S02.03 4,11

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02
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Mt.4,11

LIBRO VII EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,11 Entonces lo dejó el diablo... E  
 

a.      Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían.

Palabras clave

Diablo:                            Lc.4,13; San.4,7

Ángeles:                        Ex.23,20; Mc.13b; Hb.1,14

Servir:                            Ps.99,2: Ioh.12,26

A.T.

Éxodo

Ex.23,20          He aquí que yo enviaré un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que he preparado.

Salmos

Ps.99,2            Servid al Señor con alegría, entrad a su presencia con júbilo.

N.T.

San Marcos

Mc.1,13b         Estaba con los animales, y los ángeles le servían.

San Lucas

Lc.4,13            Y terminada toda tentación, el diablo se apartó de él hasta el momento oportuno.

San Juan

Ioh.12,26         Si alguien me sirve que me siga, y donde yo estoy allí estará también mi servidor; si alguien me sirve, el Padre le honrará.

Hebreos

Hb.1,14            ¿Acaso no son todos ellos espíritus destinados al servicio, para asistir a los que han de heredar la salvación?

Santiago

San.4,7          Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.

   

Explicación

[1] Jesucristo ha rechazado las tentaciones, ha soportado la prueba. Satanás ha resultado vencido y se retira. San Mateo de manera menos explícita que San Lucas, dice: “Entonces lo dejó el diablo”, San Lucas añade hasta el momento oportuno[1], este momento será el comienzo de su Pasión, en que el diablo le tentará de nuevo. San Juan dirá que es la hora del príncipe de este mundo[2]. El Señor con su muerte sellará la derrota del diablo y el mal será vencido. El demonio como ser angélico, es un ser superior a los hombres, pero inferior a Dios, con una enorme capacidad de inteligencia, es padre de la mentira, capaz de tergiversar la verdad, de volver negro como el onix, lo que es blanco como la nieve. Los demonios actúan contra Dios, contra el hombre y contra el bien, porque odian a Dios, a quien ven en nosotros y odian a Jesucristo, que con su muerte nos salvó de ellos. Nos odian y envidian, porque el Señor nos destinó a ocupar su lugar en el cielo, que ellos habían perdido por el pecado. Después de ser tentado por el diablo, para ejemplo nuestro, Jesucristo quiso la cercanía de los ángeles. “Y los ángeles vinieron y le servían”, como al profeta Elías cuando estaba en el Horeb: “Se echó  y se quedó dormido debajo de la retama. De pronto, un ángel le tocó y le dijo: Levántate y come[3]. Dios le envía a su corte celestial para que le sirvan y le den consuelo, como ocurrirá más tarde en su agonía de Getsemaní: “Se le apareció un ángel del Cielo que le confortaba[4]. El Señor acepta este consuelo, mostrando así la dignidad del vencedor. El Nuevo Testamento nos habla a menudo de los ángeles. Sus apariciones aumentan con la llegada de Jesucristo: “Y al introducir a su Primogénito en el mundo dice de nuevo: Adórenle todos los ángeles de Dios[5]. En la Epístola a los Hebreos se nos presenta a los ángeles como meros servidores de Dios y ejecutando todas sus órdenes, cuya función es adorar a Dios y cumplir sus mandatos: “¿Acaso no son todos ellos espíritus. ..... (sigue)


[1] Cf. Lc.4,13  
[2]
Cf. Ioh.14,30  
[3] Cf. 1 Re.19,5  
[4] Cf. Lc.22,43  
[5]
Cf. Hb.1,6

