S02.03 4,08

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
Omnia  in  gloriam Dei  Facite
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Mt.4,08

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,08 De nuevo lo llevó el diablo a un monte... E  
 

a.      De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria,

Palabras clave

Diablo:                            Lc.5-6

Monte:                           Dt.34,1; Ap.21,10a

Reino:                             Lc.5-6

Mundo:                          1 Ioh.5,19

Gloria:                            Lc.5-6

A.T.

Deuteronomio

Dt.34,1           Luego, subió Moisés desde las estepas de Moab al monte Nebo, cumbre del Pisga, que está frente a Jericó. El Señor le mostró todo el país: Galaad hasta Dan.

N.T.

Lucas

Lc.5-6             Después el diablo lo llevó a un lugar elevado, y le mostró todos los reinos de la superficie de la tierra en un instante. 6 Y le dijo te daré todo este poder y su gloria, porque me han sido entregados y los doy a quien quiero.

Epístolas Católicas

1 Ioh.5,19      Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo entero yace en poder del Maligno.

Apocalipsis

Ap.21,10a      Me llevó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la Ciudad Santa...

   

Explicación

[1] La tercera tentación que nos presenta San Mateo es la del poder, la de la idolatría. El objetivo de esta tentación es apartar a Cristo del servicio que le había encomendado el Padre. Hacerle un adorador de Satanás, en lugar de adorar a Dios. Servir al proyecto del diablo en vez de servir al proyecto de Dios. Es la tentación de apostasía, abandonar la fe, a cambio del poder y las riquezas. En la historia del creyente, es frecuente el remplazar a Dios por diversos ídolos que ponen en peligro el sentido cristiano de su vida. En las civilizaciones antiguas, el monte era el lugar donde habitaba la divinidad, y el ser humano se encontraba con Dios. En el Antiguo Testamento a menudo se hace referencia a montes altísimos para referirse al monte santo o “Monte de Dios”: “Tu justicia como los montes de Dios, tus juicios como el hondo abismo[1]. Este monte santo tiene con frecuencia sentido escatológico: “Sucederá en días futuros  que el monte de la casa de Dios, será asentado en las cimas de los montes y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él, todas las naciones”[2]. Moisés contemplara en una visión, desde el Monte Nebo, toda la tierra prometida: “El Señor le mostró todo el país...[3]. También Elías caminará cuarenta días por el monte de Dios, y allí hará su oración al Señor: “Subió a la cima del Carmelo, y se encorvó hacia la tierra, poniendo su rostro entre las rodillas[4]. En el Apocalipsis, San Juan será trasladado en espíritu a un monte grande y alto donde contemplará la Jerusalén celeste: “Me trasladó en espíritu a un monte muy alto y me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios[5]. Esta última tentación, lo mismo que supera los límites geográficos de Jerusalén, también supera los aspectos físico e intelectual. “Ahora el príncipe de este mundo[6], ofrece a Cristo toda la gloria del mundo, es decir, poder, riqueza y honores. Puede dárselo, porque le pertenece. Por


[1] Cf. Ps.36,7  
[2]
Cf. Is.2,2  
[3]
Cf. Dt.34,1  
[4]
Cf. 1 Re.18,42  
[5]
Cf. Ap.21,10  
[6]
Cf. Ioh.12,31

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,08 De nuevo lo llevó el diablo a un monte... A      4,08 De nuevo lo llevó el diablo a un monte... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] De nuevo el diablo, arrogante y soberbio, somete a Jesús a una última tentación, esta vez de idolatría. El orden de las tentaciones en San Lucas es diferente al de San Mateo, pero esto es indiferente, y no representa gran diferencia, dice San Agustín: «San Lucas, en verdad, no expone las tentaciones por este orden: de donde viene la duda cerca de cuál tentación fuese la primera; si le manifestó primero los reinos del mundo y después lo llevó al pináculo del templo, o viceversa. En nada afecta a la esencia, puesto que se sabe que todo esto se verificó»[1]. La acción se desarrolla fuera de Jerusalén en un monte muy alto: «¿Cuál sería la alta montaña a que fue llevado nuestro Señor? Me gusta pensar que el monte Carmelo, la colina de Nuestra Señora, sería un escenario adecuado para este incidente. Se alzaba en dirección de la tierra, sobre la llanura de Esdrelón, que ha sido campo de batalla entre el Este y el Oeste desde los días en que se enfrentaron en ella Egipto y Babilonia, durante el reinado de Josías, hasta el día en que los ejércitos turcos se retiraron a través de ella, a finales de la primera Guerra Mundial… Era una escena capaz de agitar la sangre de un hombre y de apelar a su imaginación»[2]. Desde allí domina no sólo la nación judía, sino que su visión se extiende a todo el orbe. Esta visión de Cristo, que le muestra el diablo, se realiza en su imaginación, pues en realidad, desde un monte no se puede contemplar semejante visión. Al ser la tierra una esfera, no hay ningún punto de la superficie terrestre en que pueda verse toda ella, la visión, por tanto, es imaginaria. San Juan de la Cruz escribe: «Puede también el demonio causar estas visiones en el alma mediante alguna lumbre natural, en que por sugestión espiritual aclara al espíritu las cosas, ahora sean presentes, ahora ausentes. De donde, sobre aquel lugar de san Mateo donde dice que el demonio a Cristo ─ostendit omnia regna mundi et gloriam eorum─, es a saber: Le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, dicen algunos doctores que lo hizo por sugestión espiritual, porque con los ojos corporales no era posible hacerle ver tanto, que viese todos los

