S02.03 4,17

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Mt.4,17

LIBRO VIIIa EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,17 Desde entonces comenzó Jesús... E  
 

a.      Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: Haced penitencia, porque está a llegar el Reino de los Cielos. 

Palabras clave

Predicar:                        Is.40,9; Mt.3,1-2; Mt.10,7;

Penitencia:                    Neh.9,1; Mt.3,1-2; Mc.1,15

Reino de los Cielos:    Mt.3,1-2; Mt.10,7; Mc.1,15

A.T.

Nehemías

Neh.9,1            El día veinticuatro de ese mes, los hijos de Israel, vestidos de saco y cubiertos de tierra, se reunieron para ayunar. Separaron a los descendientes de Israel de todos los hijos de extranjeros. Puestos de pie, confesaban sus pecados y las culpas de sus padres.

Isaías

Is.40,9             Súbete a un monte bien alto, tú, la que traes buenas noticias a Sión; alza con fuerza tu voz, la que traes buenas noticias a Jerusalén, grita sin temor.

N.T.

San Mateo

Mt.3,1-2           En aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea y diciendo: Haced penitencia porque está al llegar el Reino de los Cielos.

Mt.10,7            Id y predicad diciendo que el Reino de los Cielos está al llegar

San Marcos

Mc.1,4             Estaba Juan bautizando en el desierto y predicaba un bautismo  de penitencia para el perdón de los pecados.

Mc.1,15           y diciendo: El tiempo se ha cumplido y está cerca el Reino de Dios; haced penitencia y creed en el Evangelio.

   

Explicación

[1] Según San Mateo después de que Juan fuera apresado comienza Jesús su mensaje. Juan es el precursor de su predicación, con él termina la Ley y comienza el Evangelio. “Se agosta la hierba y se marchita la flor, pero la palabra del Señor permanece para siempre[1]. Dios es fiel a sus promesas y nos envía a su Hijo amado para salvarnos. Jesús es la Palabra de Dios hecha carne, en el que Dios se revela a Sí mismo. A través de Moisés y de los profetas irá preparando poco a poco a su pueblo y con su llegada culmina la revelación. En esta perícopa San Mateo quiere señalar que el Evangelio es para el mundo entero, Jesús comienza a predicar en Galilea pero Dios ama a todos y a todos se extiende su mensaje; el Señor no distingue entre judíos y paganos. El mensaje es el mismo que el proclamado por el Bautista: Este Evangelio lo iniciará Jesús y posteriormente lo transmitirá a los Apóstoles y éstos a los Obispos que difundirán su mensaje por toda la tierra. Esta predicación de Jesús conlleva no sólo la escucha atenta de la palabra, sino que es necesaria también una renovación interior del oyente, por medio de la penitencia. El arrepentimiento de los pecados será una condición necesaria para poder entrar en el Reino de los Cielos. La conversión exige, pues, un cambio de vida y de manera de pensar, de forma que el pecador se arrepienta de sus pecados, con intención de no volverlos a cometer y sienta en su interior una profunda tristeza como dice San Pablo: “Ahora me alegro, no porque os apenara, sino porque vuestra pena os movió a penitencia, pues os entristecisteis según Dios[2]. Jesús ha venido al mundo a tomar posesión de su reino, un reino diferente a los reinos terrenales, un reino basado en el amor y el servicio al prójimo, en el que es necesario hacerse como niños. Jesús rey del universo, no ha venido al mundo a imponerse como rey, sino que ha venido para dar su vida por amor. El Señor dirá a sus discípulos: “No ha de ser así entre vosotros; por el contrario, quien entre vosotros quiera llegar a ser grande, sea vuestro servidor”[3]. . ..... (sigue)


