S02.03 4,06

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
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Mt.4,06

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,06 Y le dijo: Si eres Hijo de Dios... E  
 

a.      Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está: Dará órdenes acerca de ti a sus ángeles, de que te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pié contra alguna piedra.

Palabras clave

Hijo de Dios:                  Ps.110,3; Mt.27,43; Mc.15,39; Lc.10,11

Ángeles:                        2 Cor.11,14-15; Lc.10,11

Tropezar:                      Ps.91,11-12; Lc.10,11

A.T.

Salmos

Ps.91,11-12    Que el dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos. 12 Te llevará ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tus pies.

Ps.110,3         Para ti el principado el día de tu nacimiento, en esplendor sagrado desde el seno, desde la aurora de tu juventud.

N.T.

San Mateo

Mt.27,43         confió en Dios, que le salve ahora si le quiere de verdad, pues dijo: Soy Hijo de Dios.

San Marcos

Mc.15,39        El centurión, que estaba enfrente de él, al ver como había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.

San Lucas

Lc.10-11          y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate de aquí abajo, porque, escrito está: Dará órdenes acerca de ti a tu ángeles para que te protejan 11 y te lleven en sus manos, no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra.

Epístolas Corintios

2 Cor.11,14-15   Y nada tiene de extraño, pues el mismo Satanás se transforma en ángel de luz. 15 Por tanto, no es mucho que también sus ministros se transfiguren en ministros de justicia; su fin será según sus obras.

   

Explicación

[1] El diablo cita las Escrituras, fuera de contexto, en su propio beneficio para tentar a Cristo, le sugiere un mesianismo espectacular, en vez de una salvación basada en la cruz. El Salmo 91 que Jesús rezaba le daba pie para hacer una demostración de su mesianidad, pero el camino señalado por Dios es otro basado en el servicio a los demás. Jesús rechaza el camino que le ofrece el diablo y sigue el camino señalado por el Padre de servir a sus hermanos. Cristo no ha venido al mundo para dominar a los hombres, sino para servirlos, no quiere realizar acciones llamativas para atraernos a la fe, sino que quiere que sigamos su ejemplo. Satanás nos muestra aquí que la Palabra de Dios puede usarse erróneamente para propósitos no legítimos. En el Evangelio de San Mateo, el Señor nos previene de los falsos profetas: “Guardaos bien de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de oveja, pero por dentro son lobos voraces[1]. La Biblia es el tesoro más grande que tenemos los hombres, pero la interpretación correcta corresponde a la Iglesia a quien Jesús ha dado el poder y la autoridad. “Si alguno enseña otra cosa y no acepta las palabras de salvación, que son las de nuestro Señor Jesucristo y la doctrina que es conforme a la piedad, es un engreído y no sabe nada; pierde el juicio en disputas y palabrerías inútiles, de las que surgen las envidias, riñas, maledicencias y suspicacias[2]. Los obispos son los garantes de interpretar correctamente la doctrina de Jesucristo. El diablo al igual que todos los demás falsos profetas que le han seguido a lo largo de los siglos interpretan libremente las Escrituras. Esta libre interpretación ha sido el origen de casi todas las herejías y cismas a lo largo de los siglos se han producido basándose en falsas interpretaciones de la Biblia. ¡Que importante es contar con la existencia del Magisterio eclesiástico para la interpretación bíblica!.



