S02.03 4,14

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Mt.4,14

LIBRO VIIIa EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,14 Para que se cumpliera lo dicho... E  
 

a.      Para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

Palabras clave

Cumplir:                        Dt.18,22

Profeta:                          Dt.18,15; Dt.18.22; 2 Cr.36,16: Jr.18,18

Isaías:                            Mc.7,6: Rom.9,27

A.T.

Crónicas

2 Cr.36,16       Pero ellos hicieron burla de sus mensajeros, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas,  hasta que la ira del Señor contra su pueblo alcanzó un punto tal, que ya no hubo remedio.

Deuteronomio

Dt.18,15           Pues el Señor, tu Dios, suscitará de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo; a él habéis de escuchar.

Dt.18,22           Si lo que dice el profeta en nombre del Señor no sucede ni se cumple, esa palabra no la ha pronunciado el Señor. El profeta ha hablado presuntuosamente: no le temas.

Jeremías

Jr.18,18           Sin embargo dijeron: “Andad a tramar asechanzas contra Jeremías, que no nos faltará el dictamen del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni la palabra  del profeta. Andad, hirámosle por la lengua y no atendamos a ninguna de sus palabras”.

N.T.

Marcos

Mc.7,6             El les respondió: Bien profetizó Isaías de vosotros los hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está bien lejos de mí.

Romanos

Rom.9,27         Isaías, por su parte, clama en favor de Israel: Aunque el número de los hijos de Israel sea como las arenas del mar, un resto se salvará.

   

Explicación

[1] San Mateo quiere dejar constancia en este versículo de la profecía predicha por el profeta Isaías. Al Evangelio de San Mateo se le llama, además de otros títulos, el “Evangelio del cumplimiento”, pues en él se cumplen lo anunciado por los Profetas. San Mateo utiliza más de 130 veces el Antiguo Testamento. El Evangelio de San Mateo iba dirigido principalmente a cristianos de Palestina, procedentes del judaísmo, un pueblo religioso, caracterizado por la búsqueda de Dios, no es extraño, que sea este Evangelio en donde se cumplan más profecías del Antiguo Testamento. El interés constante de San Mateo es mostrar a Jesús como el Mesías anunciado por los profetas ─es decir, el Cristo─, en quien se ha llevado a cumplimiento todas las expectativas del Antiguo Testamento. Dios se ha manifestado al hombre y lo ha hecho por medio de los profetas. Esta Revelación de Dios adquiere en Cristo su punto máximo, son elocuentes las palabras de Jesús, en las que manifiesta su divinidad: “En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán naciese, yo soy[1]. Jesús, es pues, el cumplimiento de los deseos salvíficos de Dios. El Señor será el eslabón entre el Antiguo y Nuevo Testamento, pues la Ley era también Palabra de Dios. El Señor dijo: “No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles su plenitud. En verdad os digo que mientras no pasen el Cielo y la tierra no pasará de la Ley ni la más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla[2]. Este paso entre ambos Testamentos se manifiesta claramente en el sermón de la montaña en el que Jesús dice a sus oyentes: “Habéis oído que se dijo a los antiguos... Pero yo os digo[3]. Cristo será la luz predicha por Isaías: “Pero no habrá más tinieblas donde había angustia... El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; a los que habitaban en tierra de sombras de muerte les ha brillado una luz[4]. La llegada de Jesús a Galilea dará pleno cumplimiento a esta profecía.. ..... (sigue)



