S02.03 4,19

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
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Mt.4,19

LIBRO VIIIb EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,19 Seguidme y os haré pescadores de hombres E  
 

a.      Seguidme y os haré pescadores de hombres.

Palabras clave

Seguidme:                    1 Re.19,20; 2 Re.6,19b; Mc.1,17; Lc.5,10b

Pescadores:                 Ps.106,23; Hab.1,14-15 a; Mc.1,17; Lc.5,10b

A.T.

Libro de los Reyes

1 Re.19,20       Él dejó los bueyes y corrió detras de Elías diciendo: “Permíteme ir a besar a mi padre y a mi madre, y te seguiré”.

2 Re.6,19b       Seguidme y os guiaré hasta el hombre que buscáis.

Salmos

Ps.106,23-24   Los que se hacen a la mar en las naves y ejercieron el comercio por inmensas aguas. Ven las obras del Señor, sus maravillas en alta mar.

Habacuc

Hab.1,14-15    Hiciste a los hombres como los peces del mar, como reptiles sin amo. 15 A todos los pesca él con anzuelo, los apresa en su red, y los recoge en el copo; de ello se alegra y regocija.

N.T.

San Marcos

Mc.1,17           Y les dijo Jesús: Seguidme y os haré pescadores de hombres.

San Lucas

Lc.5,10b          Entonces Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serán hombres los que has de pescar.

   

Explicación

[1] Ante la llamada de Dios Pedro y Andrés responden inmediatamente abandonándolo todo, sin preguntas, fiándose de él. Jesús les elige de entre gente sencilla, pescadores, para que se vea claramente que su doctrina que se extenderá por todo el mundo, no es obra de los hombres, sino que es obra de Dios. La palabra de Dios no necesita de grandes elocuencias, como dice San Pablo: “Mi mensaje, y mi predicación, no se han basado en palabras  persuasivas de sabiduría, sino en la manifestación del Espíritu y del poder[1]. El amor a Dios y el seguimiento de Cristo exige del discípulo generosidad. Para seguirle es condición necesaria tener el corazón desprendido de las cosas de este mundo, pues todas las cosas pasan, y sólo Dios queda. Jesús se convierte así en el centro de nuestras vidas. Todas las doctrinas humanas y todas las filosofías se desvanecen, únicamente Dios permanece. A diferencia de las distintas escuelas de su época y de otras religiones, Jesús es quien elige a sus discípulos, la palabra “Seguidme” muestra que es él quien escoge a los que van a formar parte del grupo. Más adelante dirá “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto[2]. El seguir a Jesús exige un espíritu de mortificación, apartarnos de nuestros vicios y pecados, la adhesión a su persona supone un cambio radical de vida. El Señor les convierte de pescadores de peces en pescadores de almas. Para construir el Reino de Dios aquí en la tierra, es necesario una entrega a su servicio sin reservas, a favor de nuestros hermanos. Pero para poder seguirle primero hay que encontrarle, lo que exige una búsqueda. El Señor dice buscad y hallaréis: “Porque todo el que pide, recibe, y el que busca, encuentra; y a quien llama se le abrirá[3]. Cristo nos viene a llamar, a menudo, en el mismo lugar en el que estamos desarrollando nuestro trabajo, en medio de nuestras tareas ordinarias, para que trabajemos en su viña, predicando el Evangelio y sacando a nuestros hermanos del error en que se encuentran. ..... (sigue)


[1] Cf. 1 Cor.2,4
[2]
Cf. Ioh.15,16a
[3] Cf. Lc.11,10

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,19 Seguidme y os haré pescadores de hombres E A      4,19 Seguidme y os haré pescadores de hombres A  
 

Análisis Doctrinal

[1] San Mateo en este versículo nos narra lo que sería el inicio del Colegio Apostólico, aunque San Juan nos cuenta que ya conocían al Señor. Jesús, paseando por la orilla del lago, llama a los dos hermanos, que estaban faenando, para que le acompañen en su misión que posteriormente seguirá la Iglesia desarrollando. El Señor cuenta con los hombres para realizar su misión de salvación aquí en la tierra. Los llama con una palabra que más que una invitación parece una orden: “Seguidme”. El seguimiento a Cristo no responde a una decisión personal, sino que viene dado por el encuentro con el Señor y con su llamada. Esta expresión ya la encontramos en el profeta Eliseo[1]. El Señor los elige incultos, para que se vea su obra no es de ellos sino de Dios, pero con una fe y una bondad que responden a sus exigencias. Como explica San Jerónimo: «Estos son los primeros llamados a seguir al Señor: pescadores e iletrados, son enviados a predicar, para que la fe de los creyentes no se atribuyera a la elocuencia y a la ciencia sino al poder de Dios»[2]. Dice Ambrosiaster[3]: «Porque la predicación cristiana no necesita de pompa o de palabras refinadas y por esta razón fueron elegidos unos pescadores para evangelizar; de manera que se recomendase a si misma la verdad de la doctrina, acompañada de la virtud, para que no pareciera que era aceptada a causa del lenguaje artificioso o por la astucia de la sabiduría humana y no por la verdad, como sucede en las disciplinas humanas, en las que no se busca la razón ni la virtud, sino la literatura de las palabras»[4]. El Señor elige a lo más necio del mundo; a hombres que no fueron vencedores ni triunfadores, sino hombres perseguidos por la justicia y el poder político. 