[1] Cf. Mt.7,15  
[2]
Cf. 1 Tim.6,3-4

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,06 Y le dijo: Si eres Hijo de Dios.. A      4,06 Y le dijo: Si eres Hijo de Dios... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] En esta segunda tentación que nos presenta San Mateo, el diablo se nos muestra como exegeta de las Sagradas Escrituras, con intención de tergiversar el texto santo y torcerlo para su propia conveniencia. El Concilio de Trento enseña: «Nadie, apoyado en su prudencia, se atreva a interpretar la Sagrada Escritura, en materias de fe y costumbres... retorciendo la misma Sagrada Escritura según su propio juicio, contra el sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien corresponde juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Escrituras santas»[1]. San Pablo nos advierte de los falsos profetas que siendo seguidores de Satanás se visten de ministros de justicia[2], se disfrazan de ovejas pero son lobos rapaces. De ahí la responsabilidad que tienen los obispos al anunciar la Palabra de Dios. Dice San Agustín: «El Señor me dirigió la palabra en estos términos: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, diciéndoles. Acabamos de escuchar la lectura que se nos ha proclamado, y por ello debo decir algo para comentarla. Dios me ayudará para que diga cosas verdaderas, si yo, por mi parte, no pretendo exponer mis propias ideas. Porque si os propusiera mis ideas, también yo sería de aquellos pastores que, en lugar de apacentar las ovejas se apacientan a sí mismos. Si, en cambio, hablo no de mis pensamientos, sino exponiendo la palabra del Señor, es el Señor quien os apacienta por mediación mía. Esto dice el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos!»[3]. Y añade: «El pastor negligente cuando se presenta la prueba no dice a la oveja: Hijo mío, si te llegas a servir al Señor, prepárate para las pruebas, mantén el corazón firme se valiente. Quien de esta forma habla da ánimo al débil y hace fuerte al que flaqueaba, afianzándole de tal modo en la fe que ya no pone más su esperanza en los éxitos del mundo. Pues si se acostumbra a poner su esperanza en los éxitos de este mundo, estos mismos éxitos lo llevarían a la perdición, ya que al sobrevenir las adversidades se conturbarían ante ellas y aun quizá

[1] Cf. Concilio de Trento. Dec. De libris sacris et de traditionibus recipiendir s. IV HD T.11 Pág.195  
[2]
Cf. 2 Cor.11,14-15  
[3]
Cf. San Agustín. Sobre los pastores. Sermón 46,1-2 CCL 41,529-530 SPa T.II Pág.305

    decaería totalmente»[4]. Muchos serán engañados por enemigos mortales de Cristo, con apariencia de inocencia y religiosidad, para seducir a los hombres. Satanás «no propone de entrada cosas evidentemente malas sino algo que tenga apariencia de bien, con el fin de desviar cuando menos al hombre de sus propósitos fundamentales, porque luego, una vez desviado por poco que sea, lo arrastrará con mayor facilidad al pecado: El mismo Satanás se transforma en ángel de luz. Después cuando ha conseguido que peque, lo amarra de tal forma que no deja que se levante... Dos pasos, pues, da el diablo: engaña, y tras engañar retiene en el pecado»[5]. De igual manera que en la primera ocasión el diablo comienza la tentación con las mismas palabras: “Si eres Hijo de Dios...”. Juan Pablo II, dice que en esta verdad se encuentra la clave de todo el Testamento y nos explica el sentido de estas palabras: «Hemos visto que, según la tradición de la Antigua Alianza, el Mesías es Rey y que este Rey Mesiánico fue llamado también Hijo de Dios, nombre que en el ámbito del monoteísmo yahvista del Antiguo Testamento tiene un significado exclusivamente analógico, e incluso, metafórico. No se trata en aquellos libros del Hijo “engendrado” por Dios, sino de alguien a quien Dios elige y le confía una concreta misión o servicio. En este sentido también alguna vez todo el pueblo se denominó “hijo”, como, por ejemplo, en las palabras que Yahvé dirigió a Moisés: “Tú dirás al Faraón: ...Israel es mi hijo, mi primogénito... Yo mando que dejes a mi hijo ir a servirme”. Así, pues, si se llama al Rey en la Antigua Alianza “Hijo de Dios”, es porque en la teocracia israelita, es Él representante especial de Dios. Lo vemos, por ejemplo, en el Salmo 2, en relación con la entronización del rey: Él me ha dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. También en el Salmo 88 leemos: "Él (David) me invocará diciendo: tú eres mi padre... y yo le haré mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra". Después, el Profeta Natán hablará así a propósito de la descendencia de David: "Yo le seré a él padre y él me será a mí hijo. Si obrare mal yo le castigaré...". No. ..... (sigue)

[4] Cf. San Agustín. Sobre los pastores. Sermón 46,10-11 CCL 41,536-538 SPa T.II Pág.314  
[5]
Cf. Santo Tomás de Aquino. Exposición de la oración dominical o Padrenuestro 6ª petición HD 7 Pág.348

 
           

EXCURSUS

           
  4,06 Y le dijo: Si eres Hijo de Dios... X     4,06 Y le dijo: Si eres Hijo de Dios... X  
 

