S02.03 4,13

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Mt.4,13

LIBRO VIIIa EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,13 Y dejando Nazaret se fue... E  
 

a.      Y dejando Nazaret se fue a vivir a Cafarnaún, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y Neftalí,

Palabras clave

Nazaret:                         Lc.4,16a

Cafarnaún:                    Lc.4,23

Zabulón:                        Is.8,23; Mt.4,15; Ap.7,8a

Neftalí:                            Is.8,23; Mt.4,15; Ap.7,6b

A.T.

Isaías

Is.8,23             Pero no habrá más tinieblas donde había angustia. Así como el tiempo primero menospreció la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, en el tiempo postrero honrará el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los Gentiles.

N.T.

San Mateo

Mt.4,15            Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí en el camino del mar, al otro lado del Jordán, la Galilea de los Gentiles.

San Lucas

Lc.4,16a          Llegó a Nazaret, donde se había criado.

Lc.4,23            Entonces les dijo: Sin duda me aplicaréis aquel proverbio: Médico, cúrate a ti mismo. Cuanto hemos oído que has hecho en Cafarnaún, hazlo también aquí en tu patria.

Apocalipsis

Ap.7,6b           De la tribu de Neftalí, doce mil.

Ap.7,8a           De la tribu de Zabulón, doce mil.

   

Explicación

[1] Jesús abandona Nazaret, lugar en el que había vivido en su vida oculta, y fija su residencia en Cafarnaún, en donde había llegado para iniciar su vida pública. Según San Lucas, era una ciudad de Galilea: “Bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea[1], próxima a la frontera entre Filipo y su hermano Herodes Antipas, Cafarnaún era una de las principales vías de viaje y comercio de Galilea, vivía de la riqueza del lago y de su privilegiada situación y era ruta de caravanas hacia Damasco. De este modo se cumplía así la profecía de Isaías: “Como el tiempo primero ultrajó a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así el postrero honró el camino del mar, allende el Jordán, el distrito de los Gentiles[2]. La humillación que sufrieron los habitantes de esta región devastada por las tropas asirias, en su afán de conquistar Palestina, será sembrada de esperanza, ahora, por el Señor. Cafarnaún era una ciudad marítima, situada en la orilla noroeste del Lago Kineret o Mar de Galilea. El Señor se establece en esta ciudad para dar comienzo a su ministerio que será el escenario de su actividad pública. La predicación de Jesús da comienzo en Galilea, encrucijada de los gentiles, estableciendo en Cafarnaún, era una región dominada por el paganismo, donde no había llegado la luz de la revelación, desde esta tierra pagana y despreciada por los judíos comenzará a brillar una gran luz. San Mateo es el único de los evangelistas que cita a Cafarnaún como enclave de las operaciones del Señor. El mensaje de Jesús se dirigirá, en primer lugar, a los judíos, pero a pesar de esto, el Señor inicia su actividad en Galilea, en los confines de Zabulón y Neftalí. San Mateo quiere indicar con esto que la predicación del Señor tiene carácter universal y se dirige a todas las naciones.. ..... (sigue)



[1] Cf. Lc.4,31 a

[2] Cf. Is.8,23b

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,13 Y dejando Nazaret se fue... A      4,13 Y dejando Nazaret se fue... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] En este versículo se prepara la cita del profeta Isaías que San Mateo recogerá en el versículo 15 y en la que el evangelista ve la liberación, anunciada por el profeta, y que Jesús traerá al mundo. En Nazaret, llamada la “flor de Galilea”, tendrá lugar el más portentoso misterio de la humanidad, Dios se hace hombre ya que el hombre no podía hacerse Dios. San Lorenzo de Brindis escribe: «Se nos propone hoy el misterio de la Encarnación, que es obra de la infinita caridad y piedad de Dios para con nosotros: Dios ha amado de tal modo al mundo hasta dar a su Hijo Unigénito[1]; y, como Pablo dice: Ciertamente es grande el misterio de la piedad: el que se ha manifestado en la carne, que fue justificado en el Espíritu[2]. Se trata, pues, de una obra de infinita bondad y caridad: Te he amado con amor eterno[3], es decir, por el amor grande que nos tenía[4], Dios mandó a su Hijo en carne semejante a la del pecado[5]. Hoy se ha encarnado el Verbo de Dios, el Unigénito Hijo de Dios: El Verbo se ha hecho carne; [6] asumió carne pasible y mortal, para poder padecer y morir, para satisfacer a Dios por nuestros pecados y merecer para nosotros la gracia y la gloria»[7]. En Nazaret una estrella de mármol con la inscripción: “Verbum caro hic factum est” rememora el suceso. El Señor pasó toda su vida oculta en Nazaret, viviendo como una persona normal, trabajando en el mismo oficio de San José: “Y bajo con ellos, y vino a Nazaret, y les estaba sujeto[8]. En 1522 el fraile dominico Isidoro de Solano, de la Orden de Predicadores, escribe la que se considera primera exposición teológica sobre San José: “Summa de donis S. Joseph, en la que presenta ya a San José como patrono de la Iglesia militante, escribe: «Participaba de la plenitud divina en Cristo: amándole, viviendo con Él, escuchándole,

