S02.03 4,05

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Mt.4,05

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,05 Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa... E  
 

a.      Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo.

Palabras clave

Diablo:                            1 Ioh.3,8b

Ciudad Santa:               Neh.11,1; Is.12,1; Mt.27,53; Ap.22,19

Templo:                         Lc.4,9; Ap.11,2  

A.T.

Nehemías

Neh.11,1          Los jefes del pueblo residieron en Jerusalén. En cuanto al resto del pueblo se hizo un sorteo para que uno de cada diez viniera a vivir en Jerusalén, la ciudad santa, y los otros nueve quedaran en las ciudades.

Isaías

Is.52,1             ¡Despierta, despierta, vístete de tu fortaleza, Sión! ¡Vístete con tus ropas de gala, Jerusalén, ciudad santa! Que ya no volverá a entrar en ti, incircunciso ni impuro. 

N.T.

San Mateo

Mt.27,53          Y saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos

San Lucas

Lc.4,9              Entonces lo llevo a Jerusalén, lo puso sobre el pináculo del Templo.

Epístolas San Juan

1 Ioh.3,8b        Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del  diablo.

Apocalipsis

Ap.22,19         Y si alguien quita alguna de las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la vida y en la Ciudad Santa, que se han descrito en este libro.

   

Explicación

[1] Para tentarlo de nuevo, después de intentarlo en la primera con el hambre, en esta segunda tentación, el diablo lleva al Señor a unos 30 Km. de donde tiene lugar la primera tentación. Esta ocasión lo intenta con la vanagloria, no se trata aquí de que Jesús desconfié de la presencia protectora de Dios, sino de hacerle intervenir para que obre un milagro en que manifieste públicamente su poder: “Entonces le dijeron sus hermanos: Márchate de aquí y vete a Judea para que también tus discípulos vean las obras que haces[1]. El diablo quiere instrumentalizarlo y que Jesús obre de forma contraria a la voluntad de Dios. Pero para Jesús, cumplir la voluntad de Dios, era sinónimo de servicio y sufrimiento y no usarla en beneficio propio. El diablo lleva a Jesús a la Ciudad Santa, es decir, la ciudad que es propiedad de Dios, centro de culto del pueblo judío. Después de la construcción por Salomón del Templo en la colina de Sión, Jerusalén se convierte en la Ciudad Santa. La mayoría del pueblo hebreo se conformaba con volver a ver la Ciudad Santa. Pero encontrar a Dios exige la renuncia del pecado y una vuelta a la conversión. El profeta Isaías en numerosos pasajes llamará a Jerusalén Ciudad Santa: “Porque lleváis el nombre de la Ciudad Santa y os apoyáis en el Dios de Israel[2]. Isaías tendrá una visión en la que verá una multitud de gente que corre a Sión, la Ciudad Santa que acoge el templo, la casa del Señor. El profeta los contemplará como ríos que fluyen a la ciudad de la paz: “y acudirán pueblos numerosos. Dirán: Venid, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos, y nosotros sigamos sus senderos. Pues de Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra del Señor[3]. La Ciudad Santa es la Iglesia, porque el pueblo de Dios es un pueblo santo. Pero, en este Monte, si se apoya en el Señor, nadie sufrirá ningún mal: “Nadie hará daño, nadie hará mal, en todo mi santo Monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del Señor, como cubren las aguas el mar[4]. Cuando. ..... (sigue)