[1] Cf. Ioh.8,58

[2] Cf. Mt.5,17-18

[3] Cf. Mt.5,21-22

[4] Cf. Is.8,23.9,1

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,14 Para que se cumpliera lo dicho... A      4,14 Para que se cumpliera lo dicho... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Desde nuestros primeros padres Adán y Eva, Dios se ha comunicado con el hombre, pero tras el pecado original se rompió el poder hablar con Dios cara a cara. Dice el profeta Isaías: “Son vuestras iniquidades las que han puesto separación entre vosotros y vuestro Dios; vuestros pecados, los que han ocultado su rostro para no oíros[1].  En sentido bíblico el profeta es el que habla en nombre de Dios y anuncia ─con independencia de sus habilidades o cualidades humanas que tenga─ tanto acontecimientos pasados, presentes o futuros. En efecto, Dios nos habla a través del profeta y nos comunica lo que quiere transmitir. Antes de que Moisés guiara a los israelitas por el desierto para entrar en la tierra prometida, Dios se comunicó por medio de los patriarcas: Noé, Abrahán, Isaac y Jacob. Pero será el profeta, la forma preferida de comunicarse. El don de la profecía se basa fundamentalmente en la comunicación que debe existir entre Dios y el hombre, en la que el Señor nos da a conocer sus acciones. Así lo reconoce el profeta Amós cuando dice: “No, no hace nada el Señor sin revelar su secreto a sus siervos los profetas[2]. Moisés será un profeta excelso, de quien dice el Deuteronomio: “No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien el Señor trataba cara a cara[3]. Moisés, a pesar de su poca oratoria, será el profeta en que se basarán los profetas posteriores: “Señor desde siempre he sido hombre premioso de palabra, y aún ahora que has hablado a tu siervo, sigo siendo torpe de palabra...[4]; y el Señor le dirá el mensaje que tiene que comunicar: “Yo estaré en tu boca y en la suya, y os enseñaré lo que habéis de hacer[5]. Ningún profeta ha hablado por cuenta propia, San Pedro nos enseña que “jamás profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que movidos por el Espíritu Santo, ciertos hombres hablaron de parte de Dios[6]. «Podemos decir que todo el

[1] Cf. Is.59,2[2] Cf. Amo.3,7
[3]
Cr. Dt.34,10
[4]
Cf. Ex.4,10
[5] Cf. Ex.4,15b
[6]
Cf. 2 Pe.1,21

    Antiguo Testamento es una promesa del Espíritu. A la obra del Mesías se la presenta constantemente  como algo que culminará  en una nueva y universal  efusión  del Espíritu de Dios sobre la tierra. La comparación con lo que Pedro dice el día de Pentecostés, muestra que Lucas está pensando, en particular, en la profecía de Joel…  Respecto al contenido de la promesa, Lucas destaca, como siempre, el aspecto carismático del don del Espíritu, en particular la profecía»[7]. Y el Concilio Vaticano enseña: «Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo»[8]. Pero Jesús será el verdadero profeta enviado por Dios, en quien se cumple en plenitud la misión profética, y que había anunciado Moisés: “El Señor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un profeta como yo; le escucharéis en todo lo que os diga. Y sucederá que todo el que no escuche a aquel profeta será exterminado del pueblo[9]. Escribe Juan Pablo II: «Durante el proceso ante Pilato, Jesús, al ser interrogado si era rey, primero niega que sea rey en sentido terreno y político; después, cuando Pilato se lo pregunta por segunda vez, responde: “Tú dices que soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad”. Esta respuesta une la misión real y sacerdotal del Mesías con la característica esencial de la misión profética. En efecto, el profeta es llamado y enviado a dar testimonio de la verdad. Como testigo de la verdad él habla en nombre de Dios. En cierto sentido es la voz de Dios. Tal fue la misión de los profetas que Dios envió a lo largo de los siglos a Israel. En la figura de David, rey y profeta, es en quien especialmente la característica profética se une a la vocación real»[10]. Aunque el hombre no escucha la Palabra de Dios y se mofa de sus enviados: “Pero ellos hicieron burla de sus mensajeros, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que la ira del Señor contra su pueblo alcanzó un punto tal, que ya no había remedio[11].. ..... (sigue)

[7] Cf. Raniero Cantalamessa OFM. Ven, Espíritu Creador Ed. Monte Carmelo Pág. 248

[8] Cf. Concilio Vaticano II. Cons. Dog. Dei Verbum 11. VAA
[9]
Cf. Act.3,22-23
[10]
Cf. Juan Pablo II. Audiencia General 25-02-87 VAHF
[11]
Cf. 2 Cr.36,16

 
           

EXCURSUS

           
  4,14 Para que se cumpliera lo dicho... X     4,14 Para que se cumpliera lo dicho... X  
 