[1] Cf. 2 Re.6,19b
[2] Cf. San Jerónimo. Comentario al Evangelio de San Mateo 4,19 BPa 45
[3] Es un autor anónimo del siglo IV, cuyo nombre se ha dado al comentarista de las Epístolas de San Pablo, con excepción de la Carta a los Hebreos. Su obra se atribuía a San Ambrosio hasta que Erasmo en el siglo XVI, sembró las primeras dudas. Tuvo gran influencia en San Agustín.
[4] Cf. Ambrosiaster. Comentario a la primera Carta a los Corintios. CSEL 81/2,12-13 BPI NT 7 Pág.48

    En el Codéx Calixtinus[5] se lee: «¡Oh admirable clemencia la del Redentor! Deignorantes hizo doctores, de perversos buenos, de necios sabios, de pescadores predicadores excelentes. ¡Oh gran misterio del Salvador! ¡Oh maravilloso premio, por el que pescadores de peces merecieron ser hechos pescadores de almas! Porque como Santiago y Juan fueron pescados por Jesús, ellos a su vez nos pescan con su predicación en la red de la fe. Los mismos apóstoles que fueron pescados por el Salvador nos han pescado a nosotros sacándonos de las aguas saladas donde están las cabezas del dragón. Porque estos pescadores los había prometido ya a los pueblos rodeados de peligros en el mar de este mundo, el Restaurador del género humano antes de la encarnación de su Hijo, diciendo por el profeta Jeremías: “Yo os mandaré muchos pescadores”. Con razón el Hijo llamó así y mandó pescar almas a los que el Padre había ya elegido. Felices, pues, los apóstoles que seguían a tan gran Maestro en persona; felices los que podían lucir en presencia del sol; felices aquellos a quienes fue dicho: "Seguidme", y dejando al instante a su padre y las redes y la barca, siguieron al Salvador. Y siguen al Señor, no sólo con los pies y con la imitación de los buenos actos. La verdadera fe no conoce el afecto de las cosas temporales, no conoce la consanguinidad, ignora al padre, y a la madre, niega toda causa de recusación. Al fin está escrito en la antigua Ley: “el que ha dicho a su padre y a su madre: No te conozco, y a sus hermanos: No sé quien sois, éstos han guardado mi palabra y han observado mi pacto”, dice el Señor. Estos hermanos que vemos, por la gracia de Cristo dicen al padre, dicen a la madre, dicen a los hermanos, hermanas, hijos, amigos y a todos sus afectos: “No os conocemos”. ¿Queréis que sepamos quiénes sois? Creed en nuestro Padre y empezaremos a teneros por hermanos de Padre. No conocemos al padre, no conocemos a la madre. Porque ..... (sigue)

[5] El Liber Sancti Iacobi o Códex Calixtinus es denominado así por una carta apócrifa  en el prólogo del Papa Calixto II.  Está atribuido al monje cluniacense del siglo XII Aymeric Picaud, clérigo de Parthenay-Vieux, que acompaño en su peregrinación a Guido de Borgoña, el Papa Calixto II. Es una compilación, llevada a cabo en 1139, en cinco libros referente a la temática jacobea. Destaca el Libro I, que es el más voluminoso, en él se encuentran varias homilías del Papa Calixto en honor del Apóstol; y en el que se establecen normas sobre la liturgia al Apóstol Santiago. En el Libro II se narran los milagros realizados por el Apóstol Santiago. El tercero, compuesto por la Epístola del Papa León y en el que se narra la evangelización de España por el Apóstol, su martirio y la aparición milagrosa de sus restos. El cuarto en el que se describe la historia de Carlomagno. Y el libro V o Liber Peregrinationis, que se puede considerar como la primera “guía del peregrino”, en el que se describen las rutas y la ciudad de Santiago y su Catedral.