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,11 Entonces lo dejó el diablo... A      4,11 Entonces lo dejó el diablo... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] San Mateo termina las tentaciones del Señor con este versículo: “Entonces lo dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían”. Jesucristo, verdadero Dios y hombre verdadero, es superior a los ángeles, la mentalidad de la época era considerar a los ángeles seres superiores al hombre; los ángeles eran para los judíos los mediadores de la revelación. El autor de la Carta a los Hebreos nos dice que “ha sido hecho tanto más excelente que los ángeles cuanto más les aventaja por el Nombre que ha heredado[1]. Y escribe San Juan Crisóstomo: «Esta expresión no puede referirse a la esencia divina, ya que por ella el Hijo es igual al Padre y no admite variación, sino que es eternamente lo que es por su generación: “Verbo eterno por naturaleza”. El no recibió su esencia divina por heredad. Estas palabras, que manifiestan su excelencia por encima de los ángeles, no se pueden referir sino a la naturaleza humana de la cual se ha revestido: ya que precisamente esa naturaleza es la que ha sido creada»[2]. “Sin embargo, a aquel que fue hecho por un momento inferior a los ángeles, a Jesús, le vemos coronado de gloria y honor a causa de la muerte padecida[3]. San Pablo nos descubre la supremacía de Cristo sobre todas las cosas creadas, todo fue creado en Él y para Él: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y sobre la tierra, las visibles y las invisibles, ya sean los tronos o las dominaciones ya los principados o las potestades. Todo ha sido creado por él y para él[4]. San Gregorio Magno hablando de la doble naturaleza de Cristo, escribe: «En estas palabras se manifiesta la doble naturaleza de su persona, porque es hombre a quien el diablo tienta y El mismo es Dios a la vez, a quien los ángeles sirven»[5]. Y más adelante añade: «Debemos considerar lo que se añade: que inmediatamente que se separó el diablo le sirvieron los ángeles. ¿Qué otra cosa se indica con esto sino la existencia de dos naturalezas en una persona?. Porqué es hombre aquél al que demonio

[1] Cf. Hb.1,4  
[2]
Cf. San Juan Crisóstomo. Homilía sobre Hebreos 1 SB T.10 Pág.86
[3]
Cf. Hb.2,9  
[4]
Cf. Col.1,16  
[5]
Cf. San Gregorio Magno. Homilías sobre los Evangelios 15

   

tentó, y era también Dios el mismo a quienes los ángeles sirvieron. Reconozcamos en Él nuestra naturaleza, porque si el demonio no le hubiera considerado como hombre, no le hubiera tentado. Veneremos en Él su divinidad, porque si no fuera Dios sobre todas las cosas, de ninguna manera le hubieran servido los ángeles»[6]. Cromacio de Aquileya comenta: «Al decir el evangelista que, una vez concluida toda tentación, los ángeles servían al Señor, conocemos claramente que el Hijo de Dios es Dios y creador del universo, porque no podían los ángeles servir sino a su Señor y creador, al unigénito Hijo de Dios, a quien corresponde la alabanza y la gloria por los siglos de los siglos. Amén»[7]. Su cántico de alabanza, en el nacimiento de Cristo, no ha cesado de resonar: «Alaban al Señor poniendo las voces de su canto en armonía con nuestra redención; nos ven participando ya en su misma suerte y se congratulan por ello»[8]. «Los ángeles son impasibles e inmortales por naturaleza, de modo que cuando Cristo se digno someterse a  la Pasión y a la Muerte, se rebajo en relación a ellos, no porque perdiera su plenitud o la disminuyera en algo, sino porque asumió nuestra debilidad. Se ha hecho inferior a los ángeles, no en cuanto a la divinidad ni en cuanto al alma, sino sólo respecto al cuerpo»[9]. Dice Santo Tomás: «Cristo, en cuanto hombre, era regido directamente por la Palabra de Dios, no necesitando, por tanto, de la guarda de los ángeles. Además, en cuanto al alma, era bienaventurado, si bien por razón del estado de pasibilidad del cuerpo era viador; pero bajo este aspecto no le era debido un ángel custodio como superior, sino un ángel ministro como inferior. Por eso se dice: Se acercaron los ángeles y le servían[10]. Los ángeles han sido creados por Dios en el tiempo, mientras que el Hijo procede eternamente del Padre: “Pues, ¿a qué ángel dijo alguna vez: Tu eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy, ...?” [11].. ..... (sigue)


[6] Cf. San Gregorio Magno. Homilía 16 in Evangelia. Ed. Rialp Pág.115  
[7] Cf. Cromacio de Aquileya. Comentario al Evangelio de Mateo. 14,7 BPa 58 Pág.134
[8]
Cf. San Gregorio Magno. Moralia 28,7 SB T.1-4 Pág.749  
[9] Cf. Santo Tomás de Aquino. Super epistulam ad Hebreos 2,2 SB T.10 Pág.101  
[10] Cf. Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica I a q.113 a.4 ad.1
[11]
Cf. Hb.1,5

 
           