[1] Cf. San Agustín. De consensu evangelistarum 2,16

[2] Cf. Mons. Ronald A. Knox. Sermones pastorales. 1938 Las tentaciones de Cristo 3 Ed Rialp Pág. 75

     

 

reinos del mundo y su gloria»[3]. Pero, todos los reinos del mundo no son nada, en comparación con el menor de los bienes en el reino celestial, como  comenta San Ambrosio: «Por consiguiente, el alma adhiriéndose a Dios y teniendo en sí la impronta de la imagen divina, una vez que ha asegurado su carrera, frenando el ímpetu de los caballos, transportada a aquel lugar etéreo y puro, con el batir de las alas espirituales, desprecia todas las cosas que están en este mundo, y aplicada a las fuerzas eternas se va por encima del mundo. En efecto, por encima del mundo está la justicia, por encima del mundo está la castidad, por encima del mundo está la bondad, por encima del mundo está la sabiduría ─aunque esté presente en este mundo, sin embargo, está por encima del mundo─. La justicia estaba por encima del mundo, cuando el diablo le ofrecía todos los reinos del mundo y toda su gloria[4]. Por encima del mundo estuvo, Aquél que nada llegó a tocar de lo que pertenece al mundo. En efecto, dice: Vino el príncipe de este mundo, y en mí ─dice─ no encontrará nada.[5] Aprended, pues, a estar por encima del mundo, mientras estáis en este mundo, aunque tengáis un cuerpo que el ave interior levante el vuelo dentro de vosotras. Por encima del mundo está Aquél que lleva a Dios en su cuerpo»[6]. Escribe Huber: «¿Qué se debe entender exactamente por “príncipe de este mundo”? Este término puede prestarse a equívocos. Puede parecer que apoya la tesis según la cual habría habido en el origen del mundo dos principios fundamentales coeternos, iguales y antagonistas, el Bien y el Mal. La Iglesia, se sabe, ha condenado esta seductora  gnosis dualista conocida bajo el nombre de maniqueísmo[7]. ¿Cómo resolver la oposición aparente. ..... (sigue)

[3] Cf. San Juan de la Cruz. Subida al Monte Carmelo L.2 c.24,7 BAC 15 Pág.212

[4] Cf. Mt.4,8  
[5]
Cf. Ioh.14,30  
[6]
Cf. San Ambrosio. La virginidad 17,108-109 Ed. Ciudad Nueva. Fuentes patrísticas 19 Pág.125

[7] Doctrina fundada en el siglo III por el filósofo persa Manes y que se basaba en la existencia de dos principios eternos y contrarios: El Bien y el Mal. Nació en Babilonia y se extendió rápidamente por Oriente y a través del Imperio Romano. En el dualismo maniqueísta existe una constante lucha entre el mundo de la luz, asociado a Ormuz, y el de las tinieblas, asociado a Ahrimán. Su objetivo es liberar las partículas de luz aprisionada en la materia. Dios es el creador de todo lo bueno y Satanás el creador de todo lo malo. El espíritu del hombre pertenece a Dios y su cuerpo al demonio. El mal está presente en este mundo y solo se puede combatir con el conocimiento que trae la salvación al hombre. Niega la responsabilidad humana en la realización de los actos, pues no son producto de la voluntad del hombre, sino dominio del mal.