[1] Cf. Is.40,8
[2]
Cf. 2 Cor.7,9
[3]
Cf. Mt.20,26

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,17 Desde entonces comenzó Jesús... A      4,17 Desde entonces comenzó Jesús... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] Jesús da comienzo a su predicación y llama a todos al arrepentimiento y la conversión de sus pecados. Para no ser motivo de discordia empieza predicando las mismas palabras de Juan: “Haced penitencia” Dice San Juan Crisóstomo: «Desde aquel momento... ¿Cuándo? Desde que Juan fue encarcelado. ¿Y por qué no predicó Jesús desde el principio? ¿Qué necesidad tenía en absoluto de Juan, cuando sus propias obras daban de Él tan alto testimonio? Para que también por esta circunstancia os deis cuenta de la dignidad del Señor, pues también Él, como el Padre, tiene sus profetas. Es lo que había dicho Zacarías: Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo... La razón, en fin, por que Jesús no predicó ni hiciera milagros antes de que Juan fuera metido en la cárcel, fue para no dar de ese modo lugar a una escisión entre la muchedumbre. Por la misma razón tampoco Juan obró milagro alguno, pues así quería entregarle a Él la muchedumbre. Sus milagros le arrastrarían hacia Él. En fin, si aún con tantas preocupaciones antes y después del encarcelamiento, todavía sentían celos de Jesús los discípulos de Juan y las turbas sospechaban que Juan y no Jesús era el Mesías. ¿Qué hubiera sucedido sin todo eso? Por todas estas razones indica Mateo que desde entonces empezó Jesús a predicar. Es más, al principio Jesús repite la misma predicación de Juan. Y todavía no habla de sí mismo, sino que se contenta con predicar lo que aquél había ya predicado. Realmente, bastante era que por entonces aceptaran aquella predicación, puesto que todavía no tenían sobre el Señor la opinión debida»[1]. En el Antiguo Testamento la penitencia ocupa un lugar central en la preparación de la venida del Señor, el ayuno era la práctica habitual de hacer penitencia. El Señor comienza su predicación cuando se apaga la voz del Bautista. Una vez que termina la Ley comienza el Evangelio. Este tiempo marca una nueva época en el ministerio de Jesús. El mensaje que proclama Cristo es idéntico al que Juan había pregonado. Pero mientras que el Bautista pone el acento en la “conversión” de los pecados, el Señor resalta que está a llegar el “Reino de los Cielos”. Nos encontramos pues, ante la misión central de Jesús: La predicación del Evangelio. Dice

[1] Cf. San Juan Crisóstomo. Homilía sobre San Mateo 14,1 BAC 141 Pág. 257

     

Juan Pablo II: «La misión de Cristo consiste, ante todo, en la revelación de la Buena Nueva (Evangelio) dirigida al hombre. Tiene como objeto, por tanto, el hombre, y, en este sentido, se puede decir que es "antropocéntrica": pero, al mismo tiempo, está profundamente enraizada en la verdad del reino de Dios, en el anuncio de su venida y de su cercanía: “El reino de Dios está cerca... creed en la Buena Nueva”. Este es, pues, "el Evangelio del reino", cuya referencia al hombre, visible en toda la misión de Cristo, está enraizada en una dimensión "teocéntrica", que se llama precisamente reino de Dios. Jesús anuncia el Evangelio de este reino, y, al mismo tiempo, realiza el reino de Dios a lo largo de todo el desarrollo de su misión, por medio de la cual el reino nace y se desarrolla ya en el tiempo, como germen inserto en la historia del hombre y del mundo. Esta realización del reino tiene lugar mediante la palabra del Evangelio y mediante toda la vida terrena del Hijo del hombre, coronada en el misterio pascual con la cruz y la resurrección. Efectivamente, con su “obediencia hasta la muerte[2], Jesús dio comienzo a una nueva fase de la economía de la salvación, cuyo proceso se concluirá cuando Dios sea “todo en todos”, de manera que el reino de Dios ha comenzado verdaderamente a realizarse en la historia del hombre y del mundo, aunque en el curso terreno de la vida humana nos encontremos y choquemos continuamente con aquel otro término fundamental de la dialéctica histórica: la "desobediencia del primer Adán", que sometió su espíritu al "príncipe de este mundo". Tocamos aquí el punto central —y casi el punto crítico— de la realización de la misión de Cristo, Hijo de Dios, en la historia: cuestión ésta sobre la que será necesario volver en una etapa sucesiva de nuestra catequesis. Si en Cristo el Reino de Dios "está cerca" —es más, está presente— de manera definitiva en la historia del hombre y del mundo, al mismo tiempo, su cumplimiento sigue perteneciendo al futuro. Por ello, Jesús nos manda que, en nuestra oración, digamos al Padre “venga tu reino”»[3]. Más tarde serán los Apóstoles los encargados de predicar este mensaje de arrepentimiento y conversión a Cristo, según el mandato apostólico recibido del Señor antes de ascender al Cielo: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a. ..... (sigue)


[2] Cf. Flp.2,8
[3]
Cf. Juan Pablo II. Audiencia general 27-01-88 VAHF

 
           

EXCURSUS

           
  4,17 Desde entonces comenzó Jesús... X     4,17 Desde entonces comenzó Jesús... X  
 

