misma arma podemos los cristianos vencer las tentaciones en la lucha contra el tentador; sufriendo con paciencia las adversidades como dice Santiago: “Bienaventurado el hombre que soporta con paciencia la adversidad, porque una vez probado, recibirá como corona la vida que Dios prometió a los que le aman[2]. Dice San Gregorio Magno: «Debemos considerar otra cosa, hermanos carísimos, en las tentaciones que experimentó el Señor, a saber: que, tentado por el diablo, le contestó con el precepto de la divina Sabiduría, y el que podía con una sola palabra de haber sumergido en lo profundo del abismo a su tentador, no quiso manifestar la fuerza de su poder: sólo opuso a sus sugestiones los preceptos divinos consignados en la Sagrada Escritura, para darnos un ejemplo de paciencia y para que siempre que suframos alguna cosa por parte de los hombres nos excitemos más bien a enseñar que a tomar venganza. Considerad bien cuánta es la paciencia de Dios y cuánta nuestra impaciencia. Si nosotros somos provocados por alguna injuria o por algún daño, impulsados por el furor, o nos vengamos cuando podemos, o amenazamos hacer lo que no podemos, Ved, pues, de qué manera toleró el Señor las tentaciones del demonio, y que nada opuso a sus sugestiones más que palabras de mansedumbre. Tolera al que podía castigar, para que esa conducta cediera más en la alabanza suya si vencía a su enemigo, no destruyéndole sino consintiéndole»[3]. Escribe San Juan de Ávila: «Notad y aprended de Cristo a responder al demonio con palabras santas de la Sagrada Escritura. En los libros santos habías de leer ciertas horas desocupadas para entender en ello y para ejercitaros en las palabras del Señor, para hallaros apercibidos en las tentaciones. No se hace así y por eso andáis como andáis»[4]. Y en su Tratado sobre el sacerdocio, dice: «Y por no contar cada cosa de por sí de lo mucho que en esto hay que decir, lo sumaremos en que esta Palabra
 

[1] Cf. Ef.6,17  
[2]
Cf. San.1,12  
[3]
Cf. San Gregorio Magno. Homilía 16 in Evangelia. Ed. Rialp Pág.114
[4]
Cf. San Juan de Ávila. Sermón Dom. I de Cuaresma BAC O.Completas T.2 Pág.184

    que del cielo descendió a este mundo vino haciéndose hombre; el cual alumbró la tierra con su doctrina y ejemplos, como verdadero sol y verdadera luz; y embriagóla,  consolándola y alegrándola, dando vista a los ciegos, oído a los sordos, y salud a los enfermos de grandes y diversas enfermedades, y aun resucitando los muertos; y después vino en la cruz, muy bastante para ganar a los hombres la vida bienaventurada que no tiene fin. Mas todos estos bienes que la Palabra de Dios increada obró en los cuerpos de los hombres y los que ganó, mediante su pasión, para las almas, los obra y efectúa mediante su Palabra que acá dejó. Con ésta alumbra nuestras ignorancias, enciende nuestra tibieza, mortifica nuestras pasiones y, lo que es más, resucita las almas muertas, que es mayor obra que criar cielos y tierra. Con esta Palabra hiere al Señor y da salud, mortifica y da vida, mete a los infiernos y saca de allí, humilla y ensalza, porque con temor de su justicia hace temblar al pecador y conocerse por digno del infierno; y con la dulcedumbre de sus palabras, que prometen misericordia a los penitentes, consuela al lloroso, y levanta al caído, y hace confiado al que estaba por desesperar; y no sólo le libra de la muerte, mas dale mantenimiento de vida»[5]. Con su contestación Jesús nos enseña a vencer las tentaciones mediante la humildad: Dice San Jerónimo: «Este testimonio está tomado del Deuteronomio[6]. El Señor respondió así porque su intención era vencer al diablo por la humildad y no por el poder. Observemos igualmente que si el Señor no hubiera comenzado por ayunar, el diablo no hubiera tenido ocasión de tentarlo, según estas palabras: “Hijo, si te llegas a servir al Señor, prepara tu alma para la prueba[7]. Pero la respuesta del Salvador también indica que era hombre aquel que era tentado. “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Por tanto, el que no se alimenta de la Palabra de Dios, no vive»[8]. San Ireneo, comentando este versículo, escribe: «Moisés, en el Deuteronomio, dice al pueblo: El Señor, nuestro Dios, hizo. ..... (sigue)

[5] Cf. San Juan de Ávila. Tratado sobre el sacerdocio. 7,46-47 BAC mayor 64 Pág.945
[6]
Cf. Dt.8,3  
[7] Cf. Eco.2,1  
[8]
Cf. San Jerónimo. Comentario al Ev de Mateo 1.4,4 CCL 77,20; BPa 45,52. BPI NT 1a 108 

 
           

