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Lectura de las Horas

Cristo quiso salvar a los que estaban a punto de perecer

Anónimo

Homilía de un autor del siglo segundo 1,1-2,7

Hermanos: Debemos mirar a Jesucristo como miramos a Dios, pensando que él es el juez de vivos y muertos; y no debemos estimar en poco nuestra salvación. Porque, si estimamos en poco a Cristo, poco será también lo que esperamos recibir. Aquellos que, al escuchar sus prome­sas, creen que se trata de dones mediocres pecan, y nosotros pecamos también si desconocemos de dónde fuimos llamados, quién nos llamó y a qué fin nos ha destinado y menospreciamos los sufrimientos que Cristo padeció por nosotros. ¿Con qué pagaremos al Señor o qué fruto le ofrece­remos que sea digno de lo que él nos dio? ¿Cuántos son los dones y beneficios que le debemos? Él nos otorgó la luz, nos llama, como un padre, con el nombre de hi­jos y, cuando estábamos en trance de perecer, nos salvó. ¿Cómo, pues, podremos alabarlo dignamente o cómo le pagaremos todos sus beneficios? Nuestro espíritu estaba tan ciego que adorábamos las piedras y los leños, el oro y la plata, el bronce y todas las obras salidas de las ma­nos de los hombres; nuestra vida entera no era otra cosa que una muerte. Envueltos, pues, y rodeados de oscuri­dad, nuestra vida estaba recubierta de tinieblas, y Cristo quiso que nuestros ojos se abrieran de nuevo, y así la nube que nos rodeaba se disipó.  Él se compadeció, en efecto, de nosotros y, con entra­ñas de misericordia, nos salvó, pues había visto nuestro extravío y nuestra perdición y cómo no podíamos espe­rar nada fuera de él que nos aportara la salvación. Nos llamó cuando nosotros no existíamos aún y quiso que pasáramos de la nada al ser.  Alégrate, la estéril, que no dabas a luz; rompe a can­tar de júbilo, la que no tenías dolores: porque la aban­donada tendrá más hijos que la casada. Al decir: Alé­grate, la estéril, se refería a nosotros, pues, estéril era nuestra Iglesia, antes de que le fueran dados sus hijos. Al decir: Rompe a cantar, la que no tenías dolores, se significan las plegarias que debemos elevar a Dios, sin desfallecer, como desfallecen las que están de parto. Lo que finalmente se añade: Porque la abandonada tendrá más hijos que la casada, se dijo para significar que nuestro pueblo parecía al principio estar abandonado del Señor, pero ahora, por nuestra fe, somos más numerosos que aquel pueblo que se creía posesor de Dios.  Otro pasaje de la Escritura dice también: No he veni­do a llamar a los justos, sino a los pecadores. Esto quie­re decir que hay que salvar a los que se pierden. Porque lo grande y admirable no es el afianzar los edificios sóli­dos, sino los que amenazan ruina. De este modo, Cristo quiso ayudar a los que perecían y fue la salvación de muchos, pues vino a llamarnos cuando nosotros estába­mos ya a punto de perecer.

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