[1] Cf. Ioh.3,16
[2] Cf. 1 Tim.3,16
[3] Cf. Jer.31,3
[4] Cf. Ef.2,4
[5]
Cf. Rom.8,3
[6]
Cf. Ioh.1,14
[7]
Cf. San Lorenzo de Brindis. Marial II 1,1 BAC 645 Pág.81
[8]
Cf. Lc.2,51

   
tocándole. Bebía y se saciaba en la fuente superabundante de Cristo, formándose en su interior un manantial que brotaba hasta la vida eterna. Participó de la plenitud de la Santísima Virgen de un modo singular: por su amor conyugal, por su mutua sumisión en las obras y por la comunicación de sus consolaciones interiores. La Santísima Virgen no pudo consentir que San José estuviese privado de su perfección, alegría y consuelos. Era bondadosísima, y por la presencia de Cristo y de los ángeles gozaba de alegrías ocultas a todos los mortales, que sólo podía comunicar a su esposo amantísimo, para que en medio de sus trabajos tuviese un consuelo divino; y así, mediante esta comunicación espiritual con su esposo, la Madre intacta cumplía el precepto del Señor de ser dos en una sola carne»[9]. Los treinta años que pasó Jesús en su vida oculta muestran el valor de lo ordinario. Dice el Catecismo de la Iglesia: «La vida oculta de Nazaret permite a todos entrar en comunión con Jesús a través de los caminos más ordinarios de la vida humana: “Nazaret es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio... Una lección de silencio ante todo. Que nazca en nosotros la estima del silencio, esta condición del espíritu admirable e inestimable... Una lección de vida familiar. Que Nazaret nos enseñe lo que es la familia, su comunión de amor, su austera y sencilla belleza, su carácter sagrado e inviolable... Una lección de trabajo. Nazaret, oh casa del "Hijo del Carpintero", aquí es donde querríamos comprender y celebrar la ley severa y redentora del trabajo humano...; Cómo querríamos, en fin, saludar aquí a todos los trabajadores del mundo entero y enseñarles su gran modelo, su hermano divino”[10]»[11]. Jesús había venido a la tierra para obedecer y cumplir la voluntad de su Padre. Enseña Juan Pablo II: «La carta a los Hebreos nos dice que, obedeciendo a la voluntad del Padre, el Verbo eterno viene a nosotros para ofrecer el sacrificio que supera todos los sacrificios ofrecidos en la antigua Alianza. Su sacrificio eterno y perfecto redime el mundo. El plan divino se reveló gradualmente en el Antiguo Testamento, de manera especial en las palabras del profeta Isaías, que acabamos de escuchar:  “El Señor,. ..... (sigue)

[9] Cf. Isidoro de Solano. Suma de los dones de San José III,17 HD T.VI Pág.164
[10] Cf. Pablo VI. Homilía Nazaret 05-01-64
[11]
Cf. Catecismo de la Iglesia católica. CIC n. 533. Pág.125

 
           