Excursus

El Profeta: La voz que clama en el desierto. [1] La palabra profeta viene del griego “profétes” que significa “hablar en nombre de”. En hebreo se utilizan diferentes términos para referirse a un profeta: “hozeh”, “ro’eh” y “nabi” que es la opción más utilizada y se usa para “hablar, declarar”; los otros dos términos se emplean más bien como vidente o visionario. Dice San Isidoro: «A los que los gentiles llaman “vates”, los denominamos nosotros “profetas”, como si dijéramos praefatores, porque predicen y presagian lo que de cierto va a ocurrir en el futuro. En el Antiguo Testamento, a los profetas se les llamaba “videntes”, porque veían lo que los demás eran incapaces de ver y penetraban en las cosas veladas por el misterio. Por eso está escrito en Samuel: “Vayamos al vidente[1]. Y en Isaías: “Vi al Señor sentado sobre un excelso y elevado trono[2]. Y en Ezequiel: “Se abrieron los cielos, y vi visiones de Dios[3]».[4] El profeta es el hombre de Dios, el nabí “llamado” por Dios que manifiesta ante los demás la acción liberadora de Dios en la historia. Los orígenes del profetismo son, pues, muy variados, ya a Abrahán se le aplica el título de profeta: “Ahora devuelve la esposa a su marido; él es un profeta y rezará por ti y vivirás[5]. Además la palabra nabí no era exclusiva de los profetas del Señor, encontramos otras manifestaciones proféticas en los videntes de Mari, en el relato de Wen Amón a Fenicia y en Baal que también tenía profetas: “Solamente he quedado yo como profeta del Señor, mientras que los profetas de Baal son cuatrocientos cincuenta hombres[6]. También existían los profetas reales que estaban al servicio del monarca e interpretaban los sueños y visiones. Igualmente los templos y santuarios disponían de un servicio de consejeros, expertos en augurios y oráculos. Pero lo que caracteriza al profeta es que posee el espíritu del Señor. “Si entre vosotros surgiese un profeta, o un visionario de sueños, y te diera

[1] Cf. 1 Re.9,9
[2] Cf. Is.6,1
[3] Cf. Ez.1,1
[4] Cf.  San Isidoro. Etymologiarum VII. 8.1-2 BAC 647, Pág. 655
[5] Cf. Gén.20,7a
[6]
Cf. 1 Re.18,22

   
señal o prodigio, y, aun en el caso de que se cumpliera esa señal o prodigio que te había anunciado, dijera: ‘Vayamos tras otros dioses —que no conoces— y démosles culto’, no escucharás las palabras de ese profeta o vidente de sueños. Es que el Señor, vuestro Dios, os está probando para conocer si realmente lo amáis con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma[7]. Dice Jeremías: “No nos faltará el dictamen del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni la palabra del profeta[8]. El aspecto carismático del profeta radica precisamente en esta cercanía con Dios. El Señor le comunica su palabra divina que tendrá que transmitir a los demás y que transforma el corazón del hombre ayudándole a entender mejor el entorno en que vive. «Cada profeta es directamente investido por Dios, obedece a un impulso que no ha buscado ni merecido. En la mayor parte de los casos, se muere de miedo de tener que llevar tan grave mensaje... Es perseguido, aprisionado, torturado, desterrado o incluso muerto. Pero el mismo pueblo que le ha perseguido o dejado perseguir, conserva preciosamente y transmite su mensaje... Todos esos profetas, grandes y pequeños, pastores o príncipes, jóvenes o viejos, iletrados o sabios, dispersados al azar de los siglos, vuelven a tomar el mismo mensaje, lo enriquecen, lo precisan. A veces parecen incluso contradecirse... La historia de esa revelación, desde un punto de vista sencillamente humano, es una epopeya grandiosa: ¿Cómo podría explicar jamás esa epopeya el historiador naturalista? Si esa continuidad profética era resultado de un cálculo racional, ¿por qué incluía contradicciones aparentes? Si era efecto de la emoción religiosa individual, no tendría ninguna coherencia, no tendría continuidad... Los profetas eran los elegidos de Dios, pero pertenecían al pueblo de Israel, y a ese pueblo es al que confiaban su mensaje, y ese pueblo es el que se cuidaba de él. Israel, pueblo todo él profético, hasta el punto de que san Pablo pudo decir que toda lo que le había pasado, le había pasado en parábolas. Hasta la muerte de Cristo, su historia es la historia misma de la economía de la salvación de los hombres. Israel fue el recipiente precioso que contuvo la esperanza de toda la raza humana... El fruto de esta vocación y de esta fidelidad milenaria debía ser una persona excepcional, a la vez el elegido de Dios y el. ..... (sigue)

[7] Cf. Dt.13,2-4
[8]
Cf. Jr.18,18

 
           

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