Excursus

El hijo pródigo: Un ensayo sobre el perdón y la reconciliación: [1] Amor y perdón son las dos caras de la misericordia. Dios es un padre clemente y misericordioso que tiene ternura por sus hijos. En muchos pasajes del Antiguo Testamento se establece una relación paterno-filial para expresar la correspondencia de Dios con Israel. Leemos en el Libro del Éxodo: “Así dice el Señor: Israel es mi hijo, mi primogénito[1]. Pero esta paternidad de Dios es entendida, más bien, en cuanto Creador de todas las cosas. Escribe Orígenes: «Sería digno de observar si en el Antiguo Testamento se encuentra una oración en la que alguien invoque a Dios como Padre; porque nosotros  hasta el presente no la hemos encontrado, a pesar de haberla buscado con todo interés. Y no decimos que Dios no haya sido llamado con el título de Padre, o que los que han creído en Él no hayan sido llamados hijos de Dios; sino que por ninguna parte hemos encontrado en una plegaria esa confianza proclamada de invocar a Dios como Padre»[2]. En efecto, «Jesús ha revelado que Dios es “Padre” en un sentido nuevo: no lo es sólo en cuanto Creador; Él es eternamente Padre en relación a su Hijo único, el cual eternamente es Hijo sólo en relación a su Padre: “Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar[3]»[4]. En la parábola del hijo pródigo se resume toda la espiritualidad cristiana y de nuestra vida en Cristo. «Mediante la parábola del hijo pródigo, el Señor Jesús ha querido imprimir profundamente esta verdad, espléndida y riquísima, no sólo en nuestra inteligencia, sino también en nuestra imaginación, en nuestro corazón y en nuestra conciencia.  ¡Cuántos hombres en el curso de los siglos, cuántos de los de nuestro tiempo pueden encontrar en esta parábola los rasgos fundamentales de su propia historia personal!»[5]. Y comenta San Jerónimo: «Dios es un padre clemente que acoge inmediatamente al hijo que regresa y no espera

[1] Cf. Ex.4,22
[2]
Cf. Orígenes. Tratado sobre la oración 22,1 Ed. Rialp Pág.134
[3]
Cf. Mt.11,27
[4]
Cf. Catecismo de la Iglesia católica. CIC n. 240. Pág.61
[5] Cf. Juan Pablo II. Homilía 16-03-80 VAHF

   
que alguien abra la puerta, sino que él sale al encuentro y le prepara el anillo y el vestido, a pesar de que el hermano lo vea con malos ojos y le llame libertino y derrochador, y por su salvación resuena en el cielo la sinfonía de la alegría de los ángeles y de todas las virtudes»[6]. La espiritualidad cristiana se basa fundamentalmente en seguir a Cristo, abiertos al impulso del Espíritu Santo. «En este sentido, hay que decir que, lo mismo que la llamada a la santidad y la santificación misma es una y universal, lo es también la espiritualidad: la esencia y el dinamismo de esa vida espiritual divina, que comienza con el Bautismo y tendrá su plenitud en la Gloria. Espiritualidad que es la vida de Cristo, la acción santificadora del Espíritu Santo, de virtualidad infinita, que abarca cualquier situación personal, cualquier estado, todo ministerio»[7]. Abandonar la casa paterna significa, en este caso, alejarnos de nuestro hogar e ir en busca de aventuras, negando nuestra realidad espiritual de que somos hijos de Dios. Dios nos ha creado y de Él lo hemos recibido todo, pero a veces le abandonamos y actuamos en el mundo como si no existiera. Se cumple entonces lo expresado por Donoso Cortés[8]: “la sociedad que vive de cara a Dios, ve nublarse su horizonte con aterradora oscuridad”. Así lo refleja la parábola del hijo pródigo, en la que el hijo menor, amante de la buena vida y ansioso de nuevas experiencias, decide seguir su propio camino e irse y abandonar la casa paterna, lanzándose a todos los impulsos que le dicte su corazón descarriado. Pero, “el Señor es clemente y compasivo, lento a la ira y rico en misericordia; el Señor es bueno con todos, y su misericordia. ..... (sigue)

[6] Cf. San Jerónimo. Comentario al profeta Abdías Prólogo BAC 606 Pág.635
[7]
Cf. Mons. Álvaro del Portillo. Escritos sobre el sacerdocio. Ed. Palabra Pág.122

[8] Juan Donoso Cortés, nacido en 1809 en el Valle de la Serena, Extremadura, en el seno de una familia de abolengo. Ensayista y político español. Estudió Derecho  en las Universidades de Salamanca y Sevilla, y trabajó como abogado. En 1836 fue elegido diputado por Badajoz. En 1840 marcha a Francia poco antes de que fuera depuesta la regente María Cristina y en 1844 es nombrado secretario de la reina Isabel II. De alma noble y exquisita, hijo sumiso de la Iglesia, apoyó las reformas de Pío IX y fue un elemento decisivo en el movimiento católico contra la Revolución francesa. En 1851 escribe Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, un estudio en el que afirma que el liberalismo y la secularización de la sociedad  es  obra del orgullo humano. Murió en Paris en 1853 tras llevar una ejemplar vida cristiana. Dice de él Veuillot: “Su piedad no cesó de aumentar y echar raíces cada vez más profundas hasta el último día de su vida”.

 
           

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