S02.03 4,20

INSTITUTO DE ESTUDIOS BÍBLICOS SAN MATEO
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02
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Mt.4,20

LIBRO VIIIb EXPLICACIÓN ANÁLISIS DOCTRINAL EXCURSUS

EXPLICACIÓN

           
        4,20 Ellos, al instante dejaron las redes... E  
 

a.      Ellos, al instante, dejaron las redes y la siguieron.

Palabras clave

Elección:                        Eco: 45,20

Redes:                           Mt.13,47; Lc.5,4; Ioh,21,6

Siguieron:                     Mt.10,38; Ioh.10,27; Ap.14,4b

A.T.

Siracida

Eco.45,20        Lo eligió entre todos los vivientes para ofrecer el sacrificio al Señor, incienso y grasa, para quemar aromas en memorial, y hacer la expiación por el pueblo. 

N.T.

San Mateo

Mt.10,38          Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

Mt.13,47          Asimismo el Reino de los Cielos es semejante a una red barredera que, echada en el mar, recoge toda clase de cosas.

San Lucas

Lc.5,4              Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.

San Juan

Ioh.10,27         Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y me siguen.

Ioh.21,6           El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron y ya no podían sacarla por la gran cantidad de peces.

Apocalipsis

Ap.14,4b         Estos son los que siguen al Cordero adonde quiera que vaya.

   

Explicación

[1] San Mateo nos narra en este versículo la pronta respuesta de los dos hermanos: Pedro y Andrés, que deciden abandonar las redes y seguir a Jesús, una simple llamada bastó para seguirle. En dos versículos casi consecutivos, San Mateo repite las mismas palabras: al instante y siguieron, Jesús es el que llama, pero se requiere una respuesta rápida. La obediencia a Cristo requiere no perder un minuto de dilación. Dios irrumpe en la historia de la humanidad; como irrumpió en la de Abraham, en la de Moisés y en la de los profetas. Como irrumpió en la vida de los Apóstoles y en la de tantos otros a lo largo de los siglos. El Señor llama a todos: “Llamando de nuevo a la muchedumbre, les decía: Escuchadme todos y entended[1], pero el hombre decide con entera libertad, Dios respeta la libertad del hombre, el Señor dirá: “Porque muchos son los llamados pero pocos los elegidos[2]. Unos somos llamados al sacerdocio común de los fieles y otros al sacerdocio ministerial: “Y nadie se atribuye este honor, sino el que es llamado por Dios, como Aarón[3]. Además de esta prontitud en la respuesta se precisa no anteponer ninguna otra cosa a Dios, estar dispuestos a abandonar todas las cosas por Cristo. Pedro y Andrés abandonan las redes, seguir a Cristo exige un corazón desprendido y desasirnos de todo aquello que se interponga en el camino. Jesús es el gran tesoro escondido, y, para encontrarle, hemos de renunciar a todas las demás cosas que son basura comparadas con Él. El seguimiento de Jesús requiere una vida de radicalidad evangélica, una verdadera conversión, un profundo cambio en la manera de pensar y vivir. Esta renuncia a los bienes, aunque sean buenos, supone abnegación y sacrificios: “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame[4]. No es posible seguir a Jesús sin un espíritu de mortificación, hemos de seguirle viviendo una vida moderada y prescindiendo de lo superfluo, lo que contrasta con la vida hedonista y amante del placer de la sociedad actual. ..... (sigue)


[1] Cf. Mc.7,14  
[2] Cf. Mt.22,14  
[3]
Cf. Hb.5,4  
[4]
Cf. Mt.16,24

 
           

ANÁLISIS DOCTRINAL

           
  4,20 Ellos, al instante dejaron las redes...A      4,20 Ellos, al instante dejaron las redes... A  
 