Excursus

Filiación divina: [1] Ya desde el AT aparece la figura de Dios como imagen específica de Paternidad divina en la que el Señor está pendiente de nuestra salvación y se nos manifiesta de una forma tan humana. Dios es Padre de Israel: “Entonces tú dirás al Faraón: “Así dice el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito[1]. «La invocación de Dios como “Padre” es conocida en muchas religiones. La divinidad es con frecuencia considerada como "padre de los dioses y de los hombres". En Israel, Dios es llamado Padre en cuanto Creador del mundo. Pues aún más, es Padre en razón de la alianza y del don de la Ley a Israel, su “primogénito”. Es llamado también Padre del rey de Israel. Es muy especialmente “el Padre de los pobres”, del huérfano y de la viuda, que están bajo su protección amorosa. Al designar a Dios con el nombre de “Padre”, el lenguaje de la fe indica principalmente dos aspectos: que Dios es origen primero de todo y autoridad trascendente y que es al mismo tiempo bondad y solicitud amorosa para todos sus hijos. Esta ternura paternal de Dios puede ser expresada también mediante la imagen de la maternidad que indica más expresivamente la inmanencia de Dios, la intimidad entre Dios y su criatura. El lenguaje de la fe se sirve así de la experiencia humana de los padres que son en cierta manera los primeros representantes de Dios para el hombre. Pero esta experiencia dice también que los padres humanos son falibles y que pueden desfigurar la imagen de la paternidad y de la maternidad. Conviene recordar, entonces, que Dios transciende la distinción humana de los sexos. No es hombre ni mujer, es Dios. Transciende también la paternidad y la maternidad humanas, aunque sea su origen y medida: Nadie es padre como lo es Dios»[2]. Enseña Juan Pablo II: «Muchas plegarias de la literatura religiosa universal manifiestan la convicción de que el Ser supremo puede ser percibido e invocado como un padre, al que se llega a través de la experiencia de la solicitud amorosa del padre terreno. Precisamente esta relación ha suscitado en algunas corrientes del ateísmo contemporáneo, la sospecha de que la idea misma de Dios es la proyección de la imagen paterna. Esa sospecha, en realidad, es

[1] Cf. Ex.4,22  
[2]
Cf. Catecismo de la Iglesia católica. CIC n. 238-239. Pág.61

   
infundada. Sin embargo, es verdad que, partiendo de su experiencia, el hombre siente la tentación de imaginar a la divinidad con rasgos antropomórficos que reflejan demasiado el mundo humano. Así, la búsqueda de Dios se realiza “a tientas”, como dijo san Pablo en el discurso a los atenienses. Por consiguiente, es preciso tener presente este claroscuro de la experiencia religiosa, conscientes de que sólo la revelación plena, en la que Dios mismo se manifiesta, puede disipar las sombras y los equívocos y hacer que resplandezca la luz. A ejemplo de san Pablo, que precisamente en el discurso a los atenienses cita un verso del poeta Arato sobre el origen divino del hombre, la Iglesia mira con respeto los intentos que las diferentes religiones realizan para percibir el rostro de Dios, distinguiendo en sus creencias lo que es aceptable de lo que es incompatible con la revelación cristiana. En esta línea se debe considerar como intuición religiosa positiva la percepción de Dios como Padre universal del mundo y de los hombres. En cambio, no puede aceptarse la idea de una divinidad dominada por el arbitrio y el capricho. Los antiguos griegos, por ejemplo, llamaban también padre al Bien, como ser sumo y divino, pero el dios Zeus manifestaba su paternidad tanto con la benevolencia como con la ira y la maldad. En la Odisea se lee: “Padre Zeus, nadie es más funesto que tú entre los dioses. No tienes piedad de los hombres, después de haberlos engendrado y lanzado a la desventura y a grandes dolores”[3]. Sin embargo, la exigencia de un Dios superior al arbitrio caprichoso está presente también entre los griegos antiguos, como lo atestigua, por ejemplo, el “Himno a Zeus”, del poeta Cleante. En las sociedades antiguas, la idea de un padre divino, dispuesto al don generoso de la vida y próvido para proporcionar los bienes necesarios para la existencia, pero también severo y castigador, y no siempre por una razón evidente, se vincula a la institución del patriarcado y transfiere su concepción más habitual al plano religioso. En Israel el reconocimiento de la paternidad de Dios es progresivo y está continuamente amenazado por la tentación de la idolatría que los profetas denuncian con energía: “Dicen a un trozo de madera: Mi padre eres tú, y a una piedra: Tú me diste a luz[4]. En realidad para la experiencia religiosa

[3] Cf. Homero. Odisea XX 201-203
[4] Cf. Jr.2,27

 
           

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