[1] Cf. Ioh.7,3  
[2]
Cf. Is.48,2  
[3] Cf. Is.2,3  
[4]
Cf. Is.11,9

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,05 Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa... A      4,05 Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Santo Tomás de Aquino comentando este versículo dice: «Algunos sostienen que todas las tentaciones tuvieron lugar en el desierto. De ellos, algunos dicen que Cristo no fue conducido realmente a la Ciudad Santa, sino sólo en visión imaginaria. Otros opinan que se llama desierto a la propia Ciudad Santa, es decir, a Jerusalén, porque estaba abandonada de Dios. Pero no es necesario nada de esto, porque Mc.1,13 dice que era tentado en el desierto por el diablo, pero no dice que lo fuera solamente en el desierto»[1]. Y escribe San Gregorio Magno: «Algunos suelen dudar por qué espíritu fue llevado Jesús al desierto. Por ello se añade: lo llevó el diablo a la santa ciudad. Pero verdaderamente y sin vacilación alguna se entiende por todos y se cree que fue llevado por el Espíritu Santo, para que su Espíritu lo llevase a aquel lugar, en donde el espíritu maligno habría de tentarlo... Pero cuando se dice que Dios-hombre fue llevado por el demonio a la Ciudad Santa, los oídos humanos se escandalizan. El diablo es la cabeza de todos los malos. ¿Qué tiene de particular el permitir ser llevado por él a la Ciudad Santa, cuando permitió que sus miembros lo crucificasen?»[2]. En el mesianismo judío era frecuente que el Señor mostrará su poder mediante prodigios y signos, así leemos en el Eclesiástico: “Que te reconozcan, como nosotros hemos reconocido que no hay Dios fuera de ti, Señor. Renueva las señales, repite tus maravillas, glorifica tu mano y tu brazo derecho[3]. Por supuesto que para mostrar que era verdadero Dios, Jesús realiza muchos milagros, pero en esta ocasión, quiere mostrarnos el Señor que para vencer a Satanás es suficiente la confianza en Dios aceptando en todo momento su Santísima Voluntad. El Señor nos invita a todos, en su Monte santo, al festín divino, a un festín de manjares suculentos, como dice Isaías: “Hará el Señor de los ejércitos a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos: manjares de tuétanos, vinos depurados[4]. Aquí, monte designa a Sión-Jerusalén. Isaías

[1] Cf. Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica III a q.41 a.2 ad.3 BAC mayor 31  
[2]
Cf. San Gregorio Magno. Homiliae in evangelia, 16,1.5  
[3] Cf. Eco.36,4-5 [4] Cf. Is.25,6

   

describe la llamada de Dios al banquete del Reino de los Cielos. Este convite es símbolo de la Eucaristía, en donde el Señor nos llama para que nos acerquemos a Él a la mesa que nos ha preparado. Dice San Juan Crisóstomo: «Considera qué gran honor se te ha hecho, de qué mesa disfrutas. A quien los ángeles ven con temblor, y por el resplandor que despide no se atreven a mirar de frente, con Ése mismo nos alimentamos nosotros, con Él nos mezclamos, y nos hacemos un mismo cuerpo y carne de Cristo»[4]. Anteriormente al rey David el monte Sión estaba habitado por los Jebusitas. Según la tradición el monte Sión se identifica con la ciudad en el que el rey David será sepultado: “David se acostó con sus padres y le sepultaron en la Ciudad de David[5]. El monte en el que se había edificado el Templo será figura del cuidado amoroso de Dios. En la mayoría de las religiones el monte es el lugar donde reside la divinidad. En la tradición judía existía un paralelismo entre el Monte Sinaí, donde Dios se aparecerá a Moisés, y el Monte Sión, donde se construirá el templo, ambos serán figura del monte donde reina el Señor: “de parte del Señor de los ejércitos, el que reside en el monte Sión[6]. Sión será el monte al que acudirán todos los pueblos, como expresa San Pablo: “Sino que vosotros os habéis acercado al Monte Sión, a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, a la asamblea gozosa[7]. En numerosos textos del Antiguo Testamento Sión será el lugar desde donde empezará a reinar el Mesías: “Ya tengo yo consagrado a mi rey en Sión mi monte santo[8].

[2] Todos los pueblos de la tierra y todas las naciones, incluso las consideras paganas, acudirán a la Nueva Jerusalén y a su Monte Santo: “Así dice el Señor: Me he vuelto a Sión, y en medio de Jerusalén habito, Jerusalén se llamará ‘Ciudad de Fidelidad’, y el monte del Señor de los Ejércitos, ‘Monte de Santidad’. Así dice el Señor de los Ejércitos. Aún se sentarán viejos y viejas en las plazas de Jerusalén, cada cual con su bastón en la mano, por ser muchos. ..... (sigue)

[4] Cf. San Juan Crisóstomo. Homilías sobre San Mateo 82,4. HD T.4 P.563
[5]
Cf. 1 Re.2,10  
[6] Cf. Is.8,18  
[7]
Cf. Hb.12,22  
[8]
Cf. Ps.2,6

 
           

EXCURSUS

           
  4,05 Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa... X     4,05 Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa... X  
 