 
           

EXCURSUS

           
  4,19 Seguidme y os haré pescadores de hombres X     4,19 Seguidme y os haré pescadores de hombres X  
 

Excursus

Virginidad y celibato cristiano: [1] Etimológicamente la palabra celibato tiene dos acepciones: Una primera caelibatus que indica la condición propia de la persona que no ha contraído matrimonio. La otra tiene una motivación religiosa y deriva de castigar (castigare: castum agere), en el sentido que regula y corrige los defectos de la concupiscencia del varón, que, por amor a Dios, se entrega a una vida de castidad celibataria. En el caso de la mujer, se emplea la palabra “virgen”. Decía San Agustín que “la virginidad era una forma de continencia por la que se dedica, reserva y consagra al que ha hecho el cuerpo y el alma la integridad corporal”. El celibato cristiano no es de derecho divino, sino eclesiástico, pero se fundamenta en el consejo del Señor sobre la virginidad y en el ejemplo de vida de Jesús: «Jesús no promulgó una ley, sino que propuso un ideal del celibato para el nuevo sacerdocio que instituía. Ese ideal se ha afirmado cada vez más en la Iglesia. Puede comprenderse que en la primera fase de propagación y de desarrollo del cristianismo un gran número de sacerdotes fueran hombres casados, elegidos y ordenados siguiendo la tradición judaica. Sabemos que en las cartas a Timoteo y a Tito se pide que, entre las cualidades de los hombres elegidos como presbíteros, figure la de ser buenos padres de familia, casados con una sola mujer (es decir, fieles a su mujer). Es una fase de la Iglesia en vías de organización y, por decirlo así, de experimentación de lo que, como disciplina de los estados de vida, corresponde mejor al ideal y a los consejos que el Señor propuso. Basándose en la experiencia y en la reflexión, la disciplina del celibato ha ido afirmándose paulatinamente, hasta generalizarse en la Iglesia occidental, en virtud de la legislación canónica. No era sólo la consecuencia de un hecho jurídico y disciplinar: era la maduración de una conciencia eclesial sobre la oportunidad del celibato sacerdotal por razones no sólo históricas y prácticas, sino también derivadas de la congruencia, captada cada vez mejor, entre el celibato y las exigencias del sacerdocio»[1]. Y Benedicto XVI añade: «Los Padres sinodales han querido subrayar que el sacerdocio ministerial requiere, mediante la Ordenación, la plena configuración con Cristo. Respetando la praxis y las diferentes tradiciones orientales, es

[1] Cf. Juan Pablo II. Audiencia general 17-07-93 nº 4 VAHF

   
necesario reafirmar el sentido profundo del celibato sacerdotal, considerado con razón como una riqueza inestimable y confirmado por la praxis oriental de elegir como obispos sólo entre los que viven el celibato, y que tiene en gran estima la opción por el celibato que hacen numerosos presbíteros. En efecto, esta opción del sacerdote es una expresión peculiar de la entrega que lo configura con Cristo y de la entrega exclusiva de sí mismo por el Reino de Dios. El hecho de que Cristo mismo, sacerdote para siempre, viviera su misión hasta el sacrificio de la cruz en estado de virginidad es el punto de referencia seguro para entender el sentido de la tradición de la Iglesia latina a este respecto. Así pues, no basta con comprender el celibato sacerdotal en términos meramente funcionales. En realidad, representa una especial configuración con el estilo de vida del propio Cristo. Dicha opción es ante todo esponsal; es una identificación con el corazón de Cristo Esposo que da la vida por su Esposa. Junto con la gran tradición eclesial, con el Concilio Vaticano II y con los Sumos Pontífices predecesores míos, reafirmo la belleza y la importancia de una vida sacerdotal vivida en el celibato, como signo que expresa la dedicación total y exclusiva a Cristo, a la Iglesia y al Reino de Dios, y confirmo por tanto su carácter obligatorio para la tradición latina. El celibato sacerdotal, vivido con madurez, alegría y entrega, es una grandísima bendición para la Iglesia y para la sociedad misma»[2]. Dios nos quiere santos e inmaculados: «“Sed santos, porque yo soy Santo”: estas palabras son la luz a cuyos rayos yo quiero marchar. San Pablo me lo explica y comenta cuando dice: “Desde la eternidad nos ha escogido en Cristo para que seamos inmaculados, santos ante Él en el amor”. Ahí está, pues, el secreto de esa pureza virginal: permanecer en el Amor, es decir, en Dios, “Deus caritas est”»[3]. Dice Santo Tomás: «La palabra virginidad parece derivarse de verdor. Y así como se dice que lo que está verde conserva su verdor mientras no experimenta el ardor producido por el excesivo calor, también la virginidad implica que la persona que la practica esté inmune del ardor de la concupiscencia, que parece darse en la consumación del ..... (sigue)

[2] Cf. Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis 24 VAHF
[3] Cf. Sor Isabel de la Trinidad. Carta 244 al abate Chevignard. Edibesa Pág.445

 
           

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