EXCURSUS

           
  4,11 Entonces lo dejó el diablo... X     4,11 Entonces lo dejó el diablo... X  
 

Excursus

Ángeles y Demonios: [1] En todas las religiones la existencia de otros seres distintos a los corpóreos, ha sido una constante que ha estado presente en todas las culturas. Desde las religiones más ancestrales hasta la hinduista, la budista, la babilonia, la egipcia, pasando por los Incas y los Aztecas; la existencia de ángeles ha desempeñado un papel importante. En el valle del Eúfrates se ha encontrado una figura de ángel con más de 4.500 años. En la tradición judeocristiana ha habido numerosos testimonios de estos seres celestiales. A lo largo de toda la Biblia se narra la existencia de los ángeles. Las Sagradas Escrituras, empiezan con una referencia al mundo angélico: “En el principio creó Dios el cielo y la tierra[1], vemos aquí una referencia al mundo celestial,  –el cielo– se puede referir tanto al firmamento, como al conjunto de criaturas espirituales, los ángeles; en contraposición a la tierra o mundo físico. El Apocalipsis, el último libro sagrado termina con una cita sobre los ángeles: “Yo, Jesús, he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas que se refieren a las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella radiante de la mañana[2]. San Gregorio Magno, nos dice que casi todas las páginas de la revelación escrita, dan testimonio de los ángeles. Además de la creación de las cosas materiales que vemos con nuestros ojos, Dios ha creado también el mundo invisible, que ahora no podemos ver: «La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición»[3]. En la profesión de fe de Pablo VI que resume las verdades que debemos creer, dice: «Creemos en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Creador de las cosas visibles como es este mundo en el que transcurre nuestra vida pasajera, de las cosas invisibles como los espíritus puros que reciben también el nombre de ángeles y Creador en cada hombre de un alma espiritual e inmortal»[4]. En la magnífica

[1] Cf. Gén.1,1  
[2]
Cf. Ap.22,16  
[3]
Cf. Catecismo de la Iglesia católica. CIC n. 328. Pág.80
[4]
Cf. Pablo VI. Credo del Pueblo de Dios 1 VAHF

   
Audiencia general que pronunció sobre el demonio, el Santo Padre señaló su presencia activa en el mundo y dijo: «¿No nos importan las deficiencias que suceden en el mundo? ¿las disfunciones de las cosas respecto a nuestra existencia? ¿el dolor, la muerte? ¿la maldad, la crueldad, el pecado, en una palabra, el mal? ¿y no vemos cuánto mal existe en el mundo? ¿especialmente, cuánto mal moral, que convive simultáneamente, aunque diverso, contra el hombre y contra Dios? ¿No es quizás esto una triste demostración, un misterio inexplicable?… Las encontramos en la naturaleza, donde muchas de sus manifestaciones siembran en nosotros un cierto desorden. Además lo encontramos en el ser humano, donde hallamos: la debilidad, la fragilidad, el dolor, la muerte, y una cosa peor; una ley que refleja un doble contraste: una parte que desea el bien, y otra que invita al mal. Tormento que San Pablo pone en evidencia de humillación para demostrar la necesidad y la fortuna de una gracia salvadora, de la salud que nos trae Cristo; ya el poeta pagano denunciaba este conflicto interno en el mismo corazón del hombre: “proboque video del meliora, sequor de los deteriotates[5]. Encontramos en el pecado, la perversión de la libertad humana, y la causa profunda de la muerte, porque el rechazo y separación de Dios, fuente de vida[6], es ocasión y efecto de una participación en nosotros y nuestro mundo de un agente enemigo y oscuro: el Demonio. El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficacia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad, misteriosa y pavorosa»[7]. Y el Concilio ecuménico IV de Letrán aclara: «El verdadero Dios, eterno, inmenso e inconmutable, incomprensible, omnipotente e inefable... Creador de todas las cosas, de las visibles e invisibles, espirituales y corporales; que por su omnipotente virtud a la vez desde el principio del tiempo creó de la nada a una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la angélica y la mundana, y después la humana, como común, compuesta de espíritu y de cuerpo. Porque el diablo y demás demonios, por Dios ciertamente fueron creados buenos por naturaleza; más ellos por sí mismos, se. ..... (sigue)

[5] Cf. Ovidio. Metamorfosis 7,19  
[6]
Cf. Rom.5,12  
[7]
Cf. Pablo VI. Catequesis 15-11-72 VAHF

 
           

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