EXCURSUS

           
  4,04 El respondiendo dijo.... X     4,04 El respondiendo dijo.... X  
 

Excursus

La Revelación: Dios al encuentro del hombre [1] La palabra revelación viene de “revelar”, y tiene su origen en la palabra griega apokalyptein que significa “quitar el velo”, o “descubrir”. La revelación es la manifestación y voluntad de Dios a los hombres que hace de Sí mismo y de aquellas otras verdades necesarias o convenientes acerca de su salvación eterna. «La antigüedad había justificado el dilema de la religión, la separación de la verdad de lo que se conoce mediante la filosofía, con la idea de las tres teologías que existían entonces: física, política y mítica. Había justificado la separación de mito y logos con los sentimientos del pueblo y la utilidad del Estado... La opción original cristiana es completamente distinta. La fe cristiana optó, como hemos visto, por el Dios de los filósofos frente a los dioses de las religiones, es decir, por la verdad del ser mismo frente al mito de la costumbre. Ésta fue la razón por que se tachó de ateos a los miembros de la Iglesia primitiva. La Iglesia rechazó todo el mundo de la antigua religio, no acepto nada de ella, la consideraba una pura y simple costumbre vacía que se alzaba contra la verdad. Para los antiguos, el Dios de los filósofos, que ya no tenía sitio, no era religiosamente significativo... Justamente en la sospecha de ateísmo que tuvo que afrontar el cristianismo primitivo es donde se ve con toda claridad su orientación espiritual, su opción frente a la religio y la costumbre carente de verdad, su opción exclusiva por la verdad del ser»[1]. Pero todo problema político y social lleva implícito la cuestión del problema de Dios, dice Donoso Cortés: «Proudhon[2] ha escrito en sus estas notables palabras: “Es cosa que admira el ver de qué manera en todas nuestras cuestiones políticas tropezamos siempre con la

[1] Cf. Card. Joseph Ratzinger. Introducción al cristianismo. Sígueme Pág.120

[2] Filósofo y revolucionario francés, padre del anarquismo. Pierre Joseph Proudhon nace en Besançon, en 1809 en el seno de una familia obrera. A la edad de 16 años abandona los estudios de bachillerato y se pone a trabajar.  En 1840 publica su obra “¿Qué es la propiedad?”, que le hace famoso. En 1846 publica “Filosofía de la miseria” en la que se constituye portavoz del socialismo libertario. En 1849 escribe las “Confesiones de un revolucionario”, obra por la que es apresado y condenado. En 1858 publica “Sobre la Justicia en la Revolución y la Iglesia”, que le vale una nueva condena y el exilio a Bélgica por su ataque contra la moral y la religión.  Muere en París en 1863.

   
teología”[3]. Nada hay aquí que pueda causar sorpresa, sino la sorpresa de M. Proudhon. La teología, por lo mismo que es la ciencia de Dios, es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas. Todas ellas estuvieron antes de que fueran y están después de creadas en el entendimiento divino; porque, si Dios las hizo de la nada, las ajustó a un molde que está en Él eternamente Todas están allí por aquella altísima manera con que están los efectos en sus causas, las consecuencias en sus principios, los reflejos en la luz, las formas en sus eternos ejemplares. En Él están juntamente la anchura de la mar, la gala de los campos, las armonías de los globos, las pompas de los mundos, el esplendor de los astros, las magnificencias de los cielos. Allí está la medida, el peso y número de todas las cosas; y todas las cosas salieron de allí con número, peso y medida. Allí están las leyes inviolables y altísimas de todos los seres, y cada cual está bajo el imperio de la suya. Todo lo que vive, encuentra allí las leyes de la vida; todo lo que vegeta, las leyes de la vegetación; todo lo que se mueve, las leyes del movimiento; todo lo que tiene sentido, la ley de las sensaciones; todo el que tiene inteligencia, la ley de los entendimientos; todo el que tiene libertad, la ley de las voluntades. De esta manera puede afirmarse, sin caer en el panteísmo, que todas las cosas están en Dios y que Dios está en todas las cosas»[4]. La Teología es la ciencia que trata del estudio de Dios, que se nos ha dado a conocer por medio de la Revelación. Dice Newman: «La teología es el principio fundamental y ordenado de todo el sistema de la Iglesia.  Está basada en la Revelación y la Revelación es la idea inicial y esencial del cristianismo. Es el objeto mismo, la causa formal, la expresión de la función profética, y como tal, ha creado a la vez la función de soberanía y la función de sacerdocio. Y posee un poder de jurisdicción sobre estas funciones… Papas como Liberio, Virgilio, Bonifacio VIII y Sixto V, impulsados por motivos temporales del momento, parecen haber deseado a veces, sin conseguirlo no obstante, aventurarse más allá de los límites de la teología; y por otra parte, hombres de un fervor inmoderado forman. ..... (sigue)

[3] Cf. Pierre Joseph Proudhon. Confesiones de un revolucionario  
[4]
Cf. Juan Donoso Cortés. Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo 1,1

 
           

Web en Construcción