Excursus

Templo antiguo y Templo nuevo: El cristiano como Templo de Dios: [1] Desde los tiempos remotos, el hombre, como criatura creada por Dios, tenía el derecho y el deber de dar culto a su Dios. La montaña en las antiguas civilizaciones era el lugar de encuentro con las divinidades, sin duda, porque sus cimas rozaban el cielo. En Mesopotamia se creía que los dioses tenían su morada en las montañas. Debido a esta relación entre las divinidades y las montañas, éstas han sido el lugar de culto preferido. En todas las religiones, siempre se ha construido edificaciones donde poder ofrecer culto y entrar en comunicación con la divinidad. La palabra Templo deriva de la palabra latina “Templum” y significaba el espacio delimitado que el augur romano definía con ayuda del báculo y en el cual advertía los fenómenos naturales como el vuelo de las aves. La palabra templo estaba, pues, relacionada con la observación de los fenómenos del espacio. De ahí pasó a significar todo espacio sagrado, generalizándose posteriormente como el edificio dedicado a Dios, o a un dios. El edificio comienza con su orientación, y fue descrito por Vitrubio[1], se orientaba el edificio mediante un gnomon y se realizaban las tres operaciones básicas del trazado, su orientación y la definición de los ejes cardinales. La orientación establecía una relación entre el orden divino y humano, no es de extrañar, por tanto, el nombre dado a los “zigurats[2] de Caldea, conocidos como el “lugar entre el cielo y la tierra”. Las torres babilónicas escalonadas son una imagen del monte en que residía la divinidad. Jacob, tendrá

[1] Marco Vitrubio,  nació en el siglo I a.C. en Roma, arquitecto e ingeniero. Gracias a Plinio el Viejo conocemos su tratado “De architectura”. De su actividad constructiva sólo se conoce el templo de Fortuna en Fano, que el mismo menciona es su libro. En el Renacimiento, sirvió de referencia para conocer las manifestaciones arquitectónicas de la antigüedad greco-latina.

[2] Se trata de un tipo de arquitectura sumeria de forma de pirámide escalonada. Según los restos arqueológicos encontrados consistía en una gran terraza en la que se alzaba tres pisos rectangulares, cada uno de menor tamaño y en el que probablemente los primeros eran altares dedicados a la divinidad y el tercero se dedicaba a observaciones astronómicas. Los zigurats podía llegar a tener siete pisos. Simbólicamente el templo representaba una gran escalera por la que la divinidad podía descender a la tierra. Algunos investigadores sostienen que la bíblica torre de Babel era la “ziqqurratu” de Babilonia. El historiador griego Heodoto la describió con 8 niveles, y una altura aproximada de 60 metros, el equivalente a 20 pisos.

   

un sueño en el que ve una escalera, medio de unión entre el cielo y la tierra, en el que ascienden y descienden los ángeles por ella. Según esta interpretación, la base sería la puerta del cielo y en la cúspide estaría el Señor. San Isidoro dice que también «se denominaba templo al lugar dispuesto en dirección al oriente, derivando entonces su nombre de la “contemplación”. Sus partes eran cuatro: la frontal, orientada al levante; la posterior mirando al ocaso; la izquierda con vista al norte; y la derecha, dirigida al sur. Por eso cuando iban a erigir un templo, miraban al oriente equinoccial de manera que pudiera trazarse una línea desde el oriente al occidente que dividiera el cielo a derecha e izquierda en dos partes iguales; se hacía así con el fin de que quienes meditaran e hicieran oración pudieran mirar hacia oriente»[3]. Este simbolismo se halla presente en el Antiguo Testamento, donde el templo significa la presencia de Dios entre los hombres. Al contrario del Nuevo Testamento, en que el templo será sustituido por Jesucristo y su cuerpo místico, la Iglesia, en donde se producirá el fenómeno integrador de toda la humanidad. Será Babel la primera construcción mencionada en la Biblia, en la que el hombre por sus propios medios puede encontrase con Dios. Pero el hombre quiere ser autosuficiente y valerse por sus propios medios, sin contar con los planes de Dios: “¡Vamos a edificarnos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo! Así nos haremos famosos, para no dispersarnos por toda la faz de la tierra”[4].

[2] Esta sentimiento de orgullo representa el crecimiento del mal y como consecuencia se produce en la humanidad una situación de dispersión. Comentando este pasaje escribe San Agustín: «Mas, ¿qué iba a hacer la vana presunción de los hombres? Por más que levantaran una mole de piedra hacia el cielo y contra Dios, ¿cuándo trascendería los montes? ¿Cuándo escaparía al espacio de este aire terrestre? ¿En que puede dañar a Dios cualquier elevación de cuerpo o espíritu por grande que sea? El camino verdadero y seguro para llegar al cielo es la humildad. Ella levanta el corazón en alto hacia el Señor, no contra el Señor»[5]. Dice la Lumen Gentium: «Consumada,

[3] Cf. San Isidoro. Etymologiarum XV. 4.6: BAC 647, Pág. 1071  
[4]
Cf. Gén.11,4  
[5]
Cf. San Agustín. De civitate Dei. 16,4 SBA T.I Pág.90

 
           

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