 
           

EXCURSUS

           
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Excursus

Iglesia y Estado: [1] En el mundo Antiguo predominaba la idea de que el poder político absorbía también el fenómeno religioso y se identificaba a menudo religión y política. En el mundo helénico la religión estaba politizada y había una especie de teología política. En Roma el emperador era el pontífice supremo, e integraba entre sus dioses las divinidades de los pueblos conquistados. En Roma no existían clases sacerdotales, si bien el sacerdocio era un cargo público que estaba muy ligado con el mundo del derecho y vinculado directamente con la política, se trataba de una religión política. Dice Benedicto XVI: «La Primera Carta a los Corintios nos muestra que una gran parte de los primeros cristianos pertenecía a las clases sociales bajas y, precisamente por eso, estaba preparada para la experiencia de la nueva esperanza… No obstante, hubo también desde el principio conversiones en las clases sociales aristocráticas y cultas. Precisamente porque éstas también vivían en el mundo “sin esperanza y sin Dios”. El mito había perdido su credibilidad; la religión de Estado romana se había esclerotizado convirtiéndose en simple ceremonial, que se cumplía escrupulosamente pero ya reducido sólo a una “religión política”. El racionalismo filosófico había relegado a los dioses al ámbito de lo irreal. Se veía lo divino de diversas formas en las fuerzas cósmicas, pero no existía un Dios al que se pudiera rezar. Pablo explica de manera absolutamente apropiada la problemática esencial de entonces sobre la religión cuando a la vida “según Cristo” contrapone una vida bajo el señorío de los “elementos del mundo”[1]»[2]. Sin embargo en la Biblia, especialmente en los profetas ya se aprecia una distinción entre ambos términos: religión y política. Hoy día, a partir de la Revolución francesa van cambiado las cosas y es el Estado el que no quiere saber nada de los asuntos religiosos: El Estado se debe de ocupar del cuerpo y la Iglesia del alma. Esta forma de pensamiento no es correcta pues el hombre es una realidad compuesto de cuerpo y alma y no se pueden disociar ambas realidades. El cristianismo propugna una separación entre el poder terrenal y el poder de la


[1] Cf. Col.2,8  
[2]
Cf. Benedicto XVI. Enc. Spe Salvi 5 VAHF

   
Iglesia, con competencia en asuntos de índole religiosa. Pero en realidad no se trata de una división de poderes, pues a Dios todo le pertenece. El Señor lo ha creado todo y nada escapa de su poder creador: “Porque mías son todas las fieras de la selva, y los miles de animales en mis collados, conozco todas las aves del cielo, me pertenece todo lo que se mueve por el campo. Si tuviese hambre, no tendría que decírtelo, porque mío es el orbe y cuanto lo llena[3]. Esta separación entre Iglesia y Estado la dejó patente Jesús, cuando afirmó: “Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios[4]. A lo largo de la historia se ha usado esta frase para expresar el dualismo existente entre Dios y el mundo. San Jerónimo explica la conducta que hemos de mantener los cristianos, respecto a los poderes públicos: «Tenéis que dar forzosamente al César la moneda que lleva impresa su imagen; pero vosotros entregad con gusto todo vuestro ser a Dios, porque impresa está en nosotros su imagen y no la del César»[5]. Jesús reconoce el poder civil y su respeto. El Señor, en otra ocasión, quiere cumplir con el pago del tributo obligatorio para todo judío mayor de veinte años: “Llegados a Cafarnaún, se acercaron los recaudadores del tributo y le dijeron: ¿No va a pagar vuestro Maestro la didracma[6]? Respondió si” San Ambrosio comentado este pasaje escribe: «Que enseña a los cristianos la sumisión al poder soberano, a fin de que nadie se permita desobedecer los edictos de un rey de la tierra. Si el Hijo de Dios ha pagado el tributo, ¿crees que tú eres mayor para dejar de. ..... (sigue)

[3] Cf. Ps.49.10-12  
[4]
Cf. Mt.22,21  
[5]
Cf. San Jerónimo. Comm. In Marcum. SB T.1-4 Pág.613

[6] El didracma, era una moneda de plata precursora del denario. En principio, el dracma, era una moneda ateniense que se convirtió en moneda de cambio en las relaciones comerciales atenienses y que la expandió Alejandro Magno en sus conquistas. Con el establecimiento de la Magna Grecia al sur de Italia, los romanos adoptaron la moneda griega y crearon el didracma de plata, a comienzos del siglo III a.C. o finales del IV a.C., convirtiendo esta moneda en una de las más importantes formas de pago. Al didracma se le llamaba también “cuadrigato” por llevar una cuadriga en el reverso. Las dificultades económicas de las guerras púnicas contra Cartago llevó a que en el 211 a.C. se creara una nueva moneda más ligera, el denario, que venía a corresponder al jornal de un obrero, en realidad equivalía a 4/6 de la didracma de 6,82 gr. Todos los judíos debían pagar anualmente un didracma como contribución al Templo de Jerusalén. El estáter equivalía a dos didracmas.

 
           

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