EXCURSUS

           
  4,13 Y dejando Nazaret se fue... X     4,13 Y dejando Nazaret se fue... X  
 

Excursus

Las doce tribus de Israel, nuevo Pueblo de Dios: [1] El número doce en la historia judía es símbolo de perfección. Entre los semitas el doce tenía un simbolismo especial, su recuerdo es santo: Los doce patriarcas descendientes de Abrahán. Las doce Tribus de Israel. Los doce Apóstoles llamados a ser las cabezas del nuevo Pueblo de Dios. Una mujer coronada con doce estrellas[1]. Este símbolo de perfección alcanza su cima en la descripción de la Nueva Jerusalén de la Ciudad Santa del Apocalipsis con doce puertas y doce fundamentos y 144000 sellados donde están representados todos los santos de la Iglesia universal, es decir las doce tribus del AT y los doce apóstoles del NT. Los hebreos fueron un pueblo nómada semita, originarios de la Baja Mesopotamia, una de estas tribus, la de Téraj partió de Ur de los Caldeos y remontó el río Éufrates, de esta tribu salio Abrahán: “Téraj engendró a Abrán, Najor y Arán[2], padre de los patriarcas y será el origen del pueblo elegido. Dice San Clemente Romano: «Consideremos aquellas cosas que sucedieron en el princi­pio ¿Cómo obtuvo nuestro padre Abrahán la bendición? ¿No fue acaso porque practicó la justicia y la verdad por medio de la fe? Isaac, sabiendo lo que le esperaba, se ofreció confiada y voluntariamente al sacrificio. Jacob, en el tiempo de su desgracia, marchó de su tierra, a causa de su hermano, y llegó a casa de Labán, poniéndose a su servicio; y se le dio el cetro de las doce tribus de Israel. El que considere con cuidado cada uno de estos casos comprenderá la magnitud de los dones concedidos por Dios. De Jacob, en efecto, descienden todos los sacerdotes y levitas que servían en el altar de Dios; de él desciende Jesús, según la carne; de él, a través de la tribu de Judá, descienden reyes, príncipes y jefes. Y, en cuanto a las demás tribus de él procedentes, no es poco su honor, ya que el Señor había prometido: Multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo. Vemos, pues, cómo todos éstos alcanzaron gloria y grandeza no por sí mismos ni por sus obras ni por sus buenas acciones, sin por beneplácito divino»[3]. Abrahán fue el padre de Isaac que engendró de

[1] Cf. Ap.12,1
[2] Cf. Gén.11,27
[3]
Cf. San Clemente Romano. Carta a los Corintios 31-33. Liturgia de las Horas

   
Rebeca a Jacob. Jacob será el tercer gran patriarca del pueblo elegido y figura clave en la historia de Israel. En Jacob se cumplen las promesas que Dios hace a Abrahán. Antes de que naciera Jacob, cuando Rebeca estaba todavía embarazada, el Señor dijo a Rebeca: “Dos pueblos hay en tu vientre; se separarán dos naciones surgidas de ti. Una nación superará a la otra, y la mayor servirá a la menor[4]. La pugna entre Jacob y Esaú será paradigma entre el enfrentamiento entre Israel y Edom. Esaú era el preferido de su padre Isaac, pero Dios en sus planes misteriosos elige a Jacob, su preferido: “Él nos somete los pueblos, las naciones bajo nuestros pies. Nos ha elegido una heredad, la grandeza de Jacob, a quien ama[5]. En su juventud, los primeros años de Jacob estarían marcados por obtener los derechos de primogenitura pertenecientes a su hermano Esaú, y para huir de éste, se fue a Haran, donde estaba su tío Labán. Dice San Agustín: «Jacob fue enviado por sus padres a Mesopotamia para buscar esposa. Éstas fueron las palabras de su padre: “No tomes esposa entre las hijas de Canaán. Ve a Mesopotamia a la familia de Batuel, tu abuelo materno, y toma esposa entre las hijas de Labán, el hermano de tu madre. Mi Dios te bendiga y haga grande y numerosa y te convierta en multitud de pueblos. Que te dé la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, de modo que poseas el país en que resides como extranjero y que Dios concedió a Abrahán[6]. De paso observamos que la descendencia de Jacob se separaba ya de la otra descendencia de Isaac que tuvo por medio de Esaú. Cuando fue dicho: “Por Isaac tendrás una descendencia con tu nombre[7], descendencia que pertenecía también a la ciudad de Dios, distinta de la otra descendencia de Abrahán tenida por medio del hijo de la esclava y los que habrían sido tenidos en los hijos de Queturá»[8]. Pero el Señor elige a Jacob en lugar de Esaú, le revela su misericordia y le augura una descendencia numerosa: “Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán, el Dios de Isaac; voy a darte a ti y a tu descendencia la tierra sobre la que estás acostado. Tu descendencia será como el. ..... (sigue)

[4] Cf. Gén.25,23
[5] Cf. Ps.46,4-5
[6]
Cf. Gén.28,1-4
[7] Cf. Gén.28,12
[8]
Cf. San Agustín. La Ciudad de Dios L.16.38,1

 
           

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