S02.03 4,07

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
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Mt.4,07

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,07 Y le respondió Jesús... E  
 

a.      Y le respondió Jesús: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.

Palabras clave

Tentar:                           Ex.17,2; Dt.6,16; Ps.94,9; Mal.3,10; Lc.4,12: 1 Cor.10,9

Señor:                            Ex.17,2; Dt.6,16; Lc.4,12

A.T.

Éxodo

Ex.17,2            El pueblo entonces se quejó a Moisés: Danos agua para beber. Y les respondió. ¿Por qué os querelláis conmigo? ¿Por qué tentáis al Señor?

Deuteronomio

Dt.6,16             No tentaréis al Señor, vuestro Dios, como hicisteis en Masá.

Salmos

Ps.78,17-18     Pero ellos volvían a pecar contra él, a rebelarse contra el Altísimo en la estepa; 18 a Dios tentaron en su corazón reclamando manjar para su hambre.

Ps.78,40-41     ¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, le irritaron en aquellas soledades! 41 Otra vez a tentar a Dios volvían, a exasperar al Santo de Israel.

Ps.94,8-9         No endurezcáis vuestro corazón como en Meribá, como el día de Massá, en el desierto, 9 donde me pusieron a prueba vuestros padres, me tentaron aunque habían visto mi obra.

Malaquías

Mal.3,10a      Llevad el diezmo íntegro a la casa del tesoro, para que haya alimento en mi Casa; y ponedme así a prueba, dice el Señor, a ver si no os abro las esclusas del cielo.

N.T.

San Lucas

Lc.4,12            Y Jesús le respondió: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

Epístola a los Corintios

1 Cor.10,9       Ni tentemos al Señor, como lo tentaron algunos de ellos y perecieron, víctimas de las serpientes.

   

Explicación

[1] En la segunda tentación que nos muestra San Mateo Jesús   responde a Satanás con un pasaje tomado del Deuteronomio, enseñándonos que para vencerle en las tentaciones que nos presenta,    tan sólo es necesario depositar nuestra confianza en el Señor, sin hacerle recurrir a milagros, evitando peligros innecesarios. El Señor nos enseña en esta tentación a evitar situaciones embarazosas que nos hagan caer en la tentación. Tentar a Dios es ponerle a prueba, de palabra o de obra, exigiéndole signos extraordinarios que prueben la filiación divina de Jesús, pero el Señor se niega y acepta únicamente los designios de Dios. Es alcanzar el poder mediante la soberbia y no por medio de la humildad. Esta tentación anticipa su muerte en la Cruz: “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu. Y diciendo esto expiro[1]. Jesús hasta el final de su existencia en la tierra confió plenamente en su Padre, su único propósito fue cumplir su voluntad. Tentar a Dios es rebelarse contra él y endurecer el corazón antes las dificultades que se nos presentan y no confiar en la palabra del Señor. Debemos convertirnos a Dios de manera que nos de un corazón nuevo, como dice el profeta Ezequiel: “Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas[2]. No tentar a Dios es confiar en su misericordia infinita y en sus mandamientos a través de un camino de humildad y sufrimiento que conduce a la cruz, en donde se revela el verdadero amor, dice el Señor: “Nadie tiene amor más grande que el de dar uno la vida por sus amigos[3]. Tentar a Dios es poner a prueba nuestra fidelidad y nuestro amor por él. El demonio mediante esta tentación quiere hacernos fallar, cayendo en el pecado y la desesperación y creer que Dios nos ha abandonado, qué Dios no está entre nosotros. Al demonio hay que vencerlo no con milagros, sino mediante la paciencia y la confianza en Dios. A menudo, cuando surgen las dificultades, el hombre se desespera y pone en duda el poder de Dios o su presencia  junto a él, olvidando sus promesas.




[1] Cf. Lc.23,46b

[2] Cf. Ez.36,27

[3] Cf. Ioh,15,13

 