Análisis Doctrinal

[1] San Mateo recalca la entrega inmediata de Pedro y Andrés. La llamada de Dios requiere una pronta respuesta y un corazón generoso. Frente a la llamada de Dios, no cabe la indecisión, es preciso no vacilar y responder prontamente a su llamada. Pedro y Andrés, no hacen preguntas, se fían del Señor, deciden abandonar las redes y seguir a Jesús. Seguir a Cristo exige un corazón desprendido, supone entrega, generosidad y decisión para servir a los demás. «El Reino de Dios no tiene precio, y sin embargo cuesta exactamente lo que tengas... A Pedro y a Andrés les costó el abandono de una barca y de unas redes; a la viuda le costó dos moneditas de plata»[1]. Escribe San Josemaría: «Despréndete de las criaturas hasta que quedes desnudo de ellas. Porque —dice el Papa San Gregorio— el demonio nada tiene propio en este mundo, y desnudo acude a la contienda. Si vas vestido a luchar con él, pronto caerás en tierra: porque tendrá de donde cogerte»[2]. Dios irrumpe en nuestras vidas, en nuestro trabajo, a pesar, de que haya muchas personas, que no quieran reconocerlo y no hagan caso de la llamada del Señor. Así se presentó en la vida de los primeros Apóstoles. Y San Juan Crisóstomo añade: «Considerad la fe y la obediencia de los Apóstoles. Hallándose en medio de su trabajo ¡y bien sabéis que atractiva es la pesca! Es cuando escuchan su mandato; entonces no vacilan ni pierden tiempo: no dijeron ‘vamos a volver a casa y a despedirnos de los parientes’. No, lo dejan todo y le siguen... Esa es la obediencia que Cristo nos pide: no interponer ni un minuto de dilación, por muy necesario que sea lo que nos puede suceder»[3]. En tiempos de Cristo existían grupos como el de los esenios, que se apartaban del mundo esperando la llegada del Mesías. Jesús no actúa así, el Señor llama a cada uno en su propio ambiente, en medio del trabajo que estamos desarrollando. «Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. —¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores... Y, ¡asómbrate!, a

[1] Cf. San Gregorio Magno. Homilía 5 Sobre los Evangelios HD T.I Pág. 211
[2]
Cf. San Josemaría. SJEB Camino 149 Pág.
[3]
Cf. San Juan Crisóstomo. Hom. Sobre Mateo, 14,2 SB T. 6 Pág.274

    Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos»[4]. A otros les llama el Señor a la vida religiosa, siguiendo a su Maestro con la práctica de los consejos evangélicos. Dice el Decreto Perfectae Caritatis del Concilio Vaticano II: «Ya desde los orígenes de la Iglesia hubo hombres y mujeres que se esforzaron por seguir con más libertad a Cristo por la práctica de los consejos evangélicos y, cada uno según su modo peculiar, llevaron una vida dedicada a Dios, muchos de los cuales bajo la inspiración del Espíritu Santo, o vivieron en la soledad o erigieron familias religiosas a las cuales la Iglesia, con su autoridad, acogió y aprobó de buen grado. De donde, por designios divinos, floreció aquella admirable variedad de familias religiosas que en tan gran manera contribuyó a que la Iglesia no sólo estuviera equipada para toda obra buena y preparada para la obra del ministerio en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, sino también a que, hermoseada con los diversos dones de sus hijos, se presente como esposa que se engalana para su Esposo, y por ella se ponga de manifiesto la multiforme sabiduría de Dios. Mas en medio de tanta diversidad de dones, todos los que son llamados por Dios a la práctica de los consejos evangélicos y fielmente los profesan se consagran de modo particular al Señor, siguiendo a Cristo, quien, virgen y pobre, redimió y santificó a los hombres por su obediencia hasta la muerte de Cruz. Así, impulsados por la caridad que el Espíritu Santo difunde en sus corazones, viven más y más para Cristo y para su Cuerpo, que es la Iglesia. Porque cuanto más fervientemente se unan a Cristo por medio de esta donación de sí mismos, que abarca la vida entera, más exuberante resultará la vida de la Iglesia y más intensamente fecundo su apostolado»[5]. Seguir a Jesús, ser el mismo Cristo, ese es el objetivo de todo cristiano. Pero para poder seguirle debemos estar desprendidos de todo aquello que obstaculice nuestro propósito. Escribe San Josemaría. «Seguirle en el camino. Tú has conocido lo que el Señor te proponía, y has decidido acompañarle en el camino. Tú intentas pisar sobre sus pisadas, vestirte de la vestidura de Cristo, ser el mismo Cristo: pues tu fe, fe en esa luz que el Señor te va dando, ha de ser operativa y sacrificada. No te hagas ilusiones, no pienses en ..... (sigue)

[4] Cf. San Josemaría. SJEB Camino 799 Pág.237
[5]
Cf. Concilio Vaticano II. Decr. Perfectae Caritatis 1 VAA

 
           

EXCURSUS

           
  4,20 Ellos, al instante dejaron las redes... X     4,20 Ellos, al instante dejaron las redes...X  
 