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,07 Y le respondió Jesús... A      4,07 Y le respondió Jesús... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] En esta tentación el demonio quiere poner a Dios a su servicio, pero Cristo reconoce esta actitud que consiste en tentar a Dios. Tentar a Dios, es un pecado contra la virtud de la religión, es exigir una señal de Dios como condición y eso sería dar muerte a la confianza que debemos depositar en el Señor. Dice el padre Elorduy: «El Espíritu Santo le lanza al desierto, colocándole entre las fieras como Adán en la soledad del paraíso, para que le observe el demonio. Mas ¿por qué o para qué observa el demonio a Jesús? Lo podía hacer con el doble fin de explorar la actitud interna de Dios respecto del mismo Cristo, o la de conocer el poder y las cualidades morales de Jesús. Ambas finalidades entran ─según Suárez─ en el concepto de tentar, y ambas se dieron en las tentaciones del Señor: “Porque aun entre los hombres , cuando se pide una cosa a alguien, para explorar su amor o propósito se dice correctamente que se le tienta; por eso no hay que limitar este término sólo a la exploración de alguna perfección que necesariamente conviene a Dios. Así, en el Dt.6,16 y Mt.4,7 se prohíbe tentar a Dios, y parece hablarse de este modo de tentar a Dios. Pues cuando el diablo pidió a Cristo: Échate abajo no parece que trate de probar la potencia divina, sino el afecto que Dios le profesaba, y por eso añade: Pues ha encargado a los ángeles respecto de ti… Y, con todo, Cristo le responde: No tentarás al Señor tu Dios[1]. El demonio observa a Cristo, lo mismo que había hecho con Eva y Adán, su grado de firmeza en la adhesión a Dios, tratando así de saber si pude conquistarle para su bando rebelde»[2]. El Catecismo de la Iglesia enseña que: «La acción de tentar a Dios consiste en poner a prueba, de palabra o de obra, su bondad y su omnipotencia. Así es como Satán quería conseguir de Jesús que se arrojara del templo y obligase a Dios, mediante este gesto, a actuar. Jesús le opone las palabras de Dios: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. El reto que contiene este tentar a Dios lesiona el respeto y la confianza que debemos a nuestro Creador y Señor. Incluye siempre una duda respecto a su amor, su providencia y su poder»[3]. Tentar a

[1] Cf. Francisco Suárez. De religione 2.1,1 C.2,16  
[2] Cf. Eleuterio Elorduy. El pecado original. BAC 389 Pág.157  
[3]
Cf. Catecismo de la Iglesia Católica. CIC nº 2119. Pág.471

    Dios es forzar los planes que la Divina Providencia nos tiene reservados. Así ocurrió con los judíos en Betulia en tiempos de Judit, que querían entregar la ciudad si Dios no les salvaba. A lo que Judit respondió: “¿Quiénes sois vosotros para tentar a Dios y poneros en su lugar entre los hijos de los hombres?. Vosotros que tentáis al Señor todopoderoso, que nunca entenderéis nada ni conoceréis en profundidad el corazón del hombre ni los razonamientos de su mente, ¿cómo os atrevéis  a sondear a Dios, que hizo todas las cosas, a conocer sus pensamientos y a comprender sus razonamientos? No, hermanos, no provoquéis la ira del Señor, nuestro Dios?[4]. San Agustín decía que tentar a Dios era alcanzar el poder por medio de la soberbia y no mediante la humildad: «“Pues ¿y si te tentase diciendo: Ya que eres cristiano, debes obrar los prodigios que otros han hecho? Desear tal cosa sería tentar a Dios, y muchos se han arrepentido por ello, como Simón el Mago”. Le gustó el poder de los milagros y no le agradó la humildad del que los hacía. Por eso el Señor, dirigiéndose a un discípulo que quiso seguirle maravillado por sus milagros y por el poder de obrarlos, viéndole soberbio y muy ajeno a buscar la senda de la humildad, le dijo que las raposas tenían cuevas y las aves del cielo nidos, pero que él carecía de una piedra para reclinar su cabeza. Del mismo modo, los hijos del Zebedeo pidieron los primeros puestos. “Ambicionaban el poder y no sabían que se consigue por la humildad y la pasión... ¿Cómo, pues, pensáis en la grandeza de mi reino, sin imitar mi humildad?” No tentemos, pues, a Dios queriendo milagros»[5]. Este versículo del Deuteronomio nos lleva al texto relatado el Éxodo, donde los israelitas, en Refidim, no tenían agua para beber y tentaron al Señor[6], ante las primeras dificultades que se presentan en el camino hacia la Tierra Prometida, el pueblo hebreo se queja contra Dios. «Según esto, el hombre tienta a Dios unas veces con palabras y otras con hechos. Hablamos con Dios en la oración valiéndonos de palabras. Por eso uno tienta expresamente a Dios en sus peticiones cuando le pide algo con la intención de explorar la ciencia, el poder o la voluntad divinas. También con hechos tienta uno expresamente a. ..... (sigue)

[4] Cf. Jud.8,12-14  
[5]
Cf. San Agustín. Enarrationes in Psalmos 90,6 y 7: PL 36,1165  
[6]
Cf. Ex.17,2

 
           

EXCURSUS

           
  4,07 Y le respondió Jesús... X     4,07 Y le respondió Jesús... X  
 

Excursus

Hermenéutica bíblica: [1] La palabra hermenéutica[1] deriva del verbo griego “hermeneuo”, que significa interpretar, explicar, traducir, poner en claro un texto. «El problema de la interpretación es un problema del hombre desde los orígenes, pues nos interesa, en cuanto hombres, entender el mundo en que nos encontramos y con ello entendernos también a nosotros mismos. En esta cuestión sobre la verdad de la realidad no empezamos nunca desde el punto cero. La realidad que hay que entender, nos sale más bien al encuentro concretamente al explicarla en el sistema de símbolos de cada cultura, que se manifiesta especialmente en el lenguaje. El entender humano está, por ello, situado histórica y comunitariamente. Pertenece así siempre a la interpretación también la apropiación de testimonios previos de la tradición… Hoy el problema de la interpretación se plantea de modo agudo. A causa de los radicales cambios culturales se ha hecho mayor la distancia entre los testimonios de la tradición y nuestra actual situación cultural. Esto ha llevado, sobre todo en el mundo occidental, a un fuerte cambio de actitud con respecto a las verdades, valores y actitudes tradicionales, a una revalorización unilateral de lo actual frente a lo tradicional y a una estima exclusivista de lo actual como criterio de pensamiento y de actuación. Además en la filosofía actual se ha hecho dominante, sobre todo por obra de Marx, Nietzsche y Freud, una hermenéutica de la sospecha, que no considera ya a la tradición como medio que trasmite la realidad originaria al presente, sino que la percibe como alienación y opresión. Sin embargo, sin una memoria creadora de la tradición, el hombre se entrega al nihilismo. Por ello, la crisis mundial presente de la tradición representa uno de los retos espirituales más fundamentales»[2]. El entender y comprender la verdad revelada por Dios es el instrumento básico de nuestra fe, escribe Newman: «En la alternativa, preferiría sostenes comenzar por

[1] Hermenéutica se relaciona con la figura del dios griego Hermes hijo de Zeus y mensajero de este, quien se encargaba de transmitir a los hombres los mensajes para que acataran las órdenes divinas. El hermeneuta, por lo tanto, se encarga de interpretar el sentido de los textos, haciéndolos más fácil de comprender y tratando de evitar todo malentendido.

[2] Cf. Comisión Teológica Internacional. La Interpretación de los Dogmas A.I.1-2

   
creer todo lo que se presenta, que no por dudad de todo. A mi juicio es la mejor forma de instruirse. En este caso, se descubren y se apartan pronto las contradicciones; y el error, que contiene siempre algunas parcelas de verdad, y la verdad que posee siempre una realidad que el error no tiene, se puede esperar, con la rectitud de intención y de los medios intelectuales, llegar a la verdad: el error se desprenderá del espíritu, mientras la verdad se desarrollará y se adueñará de él. Esto explica que tantos espíritus inquietos hayan llegado al catolicismo desde todos los puntos cardinales, ya que su punto de partida importa poco cuando se tienen los ojos y el corazón dispuesto para la verdad»[3]. El objeto principal de la hermenéutica bíblica será, pues, interpretar las Sagradas Escrituras y mediante su estudio llegar al conocimiento de Cristo. Pero no se puede interpretar correctamente la Escritura si no se identifica uno con Cristo, dice Santo Tomás de Aquino: «El corazón[4] de Cristo designa la sagrada Escritura que hace conocer el corazón de Cristo. Este corazón estaba cerrado antes de la Pasión porque la Escritura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión, porque los que en adelante tienen inteligencia de ella consideran y disciernen de qué manera deben ser interpretadas las profecías»[5]. Y San Josemaría escribe: «Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra —obras y dichos de Cristo— no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia. —El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida. Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?..." —¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante. Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. —Así han procedido los santos»[6]. Un termino sinónimo de hermenéutica es “exégesis”. La Exégesis bíblica es un intento de conocer lo que Dios. ..... (sigue)

[3] Cf. Cardenal Newman. An Essay in aid of a Grammar of Assent 245 Monte Carmelo. La Iglesia Pág.377

[4] Cf. Ps.21,15  
[5]
Cf. Santo Tomás de Aquino. Expositio in Psalmos 21,11  
[6]
Cf. San Josemaría. SJEB Forja 754 Pág. 272

 
           

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