Excursus

La Figura Sacerdotal: [1] En tiempo de los patriarcas la función sacerdotal era desempeñada, en los pueblos vecinos a Israel por el rey, o bien, era el propio patriarca quien erigía un santuario en cualquier lugar en que plantaba la tienda. Así lo hizo Abrahán para orar al Señor: “Entonces Abrán levantó la tienda y fue a establecerse junto a la encina de Mambré que está en Hebrón, y allí construyó un altar al Señor[1]. Al rey se le atribuía un especial carácter sacerdotal, y era consagrado por Dios mismo. En el encuentro con Abrán, el sacerdote-rey de Jerusalén, “Melquisedec, rey de Salem, que era sacerdote del Dios Altísimo, ofreció pan y vino, y le bendijo[2]. Los Padres y la Liturgia cristiana han visto en Melquisedec un adelanto del sacerdocio de Cristo y en este ofrecimiento de pan y vino una figura de la Eucaristía. Escribe San Cipriano: «Asimismo vemos prefigurado en el sacerdote Melquisedec el misterio del sacrificio del Señor... Y el Espíritu Santo declara en los Salmos que Melquisedec representaba la figura de Cristo por la persona del Padre que habla al Hijo: “Antes de la estrella de la mañana te engendré. Tú eres sacerdote para la eternidad, según el orden de Melquisedec[3]. Este orden, efectivamente, es el que parte de aquel sacrificio, en cuanto Melquisedec fue sacerdote del Dios Altísimo y en cuento ofreció pan y vino y bendijo a Abrahán. En efecto, ¿quién más sacerdote de Dios Altísimo que nuestro Señor Jesucristo, que ofreció el sacrificio a Dios Padre y ofreció esto mismo que Melquisedec había ofrecido, el pan y el vino, es decir, su cuerpo y su sangre?»[4]. En el salmo 109, un salmo mesiánico, se expresa el carácter sacerdotal por antonomasia que recogerá más tarde la Carta de los Hebreos, y que refleja la victoria del Señor contra los poderes gentiles: “El cetro de tu poder lo extenderá el Señor desde Sión: ¡domina en medio de tus enemigos![5]. «En la historia de Israel la institución del sacerdocio de la antigua Alianza comienza en la persona de Arón, hermano de Moisés, y se unirá por herencia

[1] Cf. Gén.13,18
[2] Cf. Gén.14,18
[3]
Cf. Ps.109.3-4
[4]
Cf. San Cipriano. Carta 6,3 BPI AT 2 Pág.80
[5]
Cf. Ps.109,2

   

con una de las doce tribus de Israel, la de Leví. A este respecto, es significativo lo que leemos en el libro del Eclesiástico: “Dios elevó a Arón... su hermano, de la tribu de Leví. Y estableció con él una alianza eterna y le dio el sacerdocio del pueblo[6]. Entre todos los vivientes le escogió el Señor para presentarle las ofrendas, los perfumes y el buen olor para memoria y hacer la expiación de su pueblo. Y le dio sus preceptos y poder para decidir sobre la ley y el derecho, para enseñar sus mandamientos a Jacob e instruir en su ley a Israel. De estos textos deducimos que la elección sacerdotal está en función del culto, para la ofrenda de los sacrificios de adoración y de expiación y que a su vez el culto esta ligado a la enseñanza sobre Dios y sobre su ley»[7]. La misericordia del Señor se demuestra en la elección de Aarón como sacerdote, después de haberle éste traicionado con el becerro de oro. Moisés “Entonces derramó aceite de  la unción sobre la cabeza de Aarón[8]. «En su dimensión más profunda, toda vocación sacerdotal es un gran misterio, es un don que supera infinitamente al hombre. Cada uno de nosotros sacerdotes lo experimenta claramente durante toda la vida. Ante la grandeza de este don sentimos cuan indignos somos de ello. La vocación es el misterio de la elección divina: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca”. “Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón»[9].

[2] Dice San Cirilo de Jerusalén: «Es necesario que sepáis que en el Antiguo Testamento se encuentra el símbolo de este crisma. Cuando Moisés comunicó a su hermano el precepto divino instituyéndole sumo sacerdote, después de lavarlo con agua lo ungió; y fue llamado Cristo, evidentemente por el crisma, que era prefigurativo»[10]. Posteriormente, antes de la monarquía, existía un hombre llamado Mika y un joven levita de Belén de Judá: “ Mika le dijo: Ahora sé que el Señor me favorecerá, pues tengo un levita ..... (sigue)

[6] Cf. Eco.45,7
[7] Cf. Juan Pablo II. Audiencia General 18-02-87
[8]
Cf. Lev.8,12
[9]
Cf. Juan Pablo II. Don y misterio I VAHF
[10] Cf. San Cirilo de Jerusalén. Las catequesis mistagógicas 3,6 BPI AT 3 Pág.248   

